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Tecnología

La cifra es 8.4 millones de empleos hispanos en riesgo y la conversación pública apenas empieza

** La inteligencia artificial amenaza 8.4 millones de empleos latinos en Estados Unidos. El cuadro estructural según PwC, BCG, Hays y Goldman Sachs: las ganancias de productividad van al capital, no al trabajo.

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** La cifra circula desde ayer en medios hispanos: 8.4 millones de empleos latinos en Estados Unidos están en riesgo por la transición a la inteligencia artificial. El otro lado de la cifra es 15.7 billones de dólares de ganancia global, y la conversación sobre adónde van esas ganancias apenas empieza.

Ficha 6W · Lo esencial
Qué Cifra de 8.4 millones de empleos hispanos en Estados Unidos en riesgo de transformación o eliminación por la transición a la inteligencia artificial generativa.
Quién PwC, IDC, Boston Consulting Group, Hays, Goldman Sachs, trabajadores hispanos en sectores expuestos, asociaciones empresariales hispanas.
Cuándo Proyección a 2030 con efectos visibles desde 2026. Reporte original de PwC; difusión hispana 16 de mayo de 2026.
Dónde Estados Unidos, principalmente en sectores administrativos, hospitalidad, retail, manufactura ligera y atención al cliente.
Por qué La distribución asimétrica del aumento de productividad por IA puede acelerar desigualdad si las ganancias van al capital y no al trabajo.
Cómo Lectura cruzada de los reportes de PwC, BCG, Hays y declaraciones de Goldman Sachs Research entre febrero y marzo de 2026.

La cifra circuló ayer en El Diario NY y fue replicada por otros medios hispanos: 8.4 millones de empleos latinos en Estados Unidos en riesgo por la transición a la inteligencia artificial. El número tiene fuentes técnicas: PwC, IDC, Boston Consulting Group. La otra cara del cuadro tiene fuente equivalente: la IA aportará 15.7 billones de dólares adicionales al PIB global para 2030 según PwC, o 19.9 billones según IDC. La cifra del riesgo y la cifra del beneficio están en la misma ecuación. La pregunta editorial es quién recibe cada lado.

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El cuadro de la distribución

Joseph Briggs, codirector del equipo de economía global de Goldman Sachs Research, sostuvo en marzo de 2026 una frase que conviene leer despacio: «El gran problema es quién captura las ganancias de productividad. Si van mayoritariamente al capital y no al trabajo, la desigualdad se profundizará». No es declaración militante. Es lectura técnica de un economista de Wall Street.

Infografía: 8.4 millones de empleos hispanos en riesgo por IA · INCÍSOS

Para la familia hispana promedio en Estados Unidos, esto significa que las empresas ahorran con IA pero no trasladan esos beneficios a salarios. El costo lo pagan los trabajadores desplazados o rediseñados. Boston Consulting Group estimó que entre el 50% y 55% de los empleos en EE.UU. serán rediseñados, no eliminados, por la IA en los próximos dos o tres años. «Rediseñado» significa, en operación, menos horas humanas y más herramientas automatizadas por puesto.

Los sectores hispanos expuestos

Los sectores con mayor presencia hispana en empleo coinciden con los de mayor riesgo de automatización. Hospitalidad: limpieza, reservas, gastronomía. Retail: cajeros, atención al cliente, reposición. Manufactura ligera: ensamblaje, empacado, control de calidad básico. Administración: recepción, atención telefónica, procesamiento documental básico. Logística: gestión de almacén, ruteo, despacho.

La concentración hispana en estos sectores es desproporcionada respecto al promedio nacional. Eso significa que el impacto de la automatización tendrá geografía: California, Texas, Florida, Nueva York, Illinois, Nevada serán los primeros estados donde el dato se sentirá en términos de horas trabajadas y de movilidad laboral.

Qué dice la administración Trump al respecto

Poco. La política tecnológica de la administración ha priorizado la liberación regulatoria para empresas tecnológicas estadounidenses, especialmente en competencia con China. La conversación sobre redistribución de ganancias de productividad no ocupa lugar en la agenda de la Casa Blanca. Tampoco hay propuestas legislativas activas para apoyar la transición laboral en sectores expuestos.

