Tecnología
La «segunda ola» de la IA: la pregunta ya no es construirla, sino para qué sirve
La inteligencia artificial entra en una «segunda ola»: ya no se trata de construir modelos más grandes, sino de integrarlos con utilidad real. Qué significa par
La inteligencia artificial entra en una «segunda ola»: ya no se trata de construir modelos más grandes, sino de integrarlos con utilidad real. Qué significa para empresas y profesionales. Análisis.
Durante los últimos años, la conversación sobre inteligencia artificial giró casi por completo en torno a una pregunta: quién construye el modelo más grande y más potente. Era la primera ola, la de la carrera tecnológica, los anuncios deslumbrantes y las cifras de parámetros que nadie fuera del sector entendía del todo. Esa fase no ha terminado, pero ha dejado de ser la más interesante. La conversación se está desplazando hacia una segunda ola, más callada y más consecuente, cuya pregunta es otra: ¿para qué sirve, exactamente, todo esto?
El cambio de foco no es menor. Construir un modelo de frontera está al alcance de un puñado de empresas con miles de millones para invertir; integrarlo con utilidad en el trabajo cotidiano está al alcance de casi cualquier organización. Y ahí es donde se está moviendo el valor. La señal más clara la dio la propia Apple, que en lugar de construir su gran modelo desde cero optó por apoyarse en tecnología ajena y concentrarse en la integración —en cómo se siente la IA en el teléfono— más que en la proeza de fabricarla. Si la empresa más rica del mundo decide que su ventaja está en aplicar y no en construir, el mensaje para el resto es difícil de ignorar.
Para las empresas medianas y pequeñas, esta segunda ola es, paradójicamente, una buena noticia. En la primera, la IA parecía un terreno reservado a gigantes; en la segunda, la ventaja competitiva no está en tener la tecnología más avanzada, sino en saber aplicarla a un problema concreto: automatizar la atención al cliente, acelerar la redacción de documentos, ordenar datos dispersos, traducir y adaptar contenidos. Son tareas mundanas, y precisamente por eso valiosas. La IA deja de ser una promesa de laboratorio para volverse infraestructura, como en su momento lo fueron la electricidad o la conexión a internet: lo importante ya no es de dónde viene, sino qué se hace con ella.
Esa transición trae consigo una exigencia nueva, que conviene nombrar sin alarmismo. Si en la primera ola el desafío era técnico, en la segunda es de criterio: saber qué tarea conviene delegar a la máquina y cuál no, dónde la IA ahorra tiempo y dónde introduce errores costosos, cómo verificar lo que produce. La herramienta es cada vez más accesible; el juicio para usarla bien, no. Y ese juicio —qué preguntar, qué aceptar, qué descartar— se está convirtiendo en una competencia profesional tan valiosa como, en otra época, lo fue saber usar una hoja de cálculo.
El inciso, para el profesional y el pequeño empresario hispano, es directo. La segunda ola de la IA no premia a quien tenga la tecnología más sofisticada, sino a quien la integre con más inteligencia práctica en lo que ya hace. No hace falta entender cómo funciona un modelo por dentro, igual que no hace falta entender de motores para conducir. Lo que hace falta es claridad sobre el propio trabajo: qué partes son repetitivas y delegables, qué partes exigen criterio humano, y dónde una herramienta bien usada libera tiempo para lo que de verdad agrega valor. La IA ya está aquí y es accesible; la diferencia, de ahora en adelante, la marcará el uso.
Alfredo Yánez
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Apple juega su partida de IA: el 8 de junio presenta el Siri que llega tarde
El 8 de junio Apple presenta en la WWDC un Siri reconstruido como chatbot, apoyado en IA de Google, y un iOS 27 que se abre a asistentes de terceros. Qué está e
El 8 de junio Apple presenta en la WWDC un Siri reconstruido como chatbot, apoyado en IA de Google, y un iOS 27 que se abre a asistentes de terceros. Qué está en juego. Análisis.
El lunes 8 de junio, Apple abrirá su conferencia anual de desarrolladores (WWDC) con un keynote que, esta vez, carga con más presión de lo habitual. El plato fuerte es un Siri completamente reconstruido: de aquel asistente limitado que respondía con torpeza, Apple quiere pasar a un Siri conversacional, capaz de mantener un diálogo al estilo de los chatbots de IA que ya dominan el mercado. La compañía promete, además, un iOS 27 con funciones de inteligencia artificial integradas en todo el sistema, una app dedicada de Siri y mejoras de fondo orientadas a la estabilidad.
