Especiales
Trump y Milei muestran qué pasa cuando el outsider llega al poder
El antiestablishment es formidable para llegar y frágil para durar. Trump y Milei lo prueban en tiempo real.
Ficha 6W
| Pregunta | Respuesta |
|---|---|
| Qué | Dos outsiders en ejercicio del poder que ilustran fases distintas del ciclo antiestablishment. |
| Quién | Donald Trump, presidente de EE.UU.; Javier Milei, presidente de Argentina. |
| Cuándo | Junio de 2026, con datos de aprobación de los primeros meses del año. |
| Dónde | Estados Unidos y Argentina; el votante hispano estadounidense como foco. |
| Por qué | Muestran que ganar como outsider es más fácil que sostener el desencanto una vez en el gobierno. |
| Cómo | El desgaste por la economía y la gestión erosiona al mismo electorado que los llevó al poder. |
El outsider ya no es la excepción
Las piezas anteriores explicaron por qué la gente se desencanta y cómo se fabrica el líder que capitaliza ese desencanto. Esta pieza observa lo que ocurre después: cuando el outsider gana y tiene que gobernar. Para eso no hacen falta hipótesis. Hay dos casos en ejercicio, en dos países distintos, que funcionan como relojes que marcan horas diferentes del mismo mecanismo. Donald Trump en Estados Unidos y Javier Milei en Argentina llegaron al poder como forasteros del sistema. Verlos gobernar es ver el ciclo de la antipolítica desplegándose en tiempo real.
Conviene una advertencia de método antes de seguir. Describir el fenómeno no es militarlo ni a favor ni en contra. Ni Trump ni Milei son aquí héroes ni villanos: son datos. Lo que interesa de ellos no es si gobiernan bien o mal, sino qué le ocurre al vínculo entre un outsider y el electorado que lo eligió, una vez que ese outsider deja de prometer y empieza a administrar.
Trump: el reloj que rehízo el tablero
Donald Trump es el outsider que más lejos llegó. No solo ganó: rehízo las reglas del juego, dentro y fuera de su país. Para el lector de este especial, el dato más cercano es que su administración tutela hoy la transición venezolana tras la captura de Nicolás Maduro en enero de 2026. Un político que irrumpió contra el establishment de su propio partido terminó en el centro mismo del poder mundial, decidiendo el destino de gobiernos ajenos.
Pero incluso ese outsider triunfante muestra la grieta que este especial viene rastreando. Su relación con el votante hispano —decisivo en su victoria de 2024, cuando obtuvo el respaldo histórico de cerca del 46% de ese electorado— se volvió un electrocardiograma. En el primer semestre de 2026 su aprobación entre hispanos osciló de forma brusca: cayó al 23% a fines de mayo y rebotó al 37% a mediados de junio, según el seguimiento de The Economist y YouGov. El Centro Pew aportó el dato más revelador: entre sus propios votantes hispanos de 2024, la aprobación de Trump se desplomó 27 puntos desde comienzos de 2025, casi el doble de la caída registrada entre sus votantes blancos.
Esa es la marca del reloj de Trump. El mismo votante que castigó al sistema eligiéndolo a él es el que más rápido se mueve cuando llega la factura: el costo de vida, la inflación, el modo de ejecutar las deportaciones. La volatilidad no es un accidente; es la naturaleza del voto antiestablishment. Quien llega por despecho se va por despecho.
Milei: el reloj adelantado
Si Trump muestra el outsider en la cima, Javier Milei muestra lo que viene después. Su reloj está adelantado, y por eso enseña más. Llegó en 2023 prometiendo destruir a «la casta» política, con la motosierra como símbolo de campaña. Gobernó con resultados macroeconómicos que sus partidarios celebran —una desaceleración drástica de la inflación— y en octubre de 2025 su fuerza ganó las elecciones de medio término, alcanzando un pico de aprobación del 45%.
Y entonces el reloj siguió girando. Para mayo y junio de 2026, la desaprobación de Milei trepó al 61-63% según varias consultoras, con la aprobación en torno al 35%. El desgaste, atribuido a la economía y a escándalos en su entorno, erosionó la promesa fundacional. La paradoja la capta una percepción ciudadana extendida: una porción creciente de argentinos siente que el gobierno que prometía terminar con la casta empezó a parecerse a ella. El outsider que llegó para barrer el sistema es acusado, dos años después, de haberse vuelto parte del sistema.
Conviene la precisión para no exagerar: la curva de Milei se estabilizó en los últimos meses y su espacio sigue siendo competitivo, segundo en intención de voto a poca distancia del peronismo. No es un colapso. Es algo más interesante para este especial: es el ciclo completo del síntoma. Desencanto con los partidos, ascenso del outsider, y nuevo desencanto con el outsider que ya no puede presentarse como ajeno porque ahora él es el poder.
