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Herederos

Un senador de Illinois logró el mes que un congresista latino no pudo

El congresista latino que propuso el Mes de la Herencia Hispana vio morir su proyecto en comisión. El texto que se convirtió en ley lo firmó un senador de Illinois.

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ESPECIAL INCÍSOSHEREDEROSARCHIVO DEL ESPECIAL

Mes Nacional de la Herencia Hispana

La historia del mes hispano suele contarse como una conquista de la representación latina en el Congreso. El registro legislativo cuenta una versión menos redonda.

Qué El proyecto del congresista Esteban E. Torres para convertir la semana hispana en mes murió en comisión; prosperó el del senador Paul Simon.
Quién Esteban E. Torres, congresista por California; Paul Simon, senador por Illinois; Ronald Reagan y George H. W. Bush.
Cuándo 1987, proyecto de Torres. 1988, proyecto de Simon y firma de la ley. 14 de septiembre de 1989, primera proclamación mensual.
Dónde Cámara de Representantes y Senado de Estados Unidos.
Por qué Muestra cómo la representación simbólica y la capacidad legislativa efectiva no siempre coinciden.
Cómo El H.R. 3182 no salió de comisión; el S. 2200 pasó ambas cámaras y llegó a la firma presidencial.

Veinte años de una semana

Entre 1968 y 1988, el reconocimiento federal a la herencia hispana duraba siete días. Los presidentes emitían declaraciones y organizaban recepciones. El Caucus Hispano del Congreso aprovechaba la ventana para citar aportes de la comunidad, atraer atención mediática hacia sus prioridades legislativas y tejer contactos con organizaciones de base.

Siete días resultaban cortos para eso.

El proyecto que murió en comisión

En 1987, el congresista Esteban E. Torres, de California, presentó el H.R. 3182 para ampliar la semana a un mes. En sus intervenciones sostuvo que los promotores de la medida querían que el pueblo estadounidense conociera su herencia, y que esa herencia era un legado compartido con el resto del país, con artistas, escritores, campeones olímpicos y figuras de los negocios, el gobierno, el cine y la ciencia. Un mes, argumentó, permitiría observar y coordinar apropiadamente las actividades.

El proyecto de Torres no salió de comisión.

El proyecto que llegó a la firma

El senador Paul Simon, de Illinois, presentó en 1988 el S. 2200, un texto similar que enmendaba la ley de 1968. Ese sí atravesó el Congreso. Ronald Reagan lo firmó el 17 de agosto de 1988 como Public Law 100-402, que estableció el Mes Nacional de la Herencia Hispana y fijó el período de 31 días entre el 15 de septiembre y el 15 de octubre.

Hay un detalle final que la narración popular suele atribuir mal. Reagan firmó la ley, pero la primera proclamación de un mes completo no fue suya. La emitió George H. W. Bush el 14 de septiembre de 1989, mediante la Proclamación 6021. Desde 1990, todos los presidentes han emitido la proclamación anual.

Lo que el expediente deja ver

Dos legisladores presentaron esencialmente la misma idea con un año de diferencia. Uno era hijo de la comunidad que la medida buscaba reconocer y venía del estado con mayor población hispana del país. El otro no. El que llegó a la firma presidencial fue el segundo.

Nada en el registro indica que el proyecto de Torres fracasara por su origen. Los proyectos mueren en comisión por razones de calendario, de prioridades del liderazgo, de negociación entre cámaras. El expediente no permite afirmar más de lo que dice.

Pero sí permite ordenar los hechos. La ley de 1968 la impulsó un congresista de California; la ampliación de 1988 la logró un senador de Illinois; la primera proclamación mensual la firmó un presidente en 1989. Y el legislador latino que quiso poner su nombre en la ampliación no lo consiguió.

Es un antecedente útil para leer el mes que arranca cada 15 de septiembre. La conmemoración se hizo posible en instancias donde la comunidad celebrada tenía voz, pero no la última palabra.