El dato que mejor explica el momento es uno que Apple habría preferido no tener que admitir: el nuevo Siri se apoya en tecnología de Google. Según la información del sector, Apple construyó las nuevas capacidades de su asistente con un modelo desarrollado junto al equipo de Gemini, en un acuerdo que la prensa especializada cifra en una suma anual considerable. Para la empresa que ha hecho de la autosuficiencia y el control de su ecosistema una seña de identidad, recurrir al motor de IA de un rival directo es una confesión elocuente: en inteligencia artificial, Apple venía por detrás, y lo sabe.
Más revelador todavía es el giro de apertura. iOS 27 permitiría a los usuarios elegir asistentes de IA de terceros —se mencionan ChatGPT de OpenAI, Gemini de Google y Claude de Anthropic— para funciones como la redacción asistida. Para una compañía célebre por su jardín amurallado, dejar que otro asistente ocupe el centro del sistema es un cambio de filosofía, no solo de producto. Es el reconocimiento de que la batalla de la IA no se gana encerrándose, y de que el usuario quiere elegir su herramienta. Apple apuesta a seguir siendo dueña de la mejor experiencia —el hardware, la integración, la privacidad— aunque el cerebro conversacional, al menos en parte, lo ponga otro.
Conviene leer este movimiento sin los dos sesgos habituales. No es ni el fracaso de Apple que algunos anticipan —la compañía tiene una base instalada, una integración y una marca que pocos pueden igualar—, ni el triunfo seguro que su maquinaria de marketing proyectará el lunes. Es, más bien, una corrección de rumbo: Apple admite que llegó tarde, paga por ponerse al día y abre su ecosistema lo justo para no quedar fuera de la conversación. iOS 27, descrito por algunos como una actualización de «limpieza» centrada en estabilidad, refuerza esa idea de una empresa ordenando la casa antes que deslumbrando.
El inciso, para el lector que no es desarrollador, es práctico. Si tiene un iPhone relativamente reciente, a partir de este otoño su teléfono probablemente conversará mejor, escribirá y resumirá por usted y entenderá el contexto de lo que tiene en pantalla. Pero el cambio más interesante no es lo que Siri sabrá hacer, sino que el usuario podrá elegir qué inteligencia hay detrás. Esa posibilidad de elección —rara en el mundo Apple— es la verdadera noticia de fondo, y un indicio de hacia dónde se mueve la industria entera: hacia un ecosistema donde el asistente de IA deja de ser un accesorio del aparato para convertirse en algo que el usuario selecciona, como hoy elige un navegador. El 8 de junio Apple no solo presenta un Siri; admite las nuevas reglas del juego.
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¿Vacaciones con pantalla incluida? El verano y la economía del cuidado
Empiezan las vacaciones escolares y, con ellas, la pregunta incómoda: ¿cuidan las pantallas a nuestros hijos cuando los padres trabajan? Contexto y criterio.
Empiezan las vacaciones escolares y, con ellas, la pregunta incómoda: ¿cuidan las pantallas a nuestros hijos cuando los padres trabajan? Contexto y criterio.

Empiezan las vacaciones escolares, y con ellas vuelve una escena conocida en millones de hogares: el niño en el sofá, la tableta en las manos, las horas que se estiran. La pregunta que pocos quieren formular en voz alta es si, durante el verano, las pantallas terminan haciendo de niñera. Vale la pena hacerla sin culpa y sin pánico, porque ni una cosa ni la otra ayudan.
Conviene empezar por lo justo: el problema casi nunca es de voluntad de los padres. Es de estructura. La escuela cierra, pero el trabajo no. Las jornadas laborales siguen siendo de ocho, diez, doce horas, y el cuidado infantil cuesta dinero —a veces mucho—. En ese hueco, entre el fin de las clases y el regreso de los padres, la pantalla ocupa el lugar más accesible: está ahí, no cobra por hora, y mantiene al niño quieto. No es pereza. Es economía del cuidado.
