Inciso
La institucionalidad que se quedó afuera
Convocaron a la prensa y luego dijeron que solo fotógrafos. La palabra institucionalidad estaba en el glosario de esa misma reunión.
Por Alfredo Yánez Mondragón
Este jueves 6 de agosto de 2026 se instaló finalmente la mesa. Del lado que dice representar a la Asamblea Nacional electa en 2015, el equipo que encabeza Dinorah Figuera. Del otro, la delegación del gobierno con Jorge Rodríguez como coordinador.
Lo que van a hacer ahí, según ellos mismos, es ayudar a reinstitucionalizar el país. La palabra institucionalidad forma parte del glosario de esta mesa. Aparece en los comunicados, en el respaldo del Departamento de Estado y en las palabras de la propia Figuera, que escribió ese día que instalaban el proceso que marcará la ruta hacia la democracia y la reinstitucionalización de Venezuela.
Y entonces convocaron a la prensa para la una de la tarde en La Carlota.
Casi a medianoche avisaron que la convocatoria era solo para fotógrafos. Que no habría declaraciones. Al equipo de Venevisión no lo dejaron acreditarse. Los canales no podían transmitir. No hubo espacio para preguntas.
Foto sí. Palabra no.
Quiero detenerme aquí, porque me parece que este es exactamente el punto, y los anteriores eran solamente contexto.
Una institución no es un edificio ni un membrete. Es un conjunto de reglas que sobreviven a las personas que las ejecutan. Y el periodismo —con todos sus defectos, que son muchos y los conozco desde adentro— es una de esas instituciones. No porque los periodistas seamos importantes: no lo somos. Sino porque el derecho de una sociedad a preguntar es lo que convierte un acto de poder en un acto público.
Cuando alguien se sienta a rediseñar el Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Supremo de Justicia, y decide en esa misma jornada que nadie puede preguntar nada, no está cometiendo un error de logística. Está enunciando un criterio.
Y el criterio es este: la institucionalidad que nos interesa es la que se decide adentro; la que se ejerce afuera, no.
Lo que más me inquieta no es el hermetismo de un día. Es el meta-mensaje.
Porque este país lleva veintisiete años aprendiendo que la información se administra. Que hay un canal oficial y que ese canal es suficiente. Que la pregunta incómoda es un obstáculo del proceso y no parte del proceso. Que si el resultado es bueno, el método da igual.
Y ahora resulta que quienes vienen a corregir eso empiezan aplicando el mismo manual.
Sé lo que se responde, porque ya lo escuché: que era una primera reunión, que había que proteger la conversación, que la negociación exige discreción. Y admito que en una negociación hay etapas que no se transmiten en vivo. Eso es cierto y no lo discuto.
Lo que no acepto es la sustitución.
Y hay algo más, que supe después de empezar a escribir esta columna y que la vuelve más difícil de responder.
Dos semanas antes de la instalación, una comisión de esa misma delegación contactó al Colegio Nacional de Periodistas. Se reunieron hora y media. El tema fue la libertad de expresión y el ejercicio libre del periodismo, con la petición expresa de que entrara en la agenda de la mesa. El gremio lo hizo público el 4 de agosto y respaldó el proceso.
Dos días después cerraron la puerta.
No estoy diciendo que se hayan burlado de nadie. Estoy diciendo que no fue un descuido por desconocimiento. Alguien de ese equipo dedicó noventa minutos a escuchar por qué la libertad de prensa importa, y cuarenta y ocho horas más tarde el equipo decidió que los periodistas no entraban.
Eso no se arregla explicando. Se arregla haciéndolo distinto la próxima vez.
Porque no es que no hubiera comunicación ese día. La hubo.
Los periodistas Rory Branker y Gabriel Bastidas reportaron que, mientras algunos reporteros gestionaban acceso para hacer su trabajo, la delegación se reunió con el creador de contenido conocido como Kilómetro. Hay fotografía de ese encuentro.