La carta de 24 congresistas hispanos que firmaron oposición al impuesto de remesas en mayo de 2025 también incluye, por separado, propuestas para fondos de capacitación laboral en sectores expuestos a IA. Ninguna ha avanzado.

Lo que el lector hispano debe sostener

Tres líneas operativas.

Primera. El riesgo no se distribuye por edad ni por nivel educativo. Se distribuye por tipo de tarea. Tareas repetitivas, administrativas, de procesamiento documental: alto riesgo. Tareas que exigen criterio, presencia física, atención personal compleja: bajo riesgo. Identificar tu tarea, no tu puesto, es el primer paso de la lectura personal.

Segunda. Las habilidades complementarias a IA (saber interactuar con herramientas automatizadas, supervisión de procesos, atención al cliente complejo, oficios manuales especializados) suben de valor cuando IA reemplaza tareas básicas. La capacitación complementaria es defensa.

Tercera. La política pública en transición laboral por IA está en construcción. El lector hispano que sigue esto activamente y se informa sobre programas estatales de capacitación gana ventaja sobre quien espera anuncios.

8.4 millones de empleos en riesgo no es destino. Es escenario.

Fuentes principales: Reporte de PwC sobre impacto económico de la IA en 2030. Reporte de IDC sobre proyección de 19.9 billones de dólares. Boston Consulting Group, marzo de 2026, sobre rediseño laboral. 2026 Hays Salary & Hiring Trends Guide. Declaraciones de Joseph Briggs (Goldman Sachs Research), marzo de 2026. Reporte original publicado en El Diario NY el 16 de mayo de 2026.

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Tecnología

Cuando el streaming hace el trabajo que la televisión no hace: la cobertura ciudadana del terremoto

Mientras la televisión estatal transmite la versión oficial, dos periodistas argentinos sostienen desde Buenos Aires una cobertura diaria del terremoto venezolano: un corresponsal en el terreno, monitoreo de redes y una red de informantes ciudadanos. La historia de un streaming que rompió el cerco.

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§XLIII · TECNOLOGÍA · ANÁLISIS

En una emergencia donde cada hora cuenta, el flujo de información se volvió tan vital como el de la ayuda. Y ahí se abrió una brecha: mientras la televisión estatal transmite la versión oficial, han sido canales ciudadanos en redes los que cubren la tragedia minuto a minuto. Un análisis de quién informa qué.

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Ficha 6W

Pregunta Respuesta
Qué Canales ciudadanos de streaming asumieron buena parte de la cobertura continua del terremoto.
Quién Creadores independientes —como los argentinos Gastón Levar y Mar Filippo— y una red de informantes ciudadanos.
Cuándo Desde la noche del 24 de junio de 2026 y durante todos los días de la emergencia.
Dónde En plataformas como YouTube, transmitiendo desde el exterior con corresponsales en el terreno.
Por qué El periodismo independiente en Venezuela opera reducido tras años de cierres y restricciones.
Cómo Con transmisiones de horas que cruzan reportes en redes, llamadas y testimonios en vivo.

En una catástrofe, la información salva tanto como la ayuda. Saber dónde hay un refugio, qué hospital recibe heridos, por dónde no pasar, si un ser querido está a salvo: cada dato puede cambiar una decisión, y a veces una vida. Por eso, junto a la emergencia física del terremoto, se abrió otra menos visible pero decisiva: la batalla por informar. Y en esa batalla, un protagonista inesperado tomó un papel central: el streaming ciudadano.

El vacío que alguien tenía que llenar

Para entender por qué, hay que mirar el estado del periodismo venezolano. Tras años de cierres de periódicos y emisoras, sanciones y restricciones, el espacio para el periodismo independiente dentro del país se ha reducido drásticamente, en lo que los académicos describen como un ecosistema mediático partido en dos: por un lado, los medios estatales con financiamiento garantizado; por otro, un periodismo independiente que sobrevive, sobre todo, en el terreno digital. Medios como El Pitazo, Efecto Cocuyo o Runrun nacieron precisamente como respuesta a ese declive, migrando al espacio digital donde el ciudadano que busca información confiable acude a internet.