Fuentes principales: Oficina de Historia, Arte y Archivos de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, reseña histórica sobre la creación y evolución de la conmemoración nacional de la herencia hispana. Library of Congress, guía legislativa del Mes Nacional de la Herencia Hispana. Public Law 100-402, 17 de agosto de 1988. Proclamación 6021, 14 de septiembre de 1989.

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Herederos

Nos están conjugando en pasado

La herencia es lo que queda de quien ya no está. Aplicar esa palabra a setenta millones de personas vivas hace un trabajo que conviene nombrar.

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ESPECIAL INCÍSOSHEREDEROSARCHIVO DEL ESPECIAL

Mes Nacional de la Herencia Hispana

Por Alfredo Yánez Mondragón
Fundador y editor en jefe

Durante un mes al año, este país celebra algo que llama herencia hispana. He pasado semanas revisando qué contiene exactamente esa palabra, y quiero detenerme en ella antes que en cualquier cifra, porque la palabra hace un trabajo que casi nadie mira.

Herencia es lo que queda de alguien que ya no está. Es un término del derecho sucesorio antes que del vocabulario cultural: el conjunto de bienes, derechos y obligaciones que una persona transmite al morir. Por extensión lo usamos para hablar del legado de civilizaciones que cumplieron su ciclo, de imperios que dejaron ruinas y lenguas, de generaciones que se fueron dejando algo detrás. En todos esos usos hay un elemento común, y es que el causante no está presente en la lectura del testamento.

La Oficina del Censo contabilizó setenta millones cien mil hispanos en este país. Una quinta parte de la población. Su edad mediana es de treinta y un años, en una nación que envejece y cuyos principales competidores económicos registran contracción de su fuerza laboral. Esa población no está en tránsito hacia el pasado. Está en la mitad de su curva, y crece cada vez más por nacimientos dentro de estas fronteras que por llegadas desde fuera, lo cual significa que una proporción creciente de esos setenta millones son ciudadanos estadounidenses desde el primer día de su vida.

A eso se lo llama herencia. Y ahí está la operación.

Conjugar en pasado no es un adorno del lenguaje. Es una decisión sobre el estatus de aquello que se nombra. Lo que se declara legado sale automáticamente de ciertas conversaciones. Un legado no compite por presupuesto: se conmemora. No reclama escaños: se exhibe. No exige medición: se agradece. Al pasado se le agradece; con el presente hay que negociar. Y esa diferencia, que parece de matiz, es en realidad una diferencia de derechos.

Miren lo que ocurrió mientras yo revisaba los rubros de este especial, uno por uno, sin buscar un patrón. El museo nacional dedicado a la historia latina fue creado por ley hace casi seis años, tiene director, tiene junta, tiene colección, y no tiene edificio; su apertura se calcula a diez o doce años vista, y en el presupuesto presidencial de un año reciente no apareció un solo dólar para él. Las seiscientas treinta y una universidades que gradúan a dos tercios de los universitarios latinos del país vieron redistribuido el financiamiento que el Congreso ya les había asignado, doscientos veintinueve millones, invocando un cuestionamiento constitucional. La representación hispana en la Cámara de Representantes bajó de cuarenta y ocho a cuarenta y cinco. Los actores latinos ocuparon menos del tres por ciento de los papeles protagónicos del cine estadounidense, mientras la población latina es el veintiuno por ciento del país. Y cerca de dieciocho millones de adultos hispanos quedaron fuera de la fuerza laboral, más de un millón que doce meses antes.

Cinco rubros distintos, cinco instituciones distintas, y el mismo verbo: contraerse.

No afirmo que exista un plan. No tengo documento que lo pruebe y no voy a inventarlo; este especial se construyó sobre la regla de no publicar lo que no se puede sostener. Lo que sí puedo afirmar es que hay una coincidencia y que tiene una lógica interna reconocible. La celebración y la contracción no se contradicen entre sí. Se complementan. Se celebra en septiembre precisamente aquello que se está retirando el resto del año, y la celebración cumple una función: convierte el retiro en clausura ordenada. Un homenaje es la manera elegante de dar por concluido algo.

