Herederos
Los inmigrantes se encarcelan menos que los nacidos aquí desde 1870
La serie más larga disponible cubre siglo y medio y no registra un solo período en que los inmigrantes se encarcelaran más que los nacidos en Estados Unidos.
Mes Nacional de la Herencia Hispana
La asociación entre inmigración y delito es probablemente la afirmación más repetida y peor sostenida del debate público estadounidense. Existe una serie de datos de siglo y medio para contrastarla.
| Qué | Los inmigrantes registran tasas de encarcelamiento menores que las de los nacidos en Estados Unidos desde al menos 1870. |
| Quién | Investigadores de la Oficina Nacional de Investigación Económica; investigadores publicados en PNAS. |
| Cuándo | Serie de 150 años, desde 1870 hasta 2020. El estudio sobre Texas corresponde a 2020. |
| Dónde | Estados Unidos, con análisis específico de registros del estado de Texas. |
| Por qué | Es la base empírica que contradice el argumento más usado contra la presencia migrante. |
| Cómo | Censos históricos y registros administrativos de arrestos y condenas. |
La serie larga
Un estudio publicado por la Oficina Nacional de Investigación Económica reconstruyó las tasas de encarcelamiento de inmigrantes y de nacidos en el país a lo largo de ciento cincuenta años, desde 1870 —primer año con registro disponible— hasta la actualidad.
El resultado no admite matices de tendencia: en ningún período de esa serie los inmigrantes registraron tasas de encarcelamiento superiores a las de los nacidos en Estados Unidos.
En 2020, los inmigrantes tenían un 60% menos de probabilidad de estar encarcelados que las personas nacidas en el país, según ese mismo trabajo. Comparados específicamente con personas blancas nacidas en Estados Unidos, la diferencia era de 30% menos.
La brecha, además, se ha ampliado con el tiempo.
Los registros de Texas
Un estudio publicado en 2020 en las actas de la Academia Nacional de Ciencias analizó los registros administrativos de arrestos y condenas del estado de Texas, uno de los pocos que consigna el estatus migratorio de los detenidos.
Los resultados por cada mil habitantes: los inmigrantes, incluidos los que carecían de estatus regular, tenían aproximadamente la mitad de probabilidad de ser arrestados por delitos violentos que los nacidos en el país. Cerca del 40% en delitos de drogas. Alrededor del 25% en robo y delitos contra la propiedad.
Texas importa como caso porque es un estado fronterizo, con una de las mayores poblaciones inmigrantes del país y con una administración que no ha sido complaciente en materia de aplicación migratoria. Los datos son suyos.
Una advertencia sobre las fuentes
La serie de datos más citada en este terreno la produce el Cato Institute, que publica estimaciones anuales de tasas de encarcelamiento por estatus migratorio. Sus cifras para 2024 sitúan la tasa en 1.195 por cada 100.000 entre nacidos en Estados Unidos, 674 entre inmigrantes en situación irregular y 303 entre inmigrantes con estatus legal.
El Cato Institute es un centro de investigación con posición declarada a favor de la apertura migratoria. Sus cifras van en la misma dirección que las académicas y sirven como confirmación, pero el peso argumental de esta nota descansa en el estudio de ciento cincuenta años y en el trabajo publicado en PNAS, ambos con revisión de pares.
Lo que estos datos no resuelven
Las tasas agregadas no dicen nada sobre casos individuales. Cada delito cometido por una persona inmigrante existe, tiene víctimas y merece la misma respuesta institucional que cualquier otro.
Tampoco explican por qué la brecha existe. Las hipótesis disponibles —autoselección de quien emigra, aversión al riesgo de perder el estatus, estructura de edades, composición familiar— son plausibles y no están resueltas.
Lo que sí establecen, con la serie más larga disponible y con registros administrativos independientes, es que la premisa contraria no tiene sustento empírico en ningún tramo de siglo y medio.
Por qué está en este especial
Una comunidad a la que se le atribuye una propensión delictiva que los datos no respaldan carga con un costo que no es simbólico. Ese costo se traduce en política pública, en presupuesto de aplicación, en trato cotidiano y en la disposición del resto del país a considerarla parte de sí.
La herencia hispana incluye también eso: haber sostenido durante siglo y medio una acusación que los propios registros del país desmienten.
Fuentes principales: National Bureau of Economic Research, estudio sobre tasas de encarcelamiento de inmigrantes a lo largo de 150 años (Abramitzky, Boustan, Pérez y otros), difundido también por el Migration Policy Institute. Proceedings of the National Academy of Sciences, estudio de 2020 sobre registros de arrestos en Texas. Cato Institute, serie anual de tasas de encarcelamiento por estatus migratorio, identificado como centro con posición declarada.
