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Cuatro meses después, las familias siguen buscando

Un reportaje de CNN vuelve a La Guaira y muestra una deuda de la reconstrucción: información y respuestas sobre los desaparecidos.

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Cuatro meses después de los terremotos del 24 de junio, hay familias de La Guaira que siguen buscando a sus seres queridos. Un reportaje de CNN publicado el sábado 24 de octubre documenta esa espera y señala que el Gobierno todavía no ha publicado un balance oficial de personas desaparecidas.

La cadena recoge el caso de Eilyn Solano, quien busca a su hijo Jhoniel José Morales, de 11 años, desaparecido tras el colapso de un conjunto habitacional. Según el relato, sus familiares han organizado una red de búsqueda y recorrido centros médicos, morgues y refugios. Es un trabajo de campo de CNN, cuya versión distribuida por CNN Newsource puede leerse en KESQ.

El reportaje incluye la respuesta de la Defensoría del Pueblo: la institución afirma mantener canales telefónicos y presenciales, atender denuncias y coordinar con autoridades de búsqueda. También recoge cuestionamientos de Cofavic sobre el manejo de la información y los procedimientos de identificación. Son versiones atribuidas a sus responsables, que el lector debe poder distinguir.

La dimensión institucional de esta historia rebasa la remoción de escombros. Buscar a una persona exige que alguien reciba la denuncia, explique qué diligencias están abiertas y comunique sus resultados. La información sobre muertos, desaparecidos y restos sin identificar responde a preguntas diferentes; reunirlas bajo una sola cifra puede ocultar lo que una familia necesita saber.

Para evaluar la reconstrucción, contar viviendas reparadas es necesario, pero insuficiente. Una vivienda y una respuesta sobre un familiar atienden daños distintos. La recuperación material no cierra automáticamente la incertidumbre de quienes aún buscan.

La nueva información del día es el reportaje y los testimonios que aporta, no la fecha del desastre. INCÍSOS lo incorpora como seguimiento de una emergencia cuyas consecuencias continúan, con atribución expresa a CNN y acceso al trabajo original distribuido por su servicio de noticias.

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Política

El país salió a recibir a María Corina

El recibimiento en su recorrido desde Lara agrega una dimensión pública al regreso: su capacidad de movilización entra en el escenario de una negociación que no encabeza.

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María Corina Machado saluda a personas que la reciben durante el recorrido hacia Caracas

María Corina Machado regresó a Venezuela el domingo 25 de octubre y reapareció en el santuario de la Divina Pastora, en Santa Rosa, Lara. Desde allí emprendió un recorrido por carretera hacia Caracas y fue recibida por seguidores en Chivacoa, Yaracuy, y en Morón, Carabobo, según imágenes difundidas por Vente Venezuela y reportes recopilados por CNN en Español. El mensaje «Estoy aquí. Con ustedes» acompañó un regreso que pasó a ser, de inmediato, un reencuentro público con quienes sostienen su liderazgo.

Las imágenes y reportes disponibles documentan recibimientos en Lara, Yaracuy y Carabobo. Vente Venezuela informó además paradas previstas en Guacara y Palo Negro y convocó a sus simpatizantes a Valle-Coche. Esas convocatorias describen la ruta prevista; a la hora de cierre de esta edición no prueban por sí mismas una llegada ni una intervención en Caracas.

Ese recibimiento importa por el momento político en que se produce. El gobierno encargado de Delcy Rodríguez y la representación de la Asamblea Nacional elegida en 2015 participan en un diálogo respaldado por Washington. Machado conserva un liderazgo propio y ha reclamado una fecha electoral, pero no conduce esa mesa. Su presencia dentro del país introduce una capacidad de intervención que no se mide solamente por el acceso a las reuniones.

La calle ofrece una expresión visible de respaldo. No permite contar automáticamente a todo el electorado ni anticipar una elección, pero sí muestra organización, disposición a movilizarse y expectativas dirigidas a una persona concreta. Esas expectativas tendrán que encontrarse con los tiempos y resultados de la negociación.