Ahí está el cerco. No consiste en prohibir la presencia hispana, que sería inviable con setenta millones de personas y además ilegal. Consiste en reclasificarla. En moverla del presente al pasado por vía del vocabulario, y celebrarla con entusiasmo justamente para poder hacerlo. Un mes de reconocimiento no es lo contrario del desplazamiento. Puede ser su forma más eficiente, porque desarma la protesta antes de que se formule: quién va a quejarse de que lo homenajeen.

Hace muchos años, cuando consideré seriamente una vocación religiosa, leí con atención a Agustín de Hipona. En el libro undécimo de sus Confesiones se pregunta qué es el tiempo, y llega a una conclusión que nunca me abandonó: que hablar de tres tiempos es impreciso, porque en rigor existen tres presentes. El presente de las cosas pasadas, que es la memoria. El presente de las cosas presentes, que es la atención. Y el presente de las cosas futuras, que es la espera. Los tres ocurren ahora. Ninguno está en otro lugar.

Traduzco. Ni siquiera el pasado es pasado; existe solamente como una operación que alguien realiza en este momento. Y si eso es cierto, entonces llamar herencia a una comunidad viva no la envía a ningún sitio. La mantiene aquí, presente, y deja al descubierto que quien la nombra así está haciendo algo ahora, con un propósito de ahora.

Por eso este especial no se llama Herencia. Se llama Herederos.

Una herencia es un objeto. Un heredero es una persona con derecho a reclamar. Un objeto se cataloga, se guarda, se exhibe en la sala que el presupuesto permita, y si el presupuesto no alcanza se guarda en depósito y no protesta. Un heredero se presenta ante el tribunal con la escritura en la mano.

La escritura existe. San Agustín se fundó en mil quinientos sesenta y cinco, cuarenta y dos años antes que Jamestown. La capital más antigua de este país se llama Santa Fe. En mil ochocientos cuarenta y ocho México cedió el cincuenta y cinco por ciento de su territorio y la gente que vivía allí no emigró a ninguna parte: la frontera se movió y el tratado los hizo ciudadanos sin que tuvieran que mudarse de casa. Y durante treinta años, la primera constitución de California ordenó publicar todas las leyes del estado en inglés y en español, disposición que sus delegados aprobaron sin oposición y a la que deliberadamente no le pusieron plazo, porque no la entendían como un acomodo transitorio.

Nada de eso es herencia recibida. Es sustrato. Lo que llegó después a esos lugares fue Estados Unidos.

De modo que quiero terminar donde empecé, con la gramática, porque el asunto es más simple de lo que parece y quiero dejarlo dicho sin ornamento.

No somos lo que este país recibió. Somos parte de lo que este país es, hoy, en presente de indicativo. Cuatro billones cuatrocientos mil millones de dólares de producción corriente no son un legado de nadie: se generaron este año, con manos que están trabajando ahora mismo mientras usted lee esto. Y a un heredero se le puede negar la casa, se le puede retrasar la lectura del testamento, se le puede regatear la partida presupuestaria durante diez o doce años.

Lo que no se le puede hacer es declararlo muerto para simplificar el trámite.


Alfredo Yánez Mondragón es periodista con más de dos décadas de ejercicio y autor de más de veinte títulos publicados. Su libro Entra en ti recoge parte de su lectura de Agustín de Hipona.

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Herederos

El calendario latinoamericano fijó la fecha del mes hispano

Washington no eligió el 15 de septiembre. La ley de 1968 obligó a que la semana incluyera esa fecha porque cinco países centroamericanos celebran allí su independencia.

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Mes Nacional de la Herencia Hispana

El único mes conmemorativo federal que parte dos meses del calendario lo hace porque la fecha estaba tomada antes de que la ley existiera.