Alfredo Yánez
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Contar hispanos en el Congreso exige decidir quién cuenta como hispano
El Servicio de Investigación del Congreso cuenta 56 miembros hispanos e incluye a tres de ascendencia portuguesa. NALEO cuenta 52. La diferencia no es un error.
Mes Nacional de la Herencia Hispana
La pregunta parece simple y no tiene una respuesta única. Tres conteos institucionales del mismo Congreso dan tres cifras distintas, y la razón de la diferencia dice más que cualquiera de ellas.
| Qué | Los conteos oficiales de miembros hispanos del Congreso 119 varían entre 52 y 58 según la metodología. |
| Quién | El Servicio de Investigación del Congreso; NALEO; el Instituto de Política y Políticas Latinas de UCLA. |
| Cuándo | Congreso 119, iniciado el 3 de enero de 2025. Perfil actualizado al 4 de agosto de 2025. |
| Dónde | Cámara de Representantes y Senado de Estados Unidos. |
| Por qué | La medición de la representación depende de una definición de identidad que no es unívoca. |
| Cómo | Cada entidad aplica su propio criterio sobre quién se contabiliza como miembro hispano o latino. |
Tres cifras para el mismo Congreso
El Servicio de Investigación del Congreso, en su perfil de la membresía del Congreso 119 actualizado al 4 de agosto de 2025, registra 56 miembros hispanos o latinos: 50 en la Cámara, incluidos dos delegados y el comisionado residente de Puerto Rico, y seis en el Senado. El mismo informe señala que el Congreso 119 comenzó con 58.
La Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Electos y Designados contabilizó 52: 45 en la Cámara y siete en el Senado.
Ninguna de las dos se equivoca. Miden cosas distintas.
Dónde está la diferencia
El informe del Servicio de Investigación del Congreso incluye una nota al pie que resuelve buena parte del enigma: su cifra comprende a tres representantes de ascendencia portuguesa que pertenecen al Caucus Hispano del Congreso o a la Conferencia Hispana del Congreso.
Es decir, el criterio no es de origen nacional sino de afiliación declarada. El propio informe advierte que otros estudios sobre la composición del Congreso pueden diferir por variaciones en la recolección o caracterización de los datos.
La otra fuente de variación es temporal. Un senador hispano renunció en enero de 2025 para asumir como secretario de Estado, lo que redujo el conteo respecto del inicio de la legislatura.
Lo que sí es consistente
Bajo cualquier metodología, dos movimientos coinciden.
La representación hispana en la Cámara bajó de 48 a 45 tras las elecciones de 2024. En el Senado subió a siete, cifra récord, con las victorias de Ruben Gallego en Arizona y Bernie Moreno en Ohio. La composición partidista de los senadores latinos pasó de tres demócratas y dos republicanos a cuatro demócratas y tres republicanos.
Y hay una serie histórica que no admite lecturas alternativas. Desde 1822, cuando el delegado Joseph Marion Hernández de Florida se convirtió en el primer hispano en servir en el Congreso, 170 hispanos han ocupado escaños como representantes, delegados, comisionados residentes o senadores. Hace cuarenta años, en el Congreso 99, servían catorce.
La cifra que ordena el rubro
El dato más revelador no está en el Congreso sino debajo de él. Según el Instituto de Política y Políticas Latinas de UCLA, los latinos ocupan cerca del 2% de todos los cargos electos del país, siendo aproximadamente una quinta parte de la población.
El Congreso es la punta visible de una pirámide. Debajo hay concejos municipales, juntas escolares, comisiones de condado, legislaturas estatales. Ahí es donde se decide qué se enseña, cómo se zonifica, cuánto se cobra y a quién se atiende. Y ahí la proporción es de uno cada cincuenta.
Conviene consignar que UCLA LPPI y NALEO son organizaciones con posición declarada sobre representación latina. La cifra de 170 miembros desde 1822 y el perfil del Congreso 119 proceden de fuentes institucionales del propio Congreso.
El fondo del asunto
Un país que dedica un mes a celebrar una herencia mantiene simultáneamente tres formas distintas de contar a quienes la encarnan, y ninguna de las tres es incorrecta.
Eso no es un problema estadístico. Es la señal de que la categoría misma —quién es hispano en Estados Unidos y a partir de qué criterio— sigue sin resolverse en las instituciones que la usan para medir.
Fuentes principales: Congressional Research Service, Membership of the 119th Congress: A Profile, informe R48535, actualizado al 4 de agosto de 2025. Oficina de Historia, Arte y Archivos de la Cámara de Representantes, Hispanic Americans in Congress. National Association of Latino Elected and Appointed Officials, análisis de las elecciones de 2024. UCLA Latino Policy and Politics Institute, informe sobre composición del Congreso.