El siguiente dato sustantivo será el mensaje que Machado dirija al país desde esta nueva posición: qué prioridades fija, cómo se relaciona con el diálogo y qué propone para canalizar el respaldo que la recibe. El regreso es un hecho; sus efectos sobre el proceso se construyen a partir de las decisiones que siguen.

El especial de INCÍSOS «Vuelta a la patria» reúne los antecedentes del retorno, el recibimiento y la escena institucional que rodea su regreso.

Fuentes y documentos

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Economía

El capital privado vuelve a Venezuela con dos apuestas de peso

Una fintech venezolana capta la mayor ronda de su historia y un conglomerado colombiano compra la marca líder de helados. El dinero privado vuelve a mirar a Venezuela.

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Mercado popular venezolano con productos frescos, símbolo del consumo local que atrae inversión privada

En menos de veinticuatro horas, la fintech venezolana Cashea cerró una ronda de 100 millones de dólares y el Grupo Nutresa compró Helados Tío Rico. Tras años de desinversión, el capital privado internacional vuelve a mirar a Venezuela. Conviene entender qué señala y qué no.

Pregunta Respuesta
Qué Cashea levantó 100 millones de dólares y Nutresa adquirió Helados Tío Rico, la marca líder del mercado venezolano.
Quién La fintech Cashea, el Grupo Nutresa de Colombia y fondos de inversión de EE.UU. y América Latina.
Cuándo Ambas operaciones se conocieron entre el 21 y el 22 de julio de 2026.
Dónde Venezuela como destino de la inversión; Nueva York como plaza de la ronda de capital.
Por qué El cambio de percepción sobre el país tras la apertura política y económica atrae capital privado.
Cómo Con una ronda Serie A y Serie B para Cashea y una adquisición corporativa para Tío Rico.

Dos operaciones en un día

El mundo de los negocios venezolano, inerte durante años, recibió dos noticias de peso en menos de veinticuatro horas. La primera: Cashea, la fintech de crédito al consumo, cerró una ronda de financiamiento de 100 millones de dólares con inversionistas de Estados Unidos y América Latina. La segunda: el Grupo Nutresa, conglomerado colombiano de alimentos, adquirió Helados Tío Rico, la marca líder del mercado venezolano de helados, en una operación que según reportes superaría los 30 millones de dólares.

El economista Asdrúbal Oliveros resumió el significado: la compra de Tío Rico es mucho más que una operación corporativa, es una señal del cambio de percepción respecto al país y del valor que todavía conservan sus empresas y marcas. Su colega Jesús Palacios Chacín añadió la lectura del caso Cashea: una señal clara de que el capital internacional vuelve a mirar a Venezuela tras años de aislamiento.

Cashea: crédito donde no había crédito

El caso de Cashea merece detenimiento porque contiene una lección de negocio. En un país donde el crédito bancario prácticamente desapareció, la empresa construyó un sistema propio de compra en cuotas desplegado en más de 40.000 comercios, con más de 10 millones de cuentas abiertas, según sus propios reportes, cifra que representaría a más de la mitad de la población adulta del país.

La ronda se estructuró en dos tramos: una Serie A de 40 millones cerrada en marzo de 2026, liderada por Spice Expeditions, y una Serie B de 60 millones cerrada en junio, liderada por FinSight Ventures, con participación de Endeavor Catalyst, Plug & Play, fondos patrimoniales de universidades estadounidenses e inversionistas latinoamericanos. La totalidad de los recursos se destinará al mercado venezolano.

La lección para cualquier emprendedor es la que señalan los analistas del ecosistema: Cashea no buscó un atajo, encontró el lugar donde nadie más quería mirar. La necesidad no resuelta no fue el obstáculo, fue el mapa.

