La antipolítica no es entusiasmo por el de afuera: es despecho con el de adentro. El inciso que abre el especial.
La desafección con los partidos es global y simultánea. El outsider es su consecuencia, no su causa.
El outsider no es un fenómeno espontáneo: es un ensamblaje de vacío, canal directo y discurso de ajenidad.
El antiestablishment es formidable para llegar y frágil para durar. Trump y Milei lo prueban en tiempo real.