Política
La relación más extraña del hemisferio: cómo Venezuela y EEUU negocian sin llamarlo negociación
Embajadas reabiertas, petróleo fluyendo, sanciones levantadas, diplomáticos en Caracas. Todo eso ocurrió en menos de tres meses. Sin que nadie lo llamara por su nombre: un nuevo acuerdo estratégico.
Redacción Incisos · 18 de abril de 2026
Hay una frase del comunicado del Departamento de Estado del 5 de marzo que vale la pena leer despacio. «Este paso facilitará nuestros esfuerzos conjuntos para promover la estabilidad, apoyar la recuperación económica y avanzar en la reconciliación política en Venezuela.»
- Qué — Negociaciones informales entre Venezuela y EEUU para restablecer relaciones y cooperación.
- Por qué — Para promover estabilidad, recuperación económica y reconciliación política en Venezuela.
- Quién — Gobiernos de Venezuela y Estados Unidos, con actores clave como Delcy Rodríguez y funcionarios estadounidenses.
- Cuándo — Entre enero y abril de 2026, en un periodo de noventa días.
- Dónde — Entre Caracas, Venezuela y Washington, Estados Unidos.
- Cómo — Mediante pasos graduales, sin acuerdos públicos ni tratados formales.
Nótese el orden: estabilidad primero, recuperación económica después, reconciliación política al final. La democracia no aparece en ese párrafo. Aparece más adelante, en una oración separada, como objetivo de largo plazo de un «proceso gradual.» Es la misma lógica que Rubio explicó en el Senado, la misma que está detrás de cada decisión de los últimos tres meses. Y es la lógica que define una relación que nadie ha tenido el valor de llamar por su nombre.
La cronología que nadie resume
En noventa días, la relación entre Washington y Caracas pasó del estado de mayor hostilidad en décadas a algo que se parece mucho a una alianza funcional. Vale recorrer la secuencia:
3 de enero: Fuerzas militares estadounidenses capturan a Maduro en Caracas. Delcy Rodríguez asume como presidenta encargada con respaldo tácito de Washington.
Finales de enero: La encargada de negocios Laura Dogu aterriza en Caracas para reiniciar la misión diplomática estadounidense. Es la primera funcionaria norteamericana en pisar suelo venezolano en representación oficial en años.
12 de febrero: Rodríguez, el secretario de Energía Chris Wright y la encargada de negocios visitan juntos las instalaciones petroleras de la Faja del Orinoco. La foto circula por todo el mundo.
5 de marzo: El Departamento de Estado anuncia el restablecimiento formal de relaciones diplomáticas y consulares entre ambos países, rotas desde 2019.
Marzo: Rodríguez impulsa la firma de acuerdos entre PDVSA y Shell, los primeros bajo la nueva legislación que reduce el control estatal y abre la industria al capital externo.
1 de abril: Washington levanta las sanciones personales sobre Delcy Rodríguez.
Finales de marzo–inicios de abril: Venezuela recupera el control de sus sedes diplomáticas en Washington, custodiadas por el Departamento de Estado desde 2023.
Noventa días. De la hostilidad total a la cooperación operativa. Sin un tratado. Sin un acuerdo público firmado. Sin que nadie convocara una conferencia de prensa conjunta para explicar las reglas del nuevo juego.
Lo que cada parte obtuvo
La lógica del acuerdo, aunque no escrito, es bastante clara si se miran los hechos.
Washington obtuvo acceso privilegiado a las mayores reservas petroleras del mundo. Los barriles que antes iban mayoritariamente a China fueron redirigidos hacia refinerías en Estados Unidos e India. Los ingresos petroleros se depositan en cuentas supervisadas por el Tesoro estadounidense. Trump lo dijo sin eufemismos: «Tenemos 100 millones de barriles en Houston siendo refinados. Ha sido genial.»
Además, el secretario del Interior Doug Burgum visitó Venezuela y obtuvo garantías de seguridad para empresas estadounidenses que operen en el Arco Minero — una zona de 112,000 kilómetros cuadrados con reservas de oro, diamante, bauxita y coltán. El petróleo es solo el comienzo.
