Tecnología
Sin los ingenieros que se fueron, la tecnología no basta
Venezuela perdió a sus ingenieros y técnicos en la diáspora. Reconstruir el país exige recuperar ese capital humano, un reto que ninguna inversión en equipos resuelve sola.
Sin los ingenieros que se fueron, la tecnología no basta
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|---|---|
| **Qué** | El déficit de talento técnico como obstáculo para la reconstrucción. |
| **Cuándo** | Un reto estructural visible en la reconstrucción de 2026. |
| **Por qué** | La tecnología requiere personas capacitadas para operarla y mantenerla. |
Hay un insumo de la reconstrucción que no se compra con dólares ni se instala con grúas: el talento humano. Venezuela puede importar las mejores turbinas, las antenas más modernas y los sistemas más avanzados, pero sin los ingenieros, técnicos y gerentes capaces de operarlos, esa tecnología no rinde. Y buena parte de ese talento se fue. Recuperarlo es uno de los retos más difíciles —y menos discutidos— de la reconstrucción.
La fuga que vació las empresas
El testimonio de los expertos es contundente. Quienes dirigieron empresas públicas venezolanas describen cómo organizaciones que llegaron a tener centenares de ingenieros perdieron a la inmensa mayoría de su personal calificado. La emigración —parte de los millones que dejaron el país— se llevó a médicos, ingenieros, técnicos, gerentes: precisamente el capital humano que cualquier reconstrucción necesita.
Esa fuga no es un dato abstracto. Significa que, cuando las empresas se reactiven, podrían encontrarse con equipos modernos pero sin suficientes manos expertas para manejarlos. La brecha de talento es el cuello de botella que la inversión en infraestructura, por sí sola, no resuelve.
Por qué la tecnología necesita personas
Esta cobertura ha insistido en una idea: la tecnología es una herramienta, y su valor depende de quién la usa. Una red eléctrica inteligente, una infraestructura de telecomunicaciones moderna o una planta industrial automatizada requieren operadores capacitados, equipos de mantenimiento, ingenieros que entiendan los sistemas. Sin ellos, la tecnología más avanzada se deteriora, como ya ocurrió con buena parte de la infraestructura que el país compró y no supo sostener.
Por eso recuperar el capital humano es tan estratégico como atraer capital financiero. Una reconstrucción que invierte en equipos pero descuida el talento construye sobre una base frágil.
Las vías de recuperación
Hay varios caminos, y ninguno es rápido. El primero es la formación: reforzar las universidades y los centros técnicos para producir nuevos profesionales, una inversión que rinde a mediano y largo plazo. El segundo es el retorno: crear condiciones —salariales, profesionales, de seguridad— que hagan atractivo el regreso de parte de la diáspora calificada. El tercero es el aprovechamiento a distancia: vincular el talento venezolano en el exterior con proyectos en el país, sin necesidad de retorno físico, algo que la tecnología actual facilita.
Conviene ser realista: como han advertido los propios expertos, ningún profesional competente regresa a una aventura llena de riesgos. El retorno del talento dependerá de que el país ofrezca estabilidad y oportunidades reales, no solo llamados patrióticos. Es un proceso que requiere tiempo y condiciones, no decretos.
La lectura para el lector
Para el venezolano de la diáspora, este tema tiene una dimensión personal. Muchos de quienes leen forman parte, precisamente, de ese talento que se fue. Su conocimiento y experiencia son un activo que el país necesita, sea a través del retorno, de la colaboración a distancia o de la inversión.
La reconstrucción de Venezuela no será solo una cuestión de capital y tecnología, sino de personas. Y en esa ecuación, la diáspora calificada —los ingenieros, médicos, técnicos y gerentes que se formaron en Venezuela y crecieron afuera— tiene un papel potencial enorme. Cómo se tienda ese puente entre el talento que se fue y el país que se reconstruye será uno de los factores que decidan si la recuperación es sólida o superficial. La tecnología abre la puerta; las personas la cruzan.