En ese contexto, cuando la tierra tembló, la televisión de señal abierta no ofreció el tipo de cobertura continua, abierta y sin filtros que una emergencia de esta magnitud demanda. El canal estatal Venezolana de Televisión (VTV) transmitió la versión oficial: los partes de los funcionarios, los anuncios de despliegues, las cifras del gobierno, las imágenes de la ayuda en marcha. Es información, y parte de ella es necesaria. Pero deja fuera mucho de lo que la gente angustiada necesitaba: las denuncias, los pedidos de auxilio sin responder, el relato no editado de lo que pasaba en cada calle.

Lo que hace el streaming ciudadano

Ese vacío lo ocuparon, en buena medida, los creadores independientes. Un caso ilustra bien el fenómeno: Guarimba Digital, un canal de YouTube conducido por Gastón Levar y Mar Filippo, que transmiten desde Argentina. El detalle no es menor y merece subrayarse: ellos no son venezolanos. Son argentinos que decidieron dedicar sus días a sostener una cobertura sobre una tragedia que no ocurre en su país, por convicción más que por origen. Esa es una forma de solidaridad que vale la pena nombrar: la de quien hace suyo el dolor ajeno y le pone horas, trabajo y pantalla.

Su método es lo que distingue a este periodismo del formato televisivo tradicional. Sostienen transmisiones de horas, día tras día, articuladas como una sala de redacción abierta: un corresponsal en el terreno realiza contactos constantes para mostrar en vivo lo que ocurre en las calles afectadas, mientras desde el estudio se cruza y se ordena lo que llega por dos vías permanentes: el monitoreo de las redes sociales y una red de informantes ciudadanos que envían reportes, imágenes y pedidos de auxilio en tiempo real. A eso se suma la lectura de mensajes de la audiencia y el acompañamiento a una comunidad que sigue la tragedia desde la distancia.

Ese modelo tiene un valor concreto en una emergencia. Funciona como una central de información distribuida: decenas de personas envían lo que ven, el equipo lo verifica hasta donde puede, lo ordena y lo difunde de inmediato, con un corresponsal que aporta la imagen directa desde el lugar. Para la diáspora venezolana —millones de personas que vivían la angustia sin poder hacer nada, pegadas al teléfono— y para quienes dentro del país buscaban datos que la televisión no daba, esas transmisiones se volvieron un punto de encuentro y una fuente continua. En la práctica, un canal sostenido por dos argentinos y una red de ciudadanos terminó cumpliendo una función de servicio público.

El valor y los límites

Reconocer esta labor no significa idealizarla, y el rigor obliga a señalar las dos caras. El streaming ciudadano tiene una ventaja enorme: cubre lo que otros no cubren, da voz a quien no la tiene en los grandes medios y opera con una agilidad que la televisión no alcanza. Pero también tiene un riesgo inherente: la velocidad sin verificación puede amplificar datos erróneos, cifras sin confirmar o rumores, algo especialmente delicado en una emergencia donde la desinformación puede hacer daño. La fortaleza —la inmediatez sin filtros— es también su principal vulnerabilidad.

La lección de fondo, más que sobre un canal en particular, es sobre un cambio de época. Cuando los medios tradicionales no pueden o no quieren hacer cierta cobertura, la tecnología permite que otros la hagan, y a veces esos otros son dos periodistas argentinos con un corresponsal en el terreno y una red de ciudadanos como fuente. El teléfono y la transmisión en vivo se han convertido en herramientas que rompen cercos. No reemplazan al periodismo profesional verificado —lo complementan, y a veces lo presionan—, pero en una emergencia donde el flujo de información oficial es estrecho, han demostrado que el derecho a saber encuentra siempre una rendija por donde pasar. Y que, a veces, quien abre esa rendija no es un gran medio ni un compatriota, sino alguien que decidió que el dolor de otro país también era asunto suyo.