Rodríguez, por su parte, obtuvo reconocimiento. Legitimidad internacional. Sanciones levantadas. Embajada reabierta. Ingresos petroleros para financiar servicios básicos. Y, sobre todo, tiempo: tiempo para consolidar su posición sin enfrentar elecciones, sin cronograma definido, con el chavismo administrando la estabilización bajo tutela estadounidense.
Lo que la diáspora venezolana espera — y no llega
Para los venezolanos en Estados Unidos, el restablecimiento diplomático tiene efectos concretos en materia de servicios consulares. Durante años, renovar un pasaporte venezolano, gestionar un registro civil o acceder a asistencia legal consular fue un laberinto que muchos simplemente abandonaron. La reapertura de embajadas debería cambiar eso.
Pero hay una brecha importante entre lo que el acuerdo promete y lo que entrega en lo inmediato. La embajada estadounidense en Caracas reanudó operaciones, pero aún no ha restablecido servicios consulares. Y la embajada venezolana en Washington tampoco ha retomado plena operatividad para los ciudadanos venezolanos en Estados Unidos.
Para los miles de venezolanos con casos de asilo abiertos, con trámites migratorios en proceso o con familiares que quieren viajar, el restablecimiento diplomático es por ahora más simbólico que funcional. La maquinaria se está poniendo en marcha, pero la velocidad la determina Washington, no Caracas, y ciertamente no las familias que llevan años esperando.
La pregunta que persiste
El plan de tres fases que diseñó la administración Trump contempla estabilización, recuperación económica y, finalmente, transición democrática. Las dos primeras están en marcha. La tercera no tiene fecha.
Lo que sí tiene fecha es el vencimiento del interinato de Rodríguez — en julio, si la Asamblea Nacional chavista no lo prorroga. Y lo que sí tiene urgencia son las empresas petroleras y mineras que necesitan certeza jurídica para invertir a largo plazo.
La democracia venezolana puede esperar. El petróleo, no.
Esa es la lógica que gobierna la relación más extraña del hemisferio. Nadie la llama por su nombre. Pero está escrita en cada barril que sale de la Faja del Orinoco con destino a Houston.
Alfredo Yánez
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Magazolanos: la etiqueta que Venezuela exportó a su propia diáspora
«Magazolano» es una etiqueta despectiva, hermana del «escuálido» que acuñó Chávez. Estigmatizar al que piensa distinto en vez de argumentarle no nos mejora: repite en otras tierras la peor tara venezolana.
«Magazolano» no es una descripción: es un estigma, el «escuálido» de esta orilla. Descalificar al que piensa distinto con una etiqueta, en lugar de un argumento, no mejora a nadie: repite en tierra ajena la peor tara que Venezuela aprendió sobre sí misma.
| Qué | El término «magazolano», una etiqueta despectiva contra venezolanos afines al proyecto MAGA. |
| Quién | Sectores de la diáspora venezolana en EE.UU. que la usan y quienes la reciben. |
| Cuándo | Un término consolidado en los últimos años, en pleno debate migratorio de 2026. |
| Dónde | En Estados Unidos, con epicentro en el sur de Florida. |
| Por qué | Reproduce la lógica de estigmatizar al adversario que fracturó a Venezuela. |
| Cómo | Sustituyendo el argumento por una etiqueta que anula al otro de antemano. |
Hay una palabra que circula con creciente frecuencia entre los venezolanos de Estados Unidos: magazolano, la fusión de «MAGA» y «venezolano». Se usa para nombrar a los compatriotas que abrazaron el proyecto político de Donald Trump. Pero conviene detenerse en cómo se usa, porque rara vez es un término neutro. En la mayoría de los casos es un estigma, una descalificación, el equivalente en esta orilla del «escuálido» que Hugo Chávez lanzó contra sus adversarios. Y ahí, en el gesto mismo de etiquetar, hay una historia venezolana que se repite y que vale la pena mirar de frente.