Fuentes principales: Declaraciones de José María de Viana sobre la fuga de talento (Prodavinci); contexto sobre la emigración de profesionales venezolanos.
Alfredo Yánez
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Los «data rooms» digitales deciden si una venta es limpia o turbia
¿Qué hace transparente a una privatización? Cada vez más, la tecnología: los «data rooms» digitales permiten auditar lo que antes se decidía en secreto. Cómo funcionan.
Los «data rooms» digitales deciden si una venta es limpia o turbia
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| **Qué** | Las salas de datos digitales que permiten auditar procesos de venta de activos. |
| **Cuándo** | Una herramienta clave en los procesos de transferencia actuales. |
| **Por qué** | La transparencia técnica determina la legitimidad de una venta. |
Hay una expresión que aparece una y otra vez en el debate sobre cómo privatizar bien: «data room». El término suena técnico, pero encierra una idea poderosa y muy actual: que la transparencia de una venta de activos públicos depende, hoy, de una herramienta digital. Vale la pena entender qué es y por qué se ha vuelto la frontera entre lo limpio y lo turbio.
Qué es un «data room»
Un «data room» —sala de datos— es, en su versión moderna, una plataforma digital donde se reúne toda la información relevante de una empresa que se va a vender: estados financieros, contratos, pasivos, inventarios, situación legal. Los potenciales compradores acceden a esa información para hacer su «debida diligencia» —el examen previo a una oferta— en condiciones controladas y, sobre todo, trazables.
La clave está en esa trazabilidad. Un «data room» digital bien diseñado registra quién accede a qué, cuándo y bajo qué condiciones. Todos los interesados ven la misma información, lo que nivela la cancha y dificulta los tratos preferenciales bajo la mesa. Es, en esencia, tecnología al servicio de la transparencia.
Por qué importa en una privatización
Aquí se conecta con el debate venezolano sobre cómo transferir las empresas estatales. La diferencia entre una privatización transparente y una «silenciosa» se juega, en buena medida, en este terreno técnico. Una venta con «data rooms» auditables bajo estándares internacionales permite que múltiples oferentes compitan con la misma información, que el proceso sea verificable y que el precio se forme de manera competitiva.
Una venta sin ellos —decidida en despachos cerrados, con información reservada como «secreto de Estado»— abre la puerta a lo contrario: tratos a la medida, precios opacos, beneficiarios ocultos. La tecnología no garantiza por sí sola la honestidad, pero su ausencia es casi siempre señal de que algo se quiere esconder.
La auditoría como función técnica
Los «data rooms» modernos incorporan funciones que hace una década requerían ejércitos de auditores: registros automáticos de acceso, marcas de agua que rastrean filtraciones, controles de permisos granulares, historiales completos de la actividad. Esta capacidad técnica de auditar en tiempo real es lo que permite que una transacción de miles de millones sea, al menos en principio, verificable.
Para un país que arrastra un historial de contratos opacos y miles de millones perdidos, la adopción de estas herramientas no es un lujo tecnológico: es una condición de credibilidad. La transparencia digital es, hoy, parte de la infraestructura de la confianza.
La lectura para el lector
Para el lector hispano interesado en cómo la tecnología transforma la gobernanza, el caso de los «data rooms» es revelador. Muestra que herramientas digitales aparentemente áridas —plataformas de gestión documental— pueden ser decisivas para algo tan trascendente como el destino del patrimonio de una nación.
La próxima vez que se anuncie una gran venta de activos públicos en Venezuela, una pregunta técnica permitirá juzgar su seriedad: ¿hubo un «data room» auditable y abierto a múltiples oferentes, o se decidió a puerta cerrada? La respuesta dirá, mejor que muchos discursos, si la transferencia busca el interés público o lo elude. La tecnología, bien usada, es una aliada de la transparencia; su ausencia deliberada, una señal de alarma.