Nota de contexto: Este análisis aborda el papel de los medios ciudadanos y estatales en la cobertura de la emergencia. INCÍSOS recomienda contrastar la información de cualquier fuente, oficial o independiente, especialmente la difundida en tiempo real durante situaciones de crisis.

Fuentes principales: Reuters Institute for the Study of Journalism (sobre el ecosistema de medios digitales en Venezuela); transmisiones públicas de Venezolana de Televisión (VTV); cobertura del canal ciudadano Guarimba Digital (Bowery Newsroom); reportes sobre la emergencia (24 a 28 de junio de 2026).

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Tecnología

Un tercio de quien envía remesas digitales ya sufrió fraude

Las remesas se mudaron al celular, y con ellas llegaron los fraudes. Un tercio de quienes envían dinero digital ya fue víctima. Cómo cuidar lo que sostiene a la familia.

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Un tercio de quien envía remesas digitales ya sufrió fraude

ANÁLISIS · TECNOLOGÍA

El dinero que millones de hispanos envían a sus familias se mudó al celular: el 86% de las remesas ya viaja por canales digitales. Pero con la comodidad llegó el riesgo. Un informe revela que uno de cada tres emisores ya fue víctima de algún fraude cibernético. Cómo proteger lo que más importa.

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Ficha 6W

Qué El auge de las remesas digitales trajo una ola de fraudes cibernéticos que afecta a una porción grande de los usuarios.
Quién Los migrantes que envían dinero, sus familias receptoras y las plataformas fintech que procesan los envíos.
Cuándo Una tendencia que se acelera en 2026, con la migración masiva de las remesas a canales digitales.
Dónde En el corredor de envíos entre Estados Unidos y América Latina.
Por qué La rapidez y el bajo costo de las apps convivieron con vulnerabilidades que los estafadores explotan.
Cómo Mediante robo de datos, suplantación y apelaciones de fraude cada vez más sofisticadas, algunas con IA.

Lo que está cambiando

Durante décadas, enviar dinero a casa significó hacer fila en una sucursal, llenar un formulario y pagar una comisión alta. Eso quedó atrás. Hoy, según un informe de la aseguradora Chubb, el 86% de quienes envían remesas ya usa canales digitales: una app en el celular, una plataforma fintech, una transferencia que se completa en minutos y cuesta una fracción de lo que costaba antes. Es una de las transformaciones más profundas y silenciosas en la vida financiera de la comunidad migrante, y en general es una buena noticia: más rápido, más barato, más accesible.

Pero toda moneda tiene dos caras. El mismo informe trae un dato que enciende una alerta: el 34% de los emisores de remesas —uno de cada tres— ya ha sido víctima de algún tipo de fraude cibernético. La velocidad y la comodidad que hacen tan atractivas a estas plataformas son, también, la puerta por la que entran los estafadores. Y como las remesas no son un gasto cualquiera sino el sostén de un hogar al otro lado de la frontera, cada fraude no es solo una pérdida de dinero: es comida, medicina o renta que no llega.

Por qué ocurre ahora

La explicación está en la propia tecnología que hizo posible el auge. El ecosistema de envíos se volvió masivo y veloz, pero esa misma infraestructura digital abrió vulnerabilidades nuevas. Los estafadores ya no necesitan interceptar un sobre: les basta con suplantar una identidad, clonar una app, montar una página falsa o desplegar un mensaje convincente. Y aquí entra un factor que cambia la escala del problema: la inteligencia artificial. Las herramientas de IA permiten fabricar, en minutos y a bajo costo, campañas de estafa de apariencia impecable —mensajes personalizados, voces clonadas, sitios que imitan a la perfección a una plataforma legítima—. Un estudio del MIT junto con EY encontró que el 70% de las instituciones financieras ya usa agentes de IA en algún grado, sobre todo en la detección de fraudes. Es decir: la IA está en ambos lados del mostrador, defendiendo y atacando a la vez.