Quiero ser muy claro en algo, porque en Venezuela todo se convierte en linchamiento y no es lo que busco: no tengo nada contra ese muchacho. Hace contenido, lo hace bien, y si lo invitan, va. Yo también iría. Lo que me interesa no es quién entró, sino quién decidió quién entra.
Y esa decisión dice algo. Hubo mensaje, hubo publicación, hubo relato. Lo que no hubo fue nadie con la obligación profesional de hacer la segunda pregunta.
Ese es el patrón que conviene vigilar: cuando se cierra el canal que repregunta y se deja abierto el que solo difunde, la información sigue circulando. Circula sin resistencia. Se eligió, sin decirlo, el canal que no incomoda.
Ahí está el fondo del asunto. No se trata de que la prensa tenga privilegios: no los tiene ni debe tenerlos. Se trata de que la función que cumple —insistir, contrastar, volver sobre lo que quedó sin responder— no la cumple nadie más. Un influencer puede tener más audiencia que un diario, y con frecuencia la tiene. Lo que no tiene es la obligación profesional de hacer la segunda pregunta.
Y la segunda pregunta es toda la diferencia.
He escrito estos meses sobre trece mil millones de dólares que se cobraron y trescientos que se reportaron. Sobre treinta mil doscientas seis actas que salieron de máquinas de un organismo que después no las reconoció. Sobre ciento cuarenta y seis deportados que llegaron horas antes del terremoto y de los que nadie ha publicado la lista.
Los tres casos tienen la misma forma: existe un papel, alguien lo tiene, y no lo enseña.
Lo de este jueves es la versión anticipada de eso. No es que hayan escondido un documento: es que se instaló, desde el primer día, el hábito de que preguntar no forma parte del procedimiento.
Y aquí viene lo que de verdad quiero plantear, y lo planteo como pregunta abierta porque no tengo la respuesta.
Si esto es lo que ocurre en la reunión inaugural del proceso que va a rediseñar el árbitro electoral de Venezuela, ¿qué institucionalidad estamos construyendo?
¿Una nueva? ¿O la misma con otros nombres?
Porque el chavismo no destruyó las instituciones venezolanas de un golpe. Las vació. Mantuvo los edificios, los cargos y los membretes, y fue retirando de a poco lo que las hacía funcionar: la independencia, el contrapeso, la obligación de responder. Al final quedaron las formas.
Yo quiero creer que esto es distinto. Quiero creer que es un error de una tarde, que alguien lo corrija y que la próxima reunión tenga sala de prensa.
Pero no lo voy a dar por hecho. Y lo voy a preguntar cada vez.
Porque una transición se mide en resultados, sí. También se mide en hábitos. Y el hábito que se instaló este 6 de agosto, en la primera sesión, con la palabra reinstitucionalización en todos los comunicados, fue el de decidir a puerta cerrada.
Que la próxima vez entre la prensa. No por nosotros.
Por lo que significa que pueda entrar.
Alfredo Yánez
9 libros que te cambian la perspectiva
Finanzas, emprendimiento, migración y más — disponibles en Amazon
VER LIBROS →Inciso
Se fue la luz donde se vendía la energía
El país con más petróleo del mundo no pudo mantener encendida la sala donde se hablaba de su energía. Un Inciso sobre una paradoja que no es accidente.
INCISO · ALFREDO YÁNEZ MONDRAGÓN
Dos cortes de electricidad en la cumbre que debía convencer al mundo de invertir en la energía venezolana. No fue un accidente de la cumbre. Fue su mejor resumen.
El martes 29 de septiembre de 2026, en un salón del JW Marriott de Caracas, cientos de ejecutivos de la industria energética escuchaban por qué este es el momento de invertir en Venezuela. Y se fue la luz. Dos veces.
Hasta la planta del hotel, según reportó un medio internacional, cedió ante los bajones. Por unos momentos, la cumbre que debía vender la energía venezolana al mundo se quedó sin energía.