Tío Rico: la apuesta de los Gilinski

La segunda operación tiene otra naturaleza. El Grupo Nutresa, controlado por la familia Gilinski, adquirió una empresa con más del 55% del mercado venezolano de helados, una planta en Guacara, estado Carabobo, y cinco centros de distribución. La compra se enmarca en una estrategia declarada: Nutresa había anunciado a comienzos de 2026 que Venezuela y Estados Unidos ocuparían un lugar central en su plan de crecimiento.

Las declaraciones de sus directivos revelan la magnitud de la apuesta. Jaime Gilinski dijo a Bloomberg que su objetivo era inundar Venezuela lo antes posible con productos de Nutresa, y Gabriel Gilinski afirmó que la aceleración de la compañía en ese país será realmente rápida. La empresa proyecta que el mercado venezolano podría llegar a representar hasta el 20% de sus ventas totales, y estima que en un plazo de tres a cinco años el país podría recuperar niveles de PIB per cápita de hace quince o veinte años.

Conviene una precisión: Nutresa es un grupo colombiano y los Gilinski son inversionistas colombianos. Su ventaja logística es la cercanía de sus plantas a la frontera colombo-venezolana.

Lo que estas señales dicen, y lo que no

INCÍSOS debe ser preciso aquí, porque el entusiasmo puede llevar a conclusiones apresuradas. Lo que estas dos operaciones demuestran es real: hay capital privado dispuesto a asumir riesgo venezolano, hay empresas locales con valor y hay un consumo que sigue vivo. Es un cambio verificable respecto de los años de desinversión.

Lo que no demuestran es que la economía venezolana esté resuelta. Dos operaciones, por significativas que sean, no constituyen una tendencia consolidada. La inversión llega en un contexto de crédito bancario todavía limitado, reconstrucción pendiente tras los sismos del 24 de junio y un marco institucional en transición cuya seguridad jurídica está por probarse. El capital que entra hoy apuesta a un escenario futuro; si ese escenario no se materializa, la apuesta se revierte.

Para el lector emprendedor de la diáspora

Para el venezolano en Estados Unidos que sigue estas noticias con una mezcla de esperanza y cautela, hay algo útil que extraer. El regreso del capital privado abre oportunidades reales en sectores de consumo, servicios financieros y distribución. También confirma que el conocimiento del mercado local —ese que la diáspora conserva— vuelve a tener valor.

Pero la prudencia sigue siendo obligatoria. Estas son observaciones de contexto económico, no asesoría de inversión. Quien evalúe participar debe examinar la seguridad jurídica de su operación, las contrapartes con las que trabajaría y su propia tolerancia al riesgo. La noticia es que la puerta se abrió. Cuánto se abrirá y por cuánto tiempo, todavía no lo sabe nadie.

Este análisis se publica bajo los criterios editoriales de INCÍSOS. Cómo trabajamos →

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El Inciso

Trump en su laberinto

Se combate el narcotráfico capturando a uno y se negocia con quienes encajan en la misma acusación. A cuatro meses de las elecciones de medio término, ese laberinto tiene costo político.

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Sala de reuniones vacía con banderas estadounidenses, contexto de la negociación entre Washington y Venezuela

INCISO

El argumento con el que se justificó todo era sólido y estaba bien construido. Ante su propia jurisdicción, ante el Congreso, ante la opinión pública, la administración de Donald Trump sostuvo que Nicolás Maduro no era un gobernante extranjero sino un delincuente: un hombre ligado al narcotráfico y al terrorismo que había hecho muchísimo daño a la seguridad de Estados Unidos. Con pruebas, con expedientes, con una acusación formal en el Distrito Sur de Nueva York. Y con esa premisa se ordenó una operación militar que el 3 de enero de 2026 lo sacó de Caracas y lo puso en una celda de Brooklyn.