A la vez, el sector avanza hacia tecnologías que prometen abaratar aún más los envíos, como las stablecoins —criptomonedas ancladas a una moneda estable como el dólar—, que según el Fondo Monetario Internacional podrían reducir de forma significativa el costo de las remesas, que en algunos casos llega a tarifas del 20% del monto enviado. La promesa es enorme, pero el terreno es nuevo, y lo nuevo siempre trae riesgos que el usuario debe aprender a navegar.

Cómo protegerse

Como esta es una nota de servicio además de análisis, conviene aterrizar en lo práctico. Algunas precauciones básicas reducen mucho el riesgo. Usar solo plataformas establecidas y verificables, y desconfiar de apps nuevas o desconocidas que prometen tarifas demasiado buenas para ser ciertas. Activar siempre la verificación en dos pasos y no compartir nunca claves ni códigos, por más oficial que parezca quien los pide: ninguna plataforma legítima solicita tu contraseña. Verificar con cuidado el número o los datos del destinatario antes de confirmar un envío, porque muchas pérdidas vienen de errores inducidos por mensajes falsos. Sospechar de cualquier mensaje, llamada o correo que meta prisa o genere pánico —»tu cuenta será bloqueada», «confirma tus datos ahora»—, porque la urgencia es la herramienta favorita del estafador. Y revisar si la plataforma ofrece algún seguro o protección sobre el envío: en algunos mercados ya empiezan a aparecer productos que cubren robo o pérdida de la remesa, y los usuarios los valoran cada vez más.

Por qué le importa al lector hispano

Para la familia hispana, las remesas son sagradas: representan esfuerzo, distancia y amor convertidos en dinero. Que un tercio de quienes las envían haya sufrido un fraude no es una estadística lejana, es una advertencia directa. La tecnología que abarató y agilizó los envíos es una conquista que conviene aprovechar, pero con los ojos abiertos. Entender cómo operan los nuevos fraudes —y adoptar unas pocas precauciones— es hoy parte de la educación financiera básica de cualquier persona que sostiene a los suyos a la distancia. Proteger la remesa es proteger al hogar que la espera.

Fuentes principales: informe de la aseguradora Chubb sobre remesas digitales y fraude; estudio del MIT y EY sobre adopción de IA en instituciones financieras; análisis del Fondo Monetario Internacional sobre stablecoins y costos de remesas; reportes de tendencias fintech de Inswitch, dLocal y Global66 (2026).

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Tecnología

Por qué se cayeron los edificios: Venezuela tiene normas sísmicas, pero gran parte de lo construido no las cumple

Venezuela cuenta con normas sismorresistentes que evolucionaron durante 70 años hasta la vigente de 2019. Pero un instituto del propio Estado advierte que un gran porcentaje de las edificaciones antiguas e informales no las cumple, lo que ayuda a entender por qué colapsaron tantos edificios.

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Ficha · 6W

Qué Venezuela tiene normas sismorresistentes, pero gran parte de lo construido no las cumple.
Quién FUNVISIS y la Fundación Instituto de Ingeniería (FIIIDT), organismos técnicos del Estado.
Cuándo Las normas evolucionan desde 1947; la vigente es de 2019. El colapso, el 24 de junio de 2026.
Dónde Venezuela, especialmente Caracas, La Guaira y los estados atravesados por fallas tectónicas.
Por qué La construcción informal y antigua no cumple la norma, lo que eleva la vulnerabilidad sísmica.
Cómo Edificaciones que no cumplen criterios de diseño, materiales o supervisión colapsan más fácil.

Cuando en una misma cuadra colapsan varios edificios mientras otros quedan en pie, la pregunta es inevitable: ¿no había normas para evitarlo? La respuesta venezolana es incómoda. Sí las hay, y desde hace casi ocho décadas. El problema, según advierte un instituto del propio Estado, es que un gran porcentaje de lo que está construido nunca las cumplió.

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La explicación está en una nota técnica de la Fundación Instituto de Ingeniería para la Investigación y Desarrollo Tecnológico (FIIIDT), organismo adscrito al Ministerio de Ciencia y Tecnología, publicada meses antes del terremoto. El documento traza la evolución de las normas sismorresistentes del país y termina con una constatación que el sismo del 24 de junio de 2026 volvió trágicamente vigente.