Qué El Mes Nacional de la Herencia Hispana empieza el 15 de septiembre porque la ley de 1968 exigió que el período incluyera esa fecha y la del 16.
Quién El congresista George E. Brown, de California, autor de la resolución; el presidente Lyndon B. Johnson, que la firmó.
Cuándo 11 de junio de 1968, presentación de la resolución. 17 de septiembre de 1968, firma de la ley.
Dónde Congreso de Estados Unidos.
Por qué El 15 de septiembre concentra las independencias de cinco países centroamericanos, y el 16 la de México.
Cómo La Public Law 90-498 no fijó un mes ni un día: obligó a que la semana proclamada contuviera ambas fechas.

Una resolución escrita alrededor de una fecha ajena

El 11 de junio de 1968, el congresista George E. Brown, de California, presentó junto a 19 copatrocinantes la resolución conjunta H.J. Res. 1299. Su texto autorizaba y solicitaba al presidente que proclamara anualmente, como Semana Nacional de la Herencia Hispana, la semana que incluyera el 15 y el 16 de septiembre.

La formulación es precisa y vale detenerse en ella. La ley no designó un día. Designó una condición: cualquiera que fuera la semana, tenía que contener esas dos fechas. El calendario mandaba sobre el legislador.

Johnson firmó la resolución como Public Law 90-498 el 17 de septiembre de 1968 y emitió ese mismo día la Proclamación 3869, la primera del ciclo.

Qué hay en esas dos fechas

El 15 de septiembre es el aniversario de independencia de cinco países: Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, que la declararon en 1821 mediante un acta común. El 16 de septiembre corresponde a México, cuyo proceso de independencia arrancó en 1810.

En su proclamación, Johnson se refirió a los cinco países centroamericanos como vecinos y reconoció explícitamente a México.

Dos fechas más quedan dentro del período sin haber sido nombradas en la ley original. El 18 de septiembre es la fecha de Chile, también de 1810. Y Belice, que se independizó del Reino Unido el 21 de septiembre de 1981, se incorporó después a la lista de naciones celebradas durante el período.

La razón por la que el mes parte dos meses

Cuando en 1988 el Congreso amplió la semana a un período de 31 días, la restricción original no desapareció: se estiró. La Public Law 100-402 fijó el período que comienza el 15 de septiembre y termina el 15 de octubre.

De ahí el resultado que desconcierta a quien lo mira por primera vez. El único mes conmemorativo federal que no coincide con un mes del calendario es el hispano. Ocupa quince días de septiembre y quince de octubre porque el punto de partida no era negociable.

Lo que la mecánica revela

La lectura habitual describe el mes como un reconocimiento que Estados Unidos concedió a su población hispana. La mecánica legislativa cuenta algo distinto. La fecha no salió de una decisión estadounidense sobre cuándo convenía celebrar. Salió de un calendario que ya existía en otro hemisferio, con sus propias efemérides, y que el Congreso incorporó tal como estaba.

La conmemoración se acomodó a las independencias latinoamericanas. No al revés.


Fuentes principales: Texto de la H.J. Res. 1299, 90.º Congreso, y de la Public Law 90-498, 82 Stat. Proclamación 3869 de Lyndon B. Johnson, 17 de septiembre de 1968. Library of Congress, guía legislativa del Mes Nacional de la Herencia Hispana. Public Law 100-402. Archivos de la Cámara de Representantes de Estados Unidos.

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Herederos

El asentamiento más antiguo del país se fundó en español

El Servicio de Parques Nacionales reconoce a San Agustín como el asentamiento europeo continuamente ocupado más antiguo del país. Se fundó medio siglo antes que Plymouth.

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Mes Nacional de la Herencia Hispana

La cronología escolar estadounidense empieza en Jamestown y Plymouth. El registro del Servicio de Parques Nacionales empieza antes, y en otro idioma.