No es mi intención discutir aquí aquel argumento. Es, precisamente, tomarlo en serio. Porque si uno lo toma en serio —si de verdad cree que el narcotráfico enquistado en el Estado venezolano era una amenaza a la seguridad estadounidense— entonces hay que seguirlo hasta donde lleva. Y ahí empieza el laberinto.

Delcy Rodríguez fue presidenta de la asamblea constituyente, fue canciller de la República, fue directora de PDVSA, fue la encargada del negocio petrolero. Y fue, como vicepresidenta ejecutiva, parte del vértice de un aparato bajo cuyas direcciones operaron los mecanismos de represión, persecución, hostigamiento y tortura que documentaron durante años las organizaciones de derechos humanos. Jorge Rodríguez estuvo al frente del organismo electoral venezolano en los procesos cuya opacidad el propio Trump denunció desde la Casa Blanca el 16 de julio de este año. Diosdado Cabello, ministro del Interior, tiene hoy —hoy, mientras usted lee esto— una recompensa activa de veinticinco millones de dólares ofrecida por el Departamento de Estado, acusado de conspiración narcoterrorista con las FARC. La misma cifra que se ofreció alguna vez por Osama bin Laden.

Los argumentos que van contra Maduro les calzan perfectamente a los Rodríguez y a Cabello. No es una opinión mía: es la propia arquitectura acusatoria de Washington, que designó al Cártel de los Soles como organización terrorista extranjera y nunca retiró esas imputaciones.

Y sin embargo. El 18 de febrero, el general Francis L. Donovan, comandante del Comando Sur —el mismo Comando Sur que ejecutó la captura de Maduro— aterrizó en Caracas y se sentó a conversar sobre seguridad con Delcy Rodríguez, con Vladimir Padrino López y con Diosdado Cabello. Volvió en mayo. En el acto donde se anunció la excarcelación de presos políticos estaban Jorge Rodríguez y Cabello. Un comandante militar estadounidense compartiendo mesa con un hombre por cuya cabeza su propio gobierno ofrece veinticinco millones de dólares.

Ahí está el laberinto, y no lo construyó nadie más que quien hoy lo transita.

La pregunta, entonces, es política y es concreta, y falta poco para que tenga respuesta. En noviembre hay elecciones de medio término. Donald Trump necesita que su electorado mantenga la confianza en el Partido Republicano, en sus senadores, en sus representantes. Le pide ese voto sobre la base de una promesa que ha repetido durante una década: mano dura contra el narcotráfico, contra el terrorismo, contra las amenazas a la seguridad nacional.

¿Cómo se le explica a ese electorado que la administración negocia, se alía, hace negocios y baila en las calles con las mismas figuras que encajan en la acusación? ¿Cómo se sostiene el relato de la firmeza cuando la firmeza terminó siendo selectiva: implacable con uno, cordial con los demás?

No pretendo que la política exterior se haga con pureza. Los Estados negocian con quien tienen enfrente, y a veces la estabilidad exige tragar sapos. Lo que señalo es otra cosa: el costo de haber puesto el argumento tan alto. Quien justifica una operación militar invocando la justicia queda atado a esa vara. Si después se sienta a la mesa con quienes la misma vara señala, no queda como pragmático: queda como alguien cuya justicia dependía de a quién se aplicaba.

Y esa es una acusación que en Estados Unidos se paga en las urnas, porque los votantes perdonan muchas cosas antes que la sensación de haber sido usados. Los venezolanos sabemos algo de eso: nos pasamos veinte años escuchando denuncias de corrupción hechas por corruptos y proclamas de soberanía firmadas por quienes la vendían.

Trump entró a este laberinto con el argumento más fuerte que tenía. Ojalá encuentre rápidamente la salida, porque de la respuesta que dé no depende solo su suerte electoral. Depende también la credibilidad de todo el andamiaje que sostiene la transición venezolana: si la justicia fue un instrumento y no un principio, entonces lo que se está construyendo en Caracas descansa sobre una base más frágil de lo que nos están contando.

Alfredo Yánez Mondragón

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