Sería fácil contarlo como anécdota. No lo es.
La paradoja completa
Venezuela tiene las mayores reservas probadas de petróleo del planeta. Quema en mechurrios gas que podría convertirse en electricidad. Y aun así arrastra, según Reuters, un déficit de más de 1.500 megavatios, con regiones que pasan hasta 10 horas diarias sin luz. Niños que no llegan a la escuela, negocios que no abren, noches enteras sin dormir por el calor.
Esa semana, por un rato, los ejecutivos vivieron lo que el venezolano vive a diario. La diferencia es que ellos se van el jueves.
La isla de luz
Hay una norma de enero que exige a los nuevos proyectos energéticos generar su propia electricidad. Tiene lógica para quien invierte: nadie pone un pozo a depender de una red que falla. Pero conviene ver el país que dibuja esa regla si se queda sola: un pozo iluminado y, al lado, una escuela a oscuras. Islas de luz para el negocio en un mar de apagones para la gente.
Eso no es recuperación. Es un enclave.
Lo que falta
La pregunta que conviene hacer es simple: ¿qué falta, exactamente, para que pase?
No faltan permisos: Washington renovó las licencias un día antes de la cumbre. No falta interés: sobraron ejecutivos y hubo lista de espera. Falta lo menos vistoso y lo más difícil. Falta quién pague el mantenimiento que no se hizo en años. Falta quién responda cuando no lleguen los 4.800 megavatios prometidos para fin de año. Falta que el gas que hoy se quema encienda casas antes que titulares.
La luz volvió al salón. En buena parte del país, esa misma noche, no volvió.
Ese es el tamaño de la paradoja: el petróleo puede atraer al mundo a Caracas, pero no puede, por sí solo, encender Venezuela. Para eso hacen falta instituciones que funcionen, y esas no se importan en un memorando.
Fuentes principales: Reuters, 30 de septiembre de 2026; Diario Las Américas, 30 de septiembre de 2026; Infobae (con EFE), 30 de septiembre de 2026.
Inciso
Pasos en alguna dirección
Los gestos se agradecen. Lo que mide una transición es si se convierten en reglas que nadie puede retirar.
INCISO
Excarcelaciones, desbloqueos, una amnistía y ahora la reforma de la ley contra el odio. Cada paso cuenta. Lo que todavía no se sabe es si caminan hacia algún lugar o en círculo.
En noviembre de 2017, la Asamblea Nacional Constituyente aprobó por unanimidad la ley contra el odio. La presidía Delcy Rodríguez. Nueve años después, el 28 de septiembre de 2026, la presidenta encargada Delcy Rodríguez firmó un oficio para pedir que se despenalicen las conductas que esa ley castiga. Con urgencia.
Sería fácil quedarse en la ironía. Prefiero la pregunta que la ironía esconde: hacia dónde van estos pasos.
Porque son varios. Desde enero salieron presos políticos, aunque a cuentagotas y sin lista pública. Hubo una ley de amnistía. Se desbloquearon decenas de dominios, aunque otros tantos siguen cerrados. Se habla de elecciones, aunque sin fecha. Y ahora, una reforma para que opinar deje de ser un delito con pena de homicidio.
Cada uno de esos pasos cambió la vida de alguien. Eso no se discute ni se desprecia. Pero todos comparten un rasgo: fueron concedidos. Llegaron por decisión de quien gobierna, en el momento que eligió y en la medida que quiso. Y lo que se concede por voluntad se puede retirar por voluntad.
Una transición no se reconoce por la cantidad de gestos, sino por el momento en que los gestos se convierten en reglas. Cuando un preso sale porque la ley lo ordena y no porque alguien lo decidió esa semana. Cuando un medio publica sin calcular si lo van a bloquear. Cuando un partido existe sin que un funcionario pueda declararlo promotor del odio.