Lo que los dos relojes enseñan
Juntos, Trump y Milei dibujan la trayectoria entera. El antiestablishment es formidable para llegar y frágil para durar, porque su combustible —el rechazo a los de adentro— se agota en el momento exacto en que el outsider pasa a ser uno de los de adentro. Gobernar es institucionalizarse, y la institución es justamente lo que el votante quería castigar.
Esto no condena al outsider al fracaso: algunos, como se vio, se institucionalizan con éxito y se vuelven políticos convencionales. Pero sí desactiva la ilusión central de la antipolítica, esa que promete que basta traer a alguien de afuera para que todo cambie. El de afuera, si gobierna, deja de estar afuera. Y el votante que creyó comprar una excepción descubre que compró, otra vez, un gobierno. Venezuela —que aún no termina de procesar lo que un outsider le hizo a su democracia— tiene en estos dos relojes una lección que haría bien en mirar antes de que vuelvan a ofrecerle el reloj nuevo.
FUENTES PRINCIPALES: The Economist/YouGov (aprobación de Trump, junio de 2026) · Pew Research Center (caída entre votantes hispanos de Trump, abril-mayo de 2026) · Reuters/Ipsos y AP-NORC (aprobación hispana, 2025-2026) · AtlasIntel, Universidad de San Andrés (ESPOP) y Perfil (aprobación de Milei, mayo-junio de 2026).
Este análisis se publica bajo los criterios editoriales de INCÍSOS. Cómo trabajamos →
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El patrono de los enfermos de cáncer fue canonizado en octubre
Misionero en Filipinas, obispo de Pasto, enfermo de cáncer y santo desde un 11 de octubre. La historia de San Ezequiel Moreno, OAR.
OCTUBRE ROSA · FE
San Ezequiel Moreno, agustino recoleto, misionero en Filipinas y obispo de Pasto, murió de un cáncer de paladar en 1906. Los dos milagros que lo llevaron a los altares fueron curaciones de cáncer, y Juan Pablo II lo canonizó un 11 de octubre. En el mes rosa, miles de enfermos lo invocan como su patrono.
Las 6W · INCÍSOS
| Qué | Perfil de San Ezequiel Moreno, invocado como patrono de los enfermos de cáncer. |
|---|---|
| Quién | Ezequiel Moreno y Díaz, OAR (Alfaro, 1848 – Monteagudo, 1906), agustino recoleto y obispo de Pasto. |
| Cuándo | Beatificado en 1975; canonizado el 11 de octubre de 1992; su fiesta es el 19 de agosto. |
| Dónde | Filipinas, Colombia y España; canonizado en Santo Domingo. |
| Por qué | Murió de cáncer, y los dos milagros aprobados para su beatificación y canonización fueron curaciones de cáncer. |
| Cómo | Por devoción popular, reconocida por la Iglesia y por su orden. |
Ezequiel Moreno y Díaz nació en Alfaro, La Rioja, España, el 9 de abril de 1848, en una familia humilde y devota. A los 16 años entró en los Agustinos Recoletos, la orden que vive bajo la regla que San Agustín escribió hace dieciséis siglos y a la que INCÍSOS dedicó un especial. Profesó en el convento de Monteagudo, en Navarra, el 22 de septiembre de 1865.
Contexto: un misionero de dos continentes
Pasó unos 15 años como misionero en Filipinas, donde contrajo la malaria, y unos 18 en Colombia. Recorrió la región de Casanare, entonces casi inexplorada, cruzando ríos y soportando el clima tropical para llevar los sacramentos. En 1894 fue nombrado vicario apostólico de Casanare y obispo titular de Pinara; después, obispo de Pasto, donde le tocó la Guerra de los Mil Días.
Su figura no fue solo la del pastor manso. Fue un obispo combativo en la política de su tiempo, un adversario férreo del liberalismo colombiano, y eso también forma parte de su historia.
En 1905 le diagnosticaron un cáncer de paladar. Ante la insistencia de sus hermanos, regresó a España para operarse. Murió el 19 de agosto de 1906 en el convento de Monteagudo, el mismo donde había profesado, después de soportar la enfermedad con una serenidad que sus contemporáneos recordaron. Una frase suya de esos meses se repite todavía: «Dios mío, dame valor para sufrir por ti».
Por qué es el patrono de los enfermos de cáncer
La respuesta está en su enfermedad y en sus milagros. El milagro de su beatificación, aprobada por Pablo VI en 1975, fue la curación de Carmela Jurado, de Pasto, que en 1947 agonizaba por un tumor maligno del paladar, el mismo mal que mató al obispo. El de su canonización fue el de la colombiana María de Jesús Náñez, que en 1986 se curó de un cáncer en la pierna que había hecho metástasis en el pecho.