Herederos
Sotomayor aprendió a inyectarse sola a los siete años
Primera de treinta y una semblanzas. Sonia Sotomayor llegó a la Corte Suprema desde los Bronxdale Houses, y por el camino le devolvió el béisbol a un país.
Semblanza diaria · 01/31
Primera de treinta y una semblanzas de hispanos que cambiaron algo en Estados Unidos. Se publica una cada día, hasta el 15 de octubre de 2026.
| Qué | Sonia Sotomayor es la primera persona hispana y la tercera mujer en integrar la Corte Suprema de Estados Unidos. |
| Quién | Hija de padres puertorriqueños, criada en vivienda pública del Bronx. |
| Cuándo | Jueza federal desde 1992. En la Corte Suprema desde agosto de 2009. |
| Dónde | Nueva York primero, Washington D.C. después. |
| Por qué | Su trayectoria ilustra qué significa que una institución incorpore, tarde, una experiencia que no tenía. |
| Cómo | Fiscalía en Manhattan, tribunal de distrito, corte de apelaciones del Segundo Circuito, Corte Suprema. |
La aguja
Tenía siete años cuando le diagnosticaron diabetes tipo 1. En la casa había un problema práctico: su padre tenía las manos temblorosas y su madre trabajaba turnos de noche como enfermera. Alguien tenía que poner la inyección diaria, y a esa edad la niña decidió que fuera ella misma. Aprendió a calentar la aguja sobre la hornilla y a clavársela sola.
Dos años después su padre murió. Tenía nueve.
La familia vivía en los Bronxdale Houses, un complejo de vivienda pública del sur del Bronx. Su madre compró una enciclopedia a plazos, y esa enciclopedia fue durante años el único libro de consulta de la casa.
Conviene empezar ahí y no por la fecha de nacimiento, porque todo lo demás se entiende mejor desde esa escena: una niña que resuelve sola un problema que nadie más iba a resolver.
Princeton
Llegó a Princeton con beca y con la sensación, que ha descrito muchas veces, de ser una visitante en tierra ajena. Su inglés escrito no estaba al nivel de sus compañeros. Se pasó los veranos leyendo gramática y literatura infantil para reconstruir desde abajo lo que otros habían recibido en casa.
Se graduó summa cum laude y ganó el Premio Pyne, la mayor distinción que Princeton otorga a un estudiante de pregrado. De ahí fue a la Facultad de Derecho de Yale, donde llegó a editora de la revista jurídica de la escuela.
Su primer empleo fue en la fiscalía del distrito de Manhattan, procesando robos, homicidios y pornografía infantil. No eligió el camino cómodo del bufete corporativo, aunque después pasó por la práctica privada.
El día que devolvió el béisbol
En 1995 era jueza del tribunal federal de distrito del sur de Nueva York cuando le tocó el caso más impopular posible: la huelga de las Grandes Ligas, que llevaba meses y había cancelado la Serie Mundial de 1994 por primera vez en noventa años.
Sotomayor falló contra los propietarios, que habían impuesto unilateralmente nuevas condiciones laborales. La temporada se reanudó. Buena parte del país conoció su nombre ese día, y lo conoció por haber devuelto un deporte.
No es una anécdota lateral. Es una decisión de derecho laboral que restableció la obligación de negociar, y se puede leer como lo que fue: una jueza que le dijo a los dueños que no podían cambiar las reglas por su cuenta.
El ascenso
George H. W. Bush la nombró jueza de distrito en 1992. Bill Clinton la elevó a la corte de apelaciones del Segundo Circuito en 1998. Barack Obama la postuló a la Corte Suprema en 2009, y el Senado la confirmó en agosto de ese año.
Su confirmación no fue serena. Una frase suya de un discurso de 2001, sobre la posibilidad de que una jueza latina sabia llegara a mejores conclusiones que un hombre blanco sin esa experiencia vital, dominó buena parte de las audiencias. Sotomayor la matizó ante el Senado. La frase, sin embargo, quedó como uno de los debates más citados sobre qué aporta la biografía de un juez a su trabajo.
Lo que sigue haciendo
Escribe disidencias que se leen fuera del gremio, lo cual en un tribunal supremo no es común. Ha escrito libros infantiles. Sigue hablando públicamente de su diabetes, en un país donde millones de hispanos conviven con esa enfermedad y donde el acceso a la insulina es materia de política pública.
Y sigue contando lo de la enciclopedia a plazos.
Una herencia es algo que se recibe. Sotomayor no recibió nada de esto: lo construyó desde un apartamento de vivienda pública en el Bronx, con una aguja caliente y una madre que pagaba libros en cuotas.