La reforma de la ley contra el odio puede ser eso o puede ser otra concesión. Lo sabremos por el texto: si despenaliza de verdad, si ordena revisar cada causa, si elimina las herramientas contra medios y partidos. Y lo sabremos por la forma: si se discute a la vista de quienes documentaron a sus víctimas, o se aprueba en familia.
Vladimir Petit escribió que una transición se mide por lo que el país puede preguntar sin miedo. Añado algo menos elegante: también se mide por lo que el país puede decir sin que alguien tenga que autorizarlo primero.
Los pasos se agradecen. La dirección todavía hay que exigirla.
Alfredo Yánez Mondragón
Fuentes principales: Oficio de Delcy Rodríguez, 28 de septiembre de 2026.
Inciso
Palos de golf prestados en un país que paga cisternas
La reconstrucción se anuncia en el Country Club. La vida diaria se resuelve con cisternas.
INCISO
Para recibir a los ejecutivos del petróleo hubo que salir a buscar palos de golf. Para recibir agua, en Coro, en Margarita y en tantos otros lugares del país, hay que pagar una cisterna.
El lunes 28 de septiembre de 2026, decenas de ejecutivos petroleros jugaron un torneo de golf en el Caracas Country Club, la víspera de una cumbre de petróleo y gas con entradas agotadas: 650 asistentes y 150 en lista de espera. Los organizadores contaron a Bloomberg que días antes estaban en pánico. Tuvieron que llamar a todos los clubes y tiendas de la ciudad, pedir prestados juegos de palos y comprar otros. Caracas tiene tres clubes privados de golf y ningún campo público. «Muy pocos venezolanos juegan golf», explicó la dueña de la tienda que los sacó del apuro.
Ese mismo lunes, vecinos de Coro denunciaban dos meses sin agua y la obligación de pagar cisternas para llenar los tanques de sus casas. No es una excepción ni una emergencia pasajera: en Margarita, y en muchos otros lugares del país, pagar un camión de agua es desde hace años una partida más del presupuesto familiar.
No hay nada reprochable en que unos ejecutivos jueguen golf. Los negocios se hacen también así, y Venezuela necesita inversión. Lo que la escena retrata es otra cosa: la distancia entre el país que se anuncia y el país que se vive.
El país que se anuncia tiene 100.000 millones de dólares prometidos para el petróleo, licencias renovadas cada mes en Washington, una cumbre con lista de espera y un torneo para abrir el apetito. El país que se vive produce 1,2 millones de barriles diarios, menos de la mitad de lo que producía en los noventa, sufre apagones que sacan a la gente a la calle y compra agua por camión.
Las dos imágenes caben en la misma semana porque la reconstrucción empezó por arriba. Primero los contratos, después las reglas; primero el crudo, después la luz y el agua. Es un orden defendible si los beneficios bajan. El problema es que nadie ha explicado cómo ni cuándo.
Mientras tanto, conviene recordar la frase de la tienda de golf. Muy pocos venezolanos juegan golf. Casi todos, en cambio, saben lo que cuesta una cisterna.
Alfredo Yánez Mondragón
Fuentes principales: Bloomberg vía Bloomberg Línea y La República, 28 de septiembre de 2026; La Patilla, 28 de septiembre de 2026.
-
Entrevistas4 meses agoZair Mundaray: «Enfrenté al poder con ciencia»
-
Política3 meses agoDelcy Rodríguez enfrenta a la prensa internacional: la rueda de prensa que no cerró la brecha
-
Política4 meses agoEl economista, los bonos y Citgo
-
Política3 meses agoEl semáforo de las estructuras: qué significa cada color tras el terremoto
-
Política5 meses agoRoberto Smith Perera: «La reconstrucción no puede esperar a la elección»
-
Especiales4 meses agoMedia vuelta… mar.
-
Inciso1 mes agoMárquez sabe qué pasó el 28 de julio
-
Inciso5 meses agoLa paciencia de Washington