Juan Pablo II lo canonizó el 11 de octubre de 1992 en Santo Domingo, durante la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano. Fue el mismo mes en que el lazo rosado se volvió símbolo mundial contra el cáncer de mama. Desde entonces, la devoción popular, recogida por su orden y por la Iglesia, lo invoca como patrono y protector de los enfermos de cáncer. Su sepulcro en Monteagudo recibe cada semana a decenas de peregrinos de España, Filipinas y Colombia.
Lo que dice su historia hoy
Para quien cree, San Ezequiel es compañía en la enfermedad. Para quien no, su vida es la de alguien que enfrentó el cáncer en una época sin quimioterapia ni radioterapia. En ambos casos, su devoción y la medicina no compiten: la fe acompaña, y el diagnóstico a tiempo cura. El 11 de octubre se cumplen 34 años de su canonización.
Fiesta litúrgica: 19 de agosto. Sepulcro: convento de los Agustinos Recoletos de Monteagudo, Navarra.
Esta pieza forma parte de Octubre rosa, el especial de INCÍSOS sobre el cáncer de mama.
Fuentes principales: Agustinos Recoletos (agustinosrecoletos.com), 11 de octubre de 2017; ACI Prensa, 19 de agosto; Religión en Libertad; Religión Digital; Santa Mónica OAR (México); Wikipedia, «Ezequiel Moreno Díaz».
Especiales
El lazo rosado nació de una cinta color durazno que dijo no
De la cinta durazno de Charlotte Haley al lazo rosado de Self y Estée Lauder. La historia del símbolo y la discusión que trae cada octubre.
OCTUBRE ROSA · HISTORIA
Antes del lazo rosado hubo uno color durazno, hecho a mano por una mujer que pedía más dinero para prevención y que se negó a cederlo a una campaña comercial. Su negativa es parte del símbolo, y explica por qué cada octubre vuelve la discusión sobre el «lavado rosa».
Las 6W · INCÍSOS
| Qué | El origen del Mes de Concienciación sobre el Cáncer de Mama y del lazo rosado. |
|---|---|
| Quién | La American Cancer Society y la farmacéutica de Imperial Chemical Industries (1985); Charlotte Haley; Alexandra Penney, de la revista Self, y Evelyn Lauder, de Estée Lauder (1992). |
| Cuándo | El mes nació en 1985; la cinta durazno circuló en 1991; el lazo rosado se masificó en octubre de 1992. |
| Dónde | Estados Unidos. |
| Por qué | Para promover la detección temprana del cáncer de mama. |
| Cómo | Con campañas anuales y la distribución masiva de lazos en tiendas. |
El Mes de Concienciación sobre el Cáncer de Mama nació en 1985, de una alianza entre la American Cancer Society y la división farmacéutica de la británica Imperial Chemical Industries, que fabricaba el tamoxifeno, un medicamento contra el cáncer de mama. El lazo rosado llegó siete años después.
Contexto: la cinta que vino antes
En 1991, Charlotte Haley, una mujer de Estados Unidos con varias familiares que habían tenido cáncer de mama, empezó a repartir lazos hechos en casa. No eran rosados: eran color durazno. Cada paquete de cinco iba con una tarjeta que pedía al Instituto Nacional del Cáncer destinar más dinero a la prevención; según las crónicas de la época, Haley decía que solo el 5 % de su presupuesto anual iba a ese fin.
La campaña llamó la atención de Alexandra Penney, editora de la revista Self, y de Evelyn Lauder, vicepresidenta de Estée Lauder y sobreviviente de cáncer de mama. Le propusieron a Haley usar su lazo en el número de octubre dedicado a la enfermedad. Haley se negó: le pareció un proyecto demasiado comercial.
Penney y Lauder cambiaron entonces de color. En octubre de 1992, Estée Lauder distribuyó cerca de un millón y medio de lazos rosados en sus tiendas, y el símbolo se volvió mundial.
Análisis: un símbolo que lleva su propia discusión
El origen del lazo explica por qué cada octubre regresa la palabra pinkwashing, o «lavado rosa»: el uso del lazo como herramienta de mercadeo para vender productos, a veces sin que la compra se traduzca en investigación, prevención o atención. La pregunta de Haley en 1991 —cuánto dinero llega de verdad a la prevención— sigue siendo la pregunta correcta.