La genealogía de un estigma
Quien vivió la Venezuela de las últimas dos décadas reconoce el mecanismo de inmediato. En junio de 2001, en un Aló Presidente, Chávez llamó «escuálidos» a los líderes de la oposición y repitió la palabra decenas de veces. No era una descripción: era un arma. Servía para negar al adversario, para minimizarlo, para reducirlo a una caricatura despreciable a la que no hacía falta responder con argumentos, porque la etiqueta ya lo había descalificado de antemano. Con los años, «escuálido» caló tanto que hasta los propios opositores lo adoptaron, unas veces con ironía, otras como bandera. Así funciona el veneno de las etiquetas: primero divide, luego se normaliza, y al final lo usan todos.
«Magazolano» pertenece a esa misma familia semántica. Referirse a alguien como magazolano es etiquetarlo, y con la etiqueta viajan, implícitos, el prejuicio y el estigma. Se le atribuye de entrada ceguera, adoctrinamiento, ausencia de raciocinio, sin necesidad de demostrar nada. La palabra hace el trabajo que debería hacer el argumento. Y ese atajo —descalificar en lugar de rebatir— es precisamente el hábito mental que hundió el debate público venezolano en el fango del que muchos huyeron.
Lo que la etiqueta oculta
Conviene ser honestos, porque negar la realidad sería caer en el simplismo contrario. Es probable que existan venezolanos genuinamente cegados, influenciados o adoctrinados en su adhesión a una figura política; esa lealtad sin crítica existe, y no es sano fingir que no. Pero hay una diferencia enorme entre constatar ese fenómeno con criterio y clausurarlo con un insulto. Se puede analizar por qué un sector de la diáspora abrazó sin fisuras un discurso, qué esperanzas y qué miedos lo movieron, y en qué momento la lealtad le impidió ver lo que le convenía ver. Eso es pensar. Colgarle la etiqueta de «magazolano» y darse por satisfecho es lo contrario de pensar.
Porque además la etiqueta borra los matices que sí importan. Un venezolano puede compartir la filosofía del orden, las reglas claras y la mano dura —muchos huyeron del caos y la impunidad, y ese discurso les resuena— y, al mismo tiempo, condenar con firmeza el trato que se les ha dado a los venezolanos: la revocación del Estatus de Protección Temporal a más de 600.000 personas, las deportaciones, algunas incluso a la megaprisión del CECOT en El Salvador. Estar de acuerdo con una parte y en desacuerdo con otra no es incoherencia: es criterio. Es exactamente lo que la etiqueta impide ver, porque el que reparte estigmas necesita que el otro sea todo de un color. Y quien no soporta que el de enfrente tenga matices termina revelando, más que nada, su propia intolerancia.
La peor exportación de Venezuela
Y aquí está el fondo del asunto, que va mucho más allá de una palabra. Argumentar contra alguien colgándole una etiqueta no habla bien de quien lo hace: revela que ha adoptado, quizás sin darse cuenta, la misma lógica que dice combatir. El chavista que gritaba «escuálido» y el opositor que hoy escupe «magazolano» comparten un método, aunque militen en bandos opuestos. Los dos han decidido que al que piensa distinto no se le rebate: se le clasifica y se le desprecia. Venezuela no se rompió porque un bando fuera perverso y el otro virtuoso. Se rompió porque demasiados, en todos los bandos, aceptaron que el otro era un enemigo a aniquilar en lugar de un compatriota con quien discrepar.