Fuentes principales: Documento «El Triple Dividendo» de José María de Viana; principios generales sobre salas de datos virtuales y debida diligencia en transacciones.
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Reconstruir las telecomunicaciones es reconectar a Venezuela
Internet lento, cobertura deficiente: el rezago en telecomunicaciones frena la economía digital venezolana. Qué implica reconstruir el sector y por qué urge.
Reconstruir las telecomunicaciones es reconectar a Venezuela
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|---|---|
| **Qué** | La necesidad de reconstruir la infraestructura de telecomunicaciones venezolana. |
| **Cuándo** | Una urgencia en el marco de la reconstrucción de 2026. |
| **Por qué** | La conectividad deficiente frena la economía y la inclusión digital. |
En una economía del siglo XXI, la conectividad es tan básica como la electricidad o el agua. Y Venezuela, tras años de deterioro de sus empresas de telecomunicaciones —la estatal Cantv y su filial móvil Movilnet—, quedó rezagada justo cuando el mundo aceleraba su digitalización. Reconstruir ese sector no es un asunto técnico de nicho: es condición para que el país participe de la economía moderna.
El alcance del deterioro
El testimonio de quienes conocen el sector es elocuente. José María de Viana, que presidió Movilnet, ha descrito cómo empresas que llegaron a tener miles de empleados y centenares de ingenieros perdieron a la inmensa mayoría de su talento, que emigró. Sin ese capital humano y sin inversión sostenida, la infraestructura envejeció: redes saturadas, cobertura deficiente, velocidades de internet que quedaron muy por detrás de los estándares regionales.
El resultado lo sufre el ciudadano cada día: conexiones lentas, caídas frecuentes, zonas sin cobertura. Y lo sufre la economía: ninguna actividad digital —comercio electrónico, servicios en línea, trabajo remoto, educación virtual— florece sobre una infraestructura precaria.
Lo que cuesta reconectar
Recuperar las telecomunicaciones venezolanas exige una inversión cuantiosa. Estimaciones de especialistas como De Viana han cifrado en miles de millones de dólares lo necesario para poner el sector a la altura, dependiendo del alcance que se busque. No es solo cambiar antenas: es reconstruir redes, modernizar tecnología, y —quizás lo más difícil— recuperar o formar el talento técnico que se fue.
Aquí aplica la misma lección que en el sector eléctrico: la tecnología es necesaria pero no suficiente. De nada sirve instalar equipos de punta sin la gestión competente y el mantenimiento sostenido que los hagan funcionar en el tiempo. La reconstrucción digital es tanto un reto de capital como de capacidades.
La oportunidad de saltar etapas
Hay, sin embargo, una oportunidad en el rezago. Los países que reconstruyen su infraestructura desde muy atrás pueden, a veces, «saltar etapas»: adoptar directamente las tecnologías más recientes en lugar de pasar por las intermedias. Venezuela podría, en teoría, modernizar su conectividad apostando por tecnología actual, sin cargar con el lastre de sistemas obsoletos.
Esa posibilidad depende de que la inversión llegue y se gestione bien. El interés de operadores privados en el sector —que De Viana ha señalado como real— puede acelerar el proceso, siempre que se haga con las reglas de transparencia y regulación adecuadas que esta cobertura ha venido subrayando.
La lectura para el lector
Para el venezolano, la reconstrucción de las telecomunicaciones es una de las que más directamente afectará su vida cotidiana y sus oportunidades económicas. Una buena conectividad abre puertas: empleo remoto para mercados globales, comercio electrónico, acceso a educación y servicios en línea, inclusión financiera digital.
Por eso conviene seguir este sector con atención. Su recuperación será un termómetro de la reconstrucción más amplia: cuando el internet venezolano funcione a la altura de la región, será señal de que el país, de verdad, se reconectó con el mundo. Mientras tanto, la conectividad deficiente seguirá siendo uno de los frenos silenciosos del desarrollo, y su mejora, una de las inversiones de mayor retorno social.