Eso no le quita mérito al símbolo. El lazo convirtió en conversación pública una enfermedad de la que antes se hablaba en voz baja, y desde 1989 la mortalidad por cáncer de mama en Estados Unidos ha bajado 44 %, gracias sobre todo a mejores tratamientos y, en una cuarta parte, a la detección temprana, según la American Cancer Society.
Criterio: tres preguntas antes de comprar algo rosado
- ¿Cuánto llega? Si el producto dice qué porcentaje o qué monto se dona por cada compra.
- ¿A quién? Si nombra la organización que recibe el dinero y qué hace con él.
- ¿Hay tope? Si la donación tiene un límite que ya se alcanzó, aunque el producto siga en el estante.
Esta pieza forma parte de Octubre rosa, el especial de INCÍSOS sobre el cáncer de mama.
Fuentes principales: Forbes Argentina, 8 de octubre de 2024; El Sol (Mendoza); Última Hora (Paraguay), 6 de septiembre de 2026; La República (Perú), 4 de octubre de 2022; American Cancer Society, Cancer Statistics 2026 (vía DocWire News).
Especiales
Octubre se viste de rosa y la cita sigue sin agendarse
El lazo en la solapa, la torta rosada y la cadena de WhatsApp. Crónica de un mes que se viste de rosa, y de la cita que siempre queda para después.
OCTUBRE ROSA · CRÓNICA
Llega octubre y todo se pone rosado: el lazo en la solapa, la torta de la oficina, el edificio iluminado, la cadena de WhatsApp que dice «tócate». Es una costumbre linda. Pero de todas las costumbres del mes, la única que salva vidas es la menos vistosa: pedir la cita.
El primero de octubre amanece igual que cualquier día, salvo por un detalle: alguien en la oficina ya llegó con el lazo rosado prendido en la solapa. Para el mediodía aparece la torta con betún rosado. Al caer la tarde, algún edificio de la ciudad se ilumina de rosa, y por la noche llega la primera cadena de WhatsApp del mes: una tía, un grupo de excompañeras, una vecina, todas recordando lo mismo con un emoji de lazo. «Tócate».
Es una costumbre bonita. Tiene algo de fiesta y algo de rezo. Y tiene su historia: el mes de concienciación sobre el cáncer de mama nació en 1985, y el lazo rosado se volvió símbolo en octubre de 1992.
El rosado como paisaje
En la diáspora, el rosado se mezcla con todo lo demás que trae octubre: el Mes de la Herencia Hispana que todavía no termina, la ropa de entretiempo, la calabaza en la puerta. En el supermercado aparecen las tazas rosadas, las cajas de cereal con lazo, el yogur con una cinta en la tapa. En la televisión, alguien del noticiero lleva el lazo; en la iglesia, el padre lo menciona en las intenciones del domingo.
En la familia venezolana el mes tiene sus propias frases. La mamá que dice «eso no duele nada» de un examen que nunca se hizo. La abuela que «nunca tuvo nada» porque nunca fue al médico. La prima que se hizo la mamografía y desde entonces es la que llama a todas las demás. Y la amiga que, cuando una dice que le salió algo raro, responde lo que en Venezuela significa amor: «¿Y ya pediste la cita?».
Lo que el lazo no hace
El lazo no detecta nada. La torta tampoco. El edificio iluminado no le hace una mamografía a nadie. Lo que salva vidas en esta historia es aburrido: una llamada, una cita, una sala de espera, quince minutos incómodos y un resultado que casi siempre sale bien.
Las cifras lo dicen sin adornos. En Estados Unidos, el cáncer de mama es la primera causa de muerte por cáncer entre las mujeres hispanas, y a ellas se les diagnostica con menos frecuencia en la etapa más temprana, que es la que se cura. En Venezuela, según la Sociedad Anticancerosa, la enfermedad mata a diez mujeres cada día. Cuando se encuentra a tiempo, la supervivencia a cinco años supera el 80 %.
La costumbre que vale
No hace falta dejar de lado el rosado. Que siga el lazo, que siga la torta y que siga la cadena de WhatsApp, que al menos recuerda. Pero si este octubre hay que adoptar una sola costumbre, que sea la menos vistosa: la mujer de 40 años o más que no se ha hecho la mamografía, que la pida. Y la que ya se la hizo, que llame a otra.
Es la única tradición del mes que no se ve. Y es la única que cuenta.
Esta pieza forma parte de Octubre rosa, el especial de INCÍSOS sobre el cáncer de mama.
Fuentes principales: American Cancer Society, Cancer Facts & Figures 2026; Susan G. Komen, estadísticas sobre mujeres hispanas; Sociedad Anticancerosa de Venezuela, Boletín General y Boletín de Salud Femenina 2024; Forbes Argentina, 8 de octubre de 2024 (origen del mes en 1985).
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