Qué El asentamiento europeo continuamente ocupado más antiguo de los Estados Unidos continentales es San Agustín, fundado en 1565.
Quién Pedro Menéndez de Avilés, por comisión del rey Felipe II; Pedro de Peralta, fundador de Santa Fe.
Cuándo 8 de septiembre de 1565, San Agustín. 1610, Santa Fe.
Dónde Costa noreste de Florida y norte de Nuevo México.
Por qué Sitúa la presencia hispana como anterior a la fundación del país, no como aporte posterior.
Cómo Ambos asentamientos permanecen habitados sin interrupción desde su fundación, criterio con el que se mide la antigüedad.

Cuarenta y dos años antes de Jamestown

El 8 de septiembre de 1565, Pedro Menéndez de Avilés fundó San Agustín en la costa noreste de Florida, por comisión del rey Felipe II. El Servicio de Parques Nacionales lo consigna como el asentamiento europeo continuamente ocupado más antiguo de los Estados Unidos continentales.

Las dos referencias que estructuran la cronología escolar del país llegaron después. Jamestown se fundó en 1607, cuarenta y dos años más tarde. Los peregrinos desembarcaron en Plymouth en 1620, cincuenta y cinco años más tarde.

España había fracasado seis veces antes de conseguirlo. La séptima expedición prosperó por una razón militar concreta: los franceses habían levantado una colonia cerca de la actual Jacksonville y amenazaban las rutas de la flota española. Menéndez llegó con unos 600 colonos para eliminar esa amenaza.

El criterio y su matiz

La formulación oficial contiene dos calificativos que conviene no perder de vista: continuamente ocupado y continental.

El primero excluye asentamientos anteriores que fracasaron o se abandonaron. El segundo excluye territorios insulares bajo jurisdicción estadounidense. Y ahí aparece el matiz que casi nunca se menciona: dentro de territorio bajo jurisdicción de Estados Unidos existe un asentamiento europeo continuamente ocupado más antiguo que San Agustín, y está en Puerto Rico.

La precisión no debilita el argumento. Lo extiende.

La capital más antigua se llama Santa Fe

En 1610, el gobernador Pedro de Peralta estableció la capital de la provincia de Santa Fe de Nuevo México con su nombre completo: La Villa Real de la Santa Fe de San Francisco de Asís. El Servicio de Parques Nacionales la identifica como la capital más antigua de Estados Unidos.

Se trazó sobre una retícula alrededor de una plaza central, el mismo esquema básico que la ciudad conserva. El Palacio de los Gobernadores, levantado en esos años, sigue en pie y funciona hoy como parte del Museo de Historia de Nuevo México.

Santa Fe ha sido capital bajo banderas sucesivas: el reino español de Nuevo México, la provincia mexicana, el territorio estadounidense desde 1848 y el estado desde 1912. La sede no cambió. Cambiaron los gobiernos que la ocuparon.

Qué hace esta cronología con el argumento

La conmemoración que arranca cada 15 de septiembre se apoya en un supuesto tácito: que existe una casa estadounidense y que los hispanos aportaron algo a ella. Ese supuesto ordena la conversación completa. Define quién es anfitrión y quién invitado, quién concede el reconocimiento y quién lo recibe.

La cronología documentada complica ese reparto. En San Agustín y en Santa Fe se estaba gobernando, bautizando, comerciando y levantando edificios que siguen en pie mucho antes de que existiera el país que hoy dedica un mes a reconocerlo.

No convierte a nadie en dueño de nada. La historia de esos mismos asentamientos incluye conquista, imposición religiosa y la Revuelta Pueblo de 1680, que expulsó a los colonos españoles de Santa Fe durante doce años. No hay épica que reclamar ahí.

Pero sí desarma la premisa del invitado. Lo que llegó después a estos dos lugares fue Estados Unidos.


Fuentes principales: National Park Service, registros históricos de San Agustín y de Santa Fe. Ciudad de San Agustín, Florida, historia oficial. Florida Department of State, División de Recursos Históricos. Museo de Historia de Nuevo México, Palacio de los Gobernadores.

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