Fuentes principales: Declaraciones de José María de Viana sobre el sector de telecomunicaciones (Prodavinci, El Ucabista); contexto sobre el estado de Cantv y Movilnet.
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La desinformación con IA llega a su pico en Colombia
La recta final del balotaje colombiano es el momento más peligroso para la desinformación con IA. Falsos resultados y videos manipulados. Cómo no caer.
La desinformación con IA llega a su pico en Colombia
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|---|---|
| **Qué** | La desinformación con IA alcanza su punto máximo antes del balotaje. |
| **Cuándo** | En los días previos al 21 de junio de 2026. |
| **Por qué** | El cierre de campaña deja poco margen para desmentir. |
Colombia entra en los días más sensibles de su balotaje, y con ellos en el período de mayor riesgo para la desinformación. A pocos días del voto del 21 de junio, el contenido falso potenciado por inteligencia artificial alcanza su pico, en una elección polarizada donde cada hora cuenta. La advertencia es especialmente pertinente para la diáspora, que sigue el proceso desde la distancia.
El momento más peligroso
La recta final de una elección es, paradójicamente, cuando la desinformación es más efectiva y más difícil de combatir. La tensión está en su punto máximo, las posiciones se han endurecido, y el margen para que un desmentido alcance a circular antes del voto es mínimo. Un falso anuncio de resultados, una supuesta declaración inventada de un candidato o un rumor de fraude pueden tener efecto real sobre la decisión de última hora.
En un balotaje reñido y polarizado como el colombiano —donde las encuestas muestran una diferencia que, en algunos casos, cae dentro del margen de error—, incluso una influencia marginal sobre el voto puede ser decisiva. Eso convierte estos días en una ventana de oportunidad para quienes buscan manipular.
La IA como multiplicador
Lo que distingue a esta elección de las de hace una década es la herramienta. La inteligencia artificial generativa permite fabricar videos, audios e imágenes falsas con un realismo creciente y un costo decreciente. Poner palabras en boca de un candidato, simular un anuncio oficial, inventar un resultado: todo está hoy al alcance de casi cualquiera, y los contenidos resultantes son cada vez más difíciles de distinguir de los reales.
Las autoridades electorales y los verificadores trabajan a contrarreloj, pero la velocidad de producción y difusión del contenido falso supera, muchas veces, la capacidad de desmentirlo. La defensa, por eso, recae en buena medida en cada usuario.
La diáspora, en primera línea de riesgo
Para el colombiano que vive en Estados Unidos, el teléfono es la principal ventana a la elección de su país. Sin el contraste de la conversación cotidiana en el terreno, y con la información ya filtrada por las redes, la distancia lo vuelve más vulnerable al engaño. La carga emocional —la ansiedad por el desenlace en la patria— agrava el riesgo, empujando a compartir antes de verificar.
Así, personas de buena fe terminan amplificando la desinformación sin saberlo, haciéndola cruzar fronteras en segundos. La diáspora puede ser, sin proponérselo, una correa de transmisión del engaño.
Cómo protegerse estos días
Las reglas son sencillas y valen más que nunca. Desconfiar de los anuncios de resultados que lleguen por mensajería antes de que los confirmen las autoridades electorales. Contrastar siempre con fuentes oficiales y medios verificables. Sospechar de todo contenido —especialmente video y audio— diseñado para provocar una reacción emocional inmediata.
La regla de oro para la recta final: si algo parece hecho para encender la indignación o la euforia al instante, conviene detenerse antes de reenviarlo. Esa pausa es la mejor defensa. Verificar antes de creer y antes de compartir deja de ser un consejo abstracto cuando un país define su rumbo en cuestión de días, y cuando el contenido falso corre con ventaja sobre la verdad.
Fuentes principales: Alertas de la Defensoría del Pueblo de Colombia sobre desinformación electoral (junio de 2026); contexto sobre el uso de IA generativa en campañas; encuestas del balotaje.
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