Un país sentado sobre tres fallas

El punto de partida es geológico. Venezuela está atravesada por tres grandes sistemas de fallas tectónicas, producto de la interacción entre las placas del Caribe, Suramericana y Nazca: la falla de Boconó, que se extiende más de 500 kilómetros en dirección suroeste-noreste; la falla de San Sebastián, que corre desde la costa nororiental hacia el centro del país; y la falla de El Pilar, en el oriente. La población y la infraestructura más importante del país se concentran, precisamente, sobre esos sistemas de fallas, lo que multiplica la vulnerabilidad.

A esa exposición se suma un agravante local que ya se conocía: Caracas está asentada sobre sedimentos profundos que amplifican la intensidad del movimiento sísmico. No es un dato nuevo. Es exactamente lo que ocurrió en el terremoto de Caracas de 1967.

Setenta años de aprender a golpes

La historia de las normas venezolanas es la historia de sus tragedias. Cada terremoto destructivo forzó una revisión. La primera norma básica data de 1947. Tras el terremoto de El Tocuyo de 1950 —magnitud 6,6, que derrumbó el 93 % de las casas de la localidad—, llegó la norma de 1955.

El punto de inflexión fue el terremoto de Caracas del 29 de julio de 1967, de magnitud 6,5, que causó el colapso de edificios de varios pisos en Los Palos Grandes, Altamira y La Pastora. Ese desastre mostró la vulnerabilidad de la infraestructura urbana y propició la creación de FUNVISIS, la fundación venezolana de investigaciones sismológicas. De ese impulso nació, en 1982, la norma COVENIN 1756, que por primera vez estableció criterios de zonificación sísmica, clasificación de suelos y métodos de análisis estructural. Se actualizó en 2001 y, de nuevo, en su versión vigente.

La norma vigente es moderna

La norma actual, COVENIN 1756-1:2019, no es una reliquia. Reemplazó por completo a la de 2001 e introdujo cambios profundos: un nuevo cálculo del espectro sísmico, tipologías estructurales más detalladas y tres estados de desempeño (frecuente, de diseño y extremo). Según la documentación técnica, se alineó con estándares internacionales modernos como las normas ASCE estadounidenses y el Eurocódigo. En el papel, Venezuela está a la altura de las mejores prácticas mundiales.

El verdadero punto débil

Y sin embargo, ahí está el abismo entre la norma y la realidad. La nota técnica de FIIIDT lo dice sin rodeos: la situación del cumplimiento es «realmente inquietante», porque un gran porcentaje de las edificaciones antiguas y las construidas de manera informal —sin control técnico— no cumple las normativas vigentes. La falta de supervisión profesional, los errores de diseño y la mala calidad de los materiales elevan la vulnerabilidad ante un sismo.

Es la misma idea que, desde la gestión de desastres, han planteado especialistas como el exdirector de Defensa Civil Ángel Rangel: las amenazas son naturales, pero buena parte de los desastres es humana. Un edificio bien diseñado y construido según la norma puede resistir un sismo fuerte; uno levantado sin cálculo, con materiales deficientes y modificaciones improvisadas, no. La diferencia entre quedar en pie o colapsar no la decide solo la magnitud del terremoto, sino lo que se hizo —o se dejó de hacer— años antes, en el momento de construir.

La conclusión de los ingenieros apunta al futuro: priorizar el estudio y el refuerzo estructural de lo ya construido, fortalecer cimientos y muros, exigir materiales sólidos y supervisión, y desarrollar manuales y capacitación para una construcción segura. La norma existe. Falta que se cumpla.

Fuentes principales: Nota técnica «Evolución de las normas sismoresistentes en Venezuela», de Marisela Navarro, Fundación Instituto de Ingeniería para la Investigación y Desarrollo Tecnológico (FIIIDT/MINCYT), octubre de 2025. Disponible en: fii.gob.ve — Con datos de FUNVISIS y de la norma COVENIN 1756-1:2019.
ESTE ARTÍCULO FORMA PARTE DEL ESPECIAL · EL PAÍS QUE TEMBLÓ →
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