Esa es la tesis que importa, y la advertencia que esta nota quiere dejar. Trasladar a otras tierras, con etiquetas nuevas, las mismas taras que generamos en Venezuela no nos mejora, ni nos ayuda, ni nos favorece. No nos hace más lúcidos ni más libres: nos vuelve, otra vez, carceleros de nuestro propio debate. La diáspora tuvo la oportunidad de dejar atrás muchas cosas al emigrar; sería una tragedia que conservara, como equipaje, justo la que más daño le hizo. La peor exportación de Venezuela nunca fue su gente ni su petróleo: fue su manera de odiarse, su costumbre de reemplazar el argumento por el insulto. Y cada vez que un venezolano llama a otro «magazolano» para no tener que escucharlo, esa exportación cruza otra vez la frontera. Recuperar el criterio —la capacidad de discrepar sin descalificar, de juzgar las ideas sin estigmatizar a las personas— no es un lujo intelectual. Es, para quienes ya vieron adónde lleva el camino contrario, una forma de no repetir la caída.
Nota: Esta nota analiza el uso de un término y la lógica de la polarización, sin asumir una postura partidista ni juzgar el programa de ningún gobierno. Su foco es el debate público y el respeto entre quienes piensan distinto.
Fuentes principales: Cobertura sobre el origen y uso del término «escuálido» acuñado por Hugo Chávez en 2001 (El Tiempo, Infobae, análisis lingüístico de Chumaceiro y Álvarez); reportajes sobre el fenómeno «magazolano» y la diáspora (Infobae, elDiario.es, 2020–2025); cobertura sobre la revocación del TPS y las deportaciones (CNN en Español, 2026).
Política
Trump aplaza las elecciones venezolanas sin fijar una fecha
El presidente estadounidense respondió el viernes 24 de julio que Venezuela «no está realmente lista» para votar. Elogió a Delcy Rodríguez, vinculó el estado del país al flujo de crudo y no mencionó ninguna fecha. Es la primera vez que el aplazamiento se enuncia desde el nivel presidencial.
Las 6W
| Qué | Trump declaró que Venezuela todavía no está preparada para celebrar elecciones, aunque afirmó que hubo «mucho progreso». |
| Quién | Donald Trump; Delcy Rodríguez, presidenta encargada; la Asamblea Nacional de 2015; María Corina Machado. |
| Cuándo | Viernes 24 de julio de 2026, a tres días del segundo aniversario del 28 de julio de 2024. |
| Dónde | Despacho Oval de la Casa Blanca, Washington. |
| Por qué | Washington ejerce tutela sobre el gobierno de transición desde el 3 de enero y no ha fijado calendario electoral. |
| Cómo | Mediante una respuesta a la prensa, sin documento, sin condiciones verificables y sin plazo de cierre. |
La frase que sustituye a un calendario
«En cuanto a las elecciones en Venezuela, todavía no están realmente preparados para ellas, pero vaya, se ha avanzado mucho», respondió Trump a los periodistas en el Despacho Oval el viernes 24 de julio, según las coberturas de Reuters, AFP y EFE. Añadió una valoración sobre la jefa del gobierno de transición: «Delcy está haciendo un trabajo fantástico».
Consultado sobre cuándo llegarían los comicios, el mandatario ofreció una fórmula temporal sin contenido: en algún momento estarán listos y su gobierno estará pendiente. No hay fecha. No hay umbral. No hay lista de condiciones que, una vez cumplidas, activen la convocatoria.
Esa ausencia es el hecho, no el adorno del hecho. Desde el 7 de enero de 2026, cuando el secretario de Estado Marco Rubio expuso ante el Congreso el plan de tres fases —estabilización, recuperación, transición—, la crítica sostenible no ha sido que Washington improvise. Es que ninguna de las tres fases tiene fecha de cierre. La declaración del viernes traslada ese vacío del documento técnico a la boca del presidente.
Qué cambia cuando lo dice el presidente
Hasta ahora, el aplazamiento se administraba en el nivel diplomático. Rubio hablaba de secuencias, de reinstitucionalización, de infraestructura electoral confiable. Ese lenguaje admite lectura de proceso: las cosas tardan porque son complejas.
Cuando el aplazamiento lo enuncia el presidente de Estados Unidos, en respuesta directa y sin matiz técnico, deja de ser una etapa y se convierte en una posición. La diferencia importa para quien está adentro: un venezolano que espera votar ya no está esperando que termine un trámite, está esperando que cambie una decisión política tomada en otro país.