Fuentes principales: Corte Suprema de Estados Unidos, biografías oficiales de los magistrados. Registro de audiencias de confirmación del Comité Judicial del Senado, julio de 2009. Cobertura documental del fallo de 1995 sobre la huelga de las Grandes Ligas, tribunal federal del distrito sur de Nueva York. Declaraciones públicas de la magistrada sobre su infancia y su diagnóstico.
Herederos
La proclamación celebra al hispano ciudadano y uniformado
El texto oficial que celebra la herencia hispana define a quién celebra: ciudadanos, militares, policías y agentes fronterizos. La delimitación está escrita.
Mes Nacional de la Herencia Hispana
Un mes conmemorativo no describe una comunidad: la define. El texto que lo proclama contiene esa definición, y conviene leerlo con atención.
| Qué | La proclamación de 2025 reconoció a los ciudadanos hispanoamericanos y destacó a quienes sirven en funciones militares, policiales y de seguridad fronteriza. |
| Quién | La Casa Blanca, autora del texto; los 70,1 millones de hispanos que el Censo contabiliza. |
| Cuándo | Firmada el 22 de septiembre de 2025, siete días después del inicio del período. |
| Dónde | Estados Unidos. |
| Por qué | La proclamación delimita a quién alcanza el reconocimiento oficial y a quién no. |
| Cómo | La Public Law 100-402 requiere una proclamación presidencial anual para que el mes se observe. |
El mes existe porque se firma
La ley de 1988 autoriza y solicita al presidente emitir cada año una proclamación designando el período del 15 de septiembre al 15 de octubre. Sin esa firma, no hay observancia proclamada. Desde 1990 todos los presidentes la han emitido.
La de 2025 se firmó el 22 de septiembre. El período había comenzado el 15.
Siete días de diferencia no constituyen por sí solos una declaración de nada. Las proclamaciones se firman con márgenes variables. Pero el dato consta y conviene registrarlo antes de leer el texto.
Qué dice el texto
La proclamación de 2025 reconoce las contribuciones de los «Hispanic-American citizens». Destaca a los patriotas hispanos que han servido en las líneas del frente militar, en las fuerzas del orden y en la seguridad fronteriza. Habla de defender la soberanía nacional y de proteger la bandera.
Cada uno de esos elementos es legítimo. Hay ciudadanos hispanos. Hay hispanos en las fuerzas armadas y en las agencias federales de seguridad. Su servicio existe y merece reconocimiento.
Lo que interesa aquí no es lo que el texto afirma, sino su perímetro.
El perímetro
Los 70,1 millones de personas que la Oficina del Censo contabiliza como población hispana incluyen ciudadanos por nacimiento, ciudadanos naturalizados, residentes permanentes, personas con estatus temporal, solicitantes de asilo y personas sin estatus regular.
La proclamación nombra a los ciudadanos. Y dentro de ellos, subraya a quienes portan uniforme.
Esa no es una descripción de la comunidad hispana en Estados Unidos. Es un recorte de ella, definido por dos criterios: estatus legal y función de servicio al Estado.
Un texto conmemorativo no obliga a nadie ni asigna presupuesto. Pero establece los términos oficiales de un reconocimiento, y esos términos dejan fuera a una parte sustancial de las personas cuyo aporte la propia proclamación celebra en abstracto.
El contexto de la firma
Durante el mismo período, otras cifras describen la relación del Estado con esa población.
Un análisis de datos de aplicación migratoria reportado por prensa especializada consigna 49.571 arrestos de ICE en julio de 2026, el total mensual más alto del segundo mandato, con un aumento cercano al 15% respecto de junio, y con más de la mitad de los detenidos sin condenas ni cargos pendientes. La cifra procede de un procesamiento de datos federales y conviene verificarla contra la fuente original antes de darla por definitiva.
La Oficina de Presupuesto del Congreso proyecta una migración neta de unas 570.000 personas para 2026, muy por debajo de proyecciones anteriores que rondaban los dos millones.
Y una encuesta del Pew Research Center de noviembre de 2025 registró que el 47% de los latinos consultados se sentía menos seguro en su zona a causa de las acciones de deportación.
Lo que queda
Una proclamación anual celebra la herencia hispana. Una política pública simultánea reduce la presencia hispana, la fiscaliza y la desplaza.
Ambas cosas ocurren bajo la misma firma y en el mismo calendario.
No hace falta atribuir intenciones para constatar la contradicción. Basta poner los dos documentos uno al lado del otro y leer las fechas.
Fuentes principales: Proclamación del Mes Nacional de la Herencia Hispana de 2025, firmada el 22 de septiembre de 2025. Public Law 100-402. U.S. Census Bureau, Facts for Features CB26-FF.07. Congressional Budget Office, proyecciones de migración neta. Pew Research Center, encuesta de noviembre de 2025. Datos de arrestos migratorios procesados por el Deportation Data Project, citados por prensa especializada.
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