El crudo en la misma respuesta
En la misma intervención, Trump vinculó explícitamente la situación venezolana con el volumen de petróleo que llega a refinerías estadounidenses y con el beneficio económico mutuo. La secuencia argumental quedó expuesta: el país progresa, el crudo fluye, la gestión es buena, las elecciones no tocan todavía.
El día anterior, el jueves 23 de julio, durante un acto en la sede de la Agencia de Protección Ambiental, el propio Trump había afirmado que su secretario de Energía, Chris Wright, «está dirigiendo Venezuela». Leídas juntas, las dos declaraciones dibujan un orden de prioridades que no requiere interpretación forzada.
El calendario que sí existe
Hay una fecha firme en el tablero, y no es electoral. El 1 de agosto se instala el foro entre representantes de la Asamblea Nacional de 2015 y el gobierno de Delcy Rodríguez, con Washington como facilitador. Rubio lo confirmó el 19 de julio y volvió sobre el asunto el jueves 23.
De modo que el segundo semestre venezolano tiene mesa pero no urnas. Y la distancia entre esas dos cosas —una negociación instalada y una elección sin fecha— es exactamente el espacio donde se juega la legitimidad de todo el proceso.
Los dos años
El martes 28 de julio se cumplen dos años de la elección presidencial de 2024, aquella cuyos resultados el Consejo Nacional Electoral nunca publicó desagregados. El aniversario llegará con una declaración presidencial estadounidense diciendo que todavía no es momento de volver a votar.
Para los venezolanos en Estados Unidos que sostienen el envío de remesas, los trámites y la espera, la señal es concreta: el retorno no tiene fecha porque la normalización institucional tampoco la tiene.
Fuentes principales: Reuters, AFP, EFE y NTN24 (declaraciones de Trump del 24 de julio de 2026); Efecto Cocuyo e Infobae (declaraciones de Trump sobre Chris Wright del 23 de julio); MercoPress y TalCual (anuncios de Marco Rubio del 19 y 23 de julio sobre el foro del 1 de agosto).
Política
El gobierno de Delcy Rodríguez reescribe las primeras 72 horas del terremoto
Al cumplirse un mes del doblete sísmico del 24 de junio, el gobierno de transición difundió una reconstrucción documental de su reacción «desde los primeros minutos». Dos evaluaciones técnicas independientes miden esa misma reacción y llegan a una conclusión opuesta: el Estado alcanzó apenas 12,6% de su despliegue máximo en las primeras 24 horas.
Las 6W
| Qué | El gobierno de transición difundió documentos oficiales para demostrar que reaccionó al sismo desde los primeros minutos. |
| Quién | Delcy Rodríguez, presidenta encargada; Radio Nacional de Venezuela; Transparencia Venezuela en el Exilio; el Miranda Center. |
| Cuándo | Viernes 24 de julio de 2026, un mes exacto después del doblete sísmico del 24 de junio. |
| Dónde | Caracas y el estado La Guaira, epicentro de la destrucción. |
| Por qué | La gestión de la emergencia es el principal pasivo político del gobierno de transición ante la mesa del 1 de agosto. |
| Cómo | Mediante la divulgación selectiva de registros internos difundidos por los medios del Estado, sin auditoría externa. |
La operación documental
Radio Nacional de Venezuela informó que la presidenta encargada presentó una reconstrucción detallada de las primeras 72 horas tras el doblete sísmico, con la divulgación de archivos que registran los primeros minutos de la emergencia, la toma de decisiones y la activación de los protocolos de gestión de riesgo. Según esa difusión, los documentos permiten visibilizar la capacidad de reacción del Estado y la articulación de la respuesta.
La elección del formato no es casual. No se trata de una rueda de prensa con preguntas ni de un informe sometido a contraste. Es un archivo presentado por quien lo produjo, difundido por los medios que ese mismo gobierno controla, en el aniversario de mes de un desastre que dejó, según el balance oficial ofrecido el 23 de julio por el presidente de la Asamblea Nacional Jorge Rodríguez, 5.398 fallecidos y 16.740 heridos.
Lo que miden los informes técnicos
Transparencia Venezuela en el Exilio publicó una evaluación titulada «La insuficiente respuesta estatal: el desastre ocurrió antes del terremoto», que compara la actuación venezolana con los estándares Insarag y Sphere y con desastres recientes en Turquía-Siria, Japón, Haití, Chile y China.
Sus cifras son específicas. Venezuela alcanzó 12,6% de su pico de despliegue nacional a las 24 horas, 34,6% a las 48 horas y 59,7% al octavo día. El máximo declarado de funcionarios desplegados, 31.837, no se reportó hasta el 12 de julio: dieciocho días después del sismo y quince días después del umbral crítico de las 72 horas.
El desglose del salvamento resulta más elocuente que el total. De las 19.861 personas que sobrevivieron hasta el 2 de julio, entre 13.400 y 13.500 se autoevacuaron y 6.462 fueron rescatadas por equipos. El informe concluye que el salvamento dependió de la autoevacuación y del rescate local temprano, no de una capacidad de búsqueda y rescate urbano desplegada a tiempo.
No aparece una cifra nacional identificable de rescatistas especializados. Ese componente llegó casi íntegramente del exterior: la Operación Amistad de India trasladó en dos aviones C-17 un hospital de campaña con quirófanos, cuidados intensivos y capacidad para 200 pacientes, y Naciones Unidas instaló tres hospitales de campaña en La Guaira.
La segunda evaluación
Un análisis del Miranda Center, centro de estudios con sede en Washington, documenta que la ventana crítica de 72 horas transcurrió sin una operación coordinada por el Estado y sostiene que la cifra oficial de muertos podría estar muy por debajo de la real. El mismo trabajo registra la magnitud de la respuesta internacional: más de 60 equipos de búsqueda y rescate y más de 2.400 socorristas de 29 países.
Las contradicciones del propio relato
El informe de Transparencia Venezuela señala una inconsistencia en el discurso oficial: el 2 de julio la presidenta encargada informó de un despliegue de 14.000 personas y, en la misma intervención, habló de 11.000 funcionarios. También registra la brecha entre las 856 edificaciones afectadas y 190 colapsadas del reporte oficial y las mediciones independientes.
Persiste además una diferencia de 10.139 personas cuyo destino no ha sido explicado públicamente, un número que coincide con el anuncio del coordinador humanitario de Naciones Unidas, Gianluca Rampolla, sobre la adquisición urgente de 10.000 bolsas para cadáveres.
El 23 de julio, Protección Civil desmintió a través del Ministerio de Comunicación que se hubieran producido rescates de sobrevivientes en la estructura OPP26 de La Guaira. Un mes después del sismo, familias siguen buscando restos entre los edificios derrumbados de Caraballeda.
Por qué ahora
La secuencia temporal ordena la lectura. El foro de transición se instala el 1 de agosto. La capacidad de gestión del gobierno encargado es el argumento con el que llega a esa mesa, y el manejo de la emergencia es el episodio que más la erosiona. Reconstruir los primeros minutos, un mes después y sin contradictorio, es un acto de política interna antes que un ejercicio de rendición de cuentas.
Que el mismo 24 de julio la presidenta encargada encabezara ascensos militares y pidiera un toque de silencio por las víctimas completa el cuadro: el duelo y la defensa de la gestión, administrados en la misma jornada.
Fuentes principales: Radio Nacional de Venezuela (difusión oficial del 24 de julio de 2026); Transparencia Venezuela en el Exilio, informe «La insuficiente respuesta estatal: el desastre ocurrió antes del terremoto», reseñado por Infobae el 15 y 16 de julio; Miranda Center, reseñado por El Colombiano; El Tiempo (análisis de rescates registrados); Telemundo y EFE (balance oficial y situación en La Guaira al 23 de julio).
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