La cuenta que no cierra
Las alternativas existen, pero tienen precio. Los campamentos de verano —en Columbus, por ejemplo, varios ofrecen ayuda financiera y los cupos se llenan temprano— son una opción real, aunque exigen planificación, transporte y, con frecuencia, un desembolso que no toda familia puede asumir. Para un hogar hispano con dos adultos trabajando y sin red de abuelos cerca, la matemática del verano es brutal: cada semana sin escuela es una semana de logística que resolver. La pantalla gana por descarte, no por decisión.
Lo que dice la evidencia, sin dramatizar
La conversación pública sobre el tiempo de pantalla tiende a dos extremos igualmente inútiles: la condena total y la indiferencia total. La evidencia es más matizada. No todo tiempo de pantalla es igual —no es lo mismo un video pasivo en bucle que una videollamada con un primo, un juego que exige resolver problemas o un contenido educativo en el idioma que se quiere reforzar—. Lo que importa, según especialistas en desarrollo infantil, es menos el reloj y más el qué, el cómo y el con quién: contenido apropiado a la edad, pausas, y en lo posible acompañamiento de un adulto.
Dicho de otro modo: el enemigo no es la pantalla en abstracto, sino la pantalla como sustituto permanente y solitario de todo lo demás.
Qué hacer con esto
Sin recetas rígidas, hay decisiones pequeñas que ayudan. Acordar de antemano bloques de pantalla y bloques sin ella, en lugar de improvisar día a día. Priorizar, dentro de lo que el niño consume, lo que tiene algún componente activo, social o educativo. Mezclar con lo gratuito y analógico que la ciudad ofrece: bibliotecas con programas de verano, parques, jornadas comunitarias. Y, donde el presupuesto lo permita, asegurar temprano un cupo de campamento, antes de que se agoten.
El verano no tiene por qué ser una rendición ante la pantalla ni una batalla diaria contra ella. Puede ser, simplemente, un periodo que se administra con algo de intención. Lo que las familias necesitan no es más culpa —de eso sobra— sino más opciones reales y la tranquilidad de saber que una tableta, usada con criterio, no arruina a nadie. El problema de fondo no se resuelve en el sofá de cada casa: se resuelve con cuidado infantil accesible. Mientras eso llega, lo que está en nuestras manos es el cómo. Y el cómo, esta vez, sí depende de nosotros.
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El Marco Nacional de IA de la Casa Blanca: lo que la comunidad hispana en EE.UU. debe saber \
El viernes 20 de marzo de 2026, la Casa Blanca publicó su Marco Nacional de Política para Inteligencia Artificial. El documento busca preemptar leyes estatales y unificar la regulación federal de la IA. La oposición demócrata, encabezada por Don Beyer junto con Doris Matsui, Ted Lieu, Sara Jacobs y April McClain Delaney, respondió el mismo día con la GUARDRAILS Act. El debate está abierto en Capitol Hill. La comunidad hispana en EE.UU. tiene voz a través del Congressional Hispanic Caucus pero qu
El viernes 20 de marzo de 2026 la Casa Blanca publicó su Marco Nacional de Política para Inteligencia Artificial. El documento, organizado en torno a siete objetivos amplios, propone preemptar leyes estatales de IA para evitar lo que la administración llama un mosaico regulatorio incompatible. El mismo día, una coalición demócrata encabezada por Don Beyer respondió con la GUARDRAILS Act, que busca derogar la Orden Ejecutiva 14365 de diciembre y bloquear la moratoria sobre regulación estatal. La batalla regulatoria está abierta. La comunidad hispana en EE.UU., representada en Congreso por el Congressional Hispanic Caucus, tiene voz pero no centralidad. Lectura editorial de lo que se discute y de lo que se omite.
| Qué | Publicación del Marco Nacional de Política para Inteligencia Artificial por parte de la Casa Blanca, con propuesta de preempción federal sobre leyes estatales, y respuesta legislativa demócrata mediante la GUARDRAILS Act. |
| Quién | Casa Blanca como emisora del Marco. Donald Trump como autor de la Orden Ejecutiva 14365 que inició el proceso en diciembre. Don Beyer, Doris Matsui, Ted Lieu, Sara Jacobs y April McClain Delaney como impulsores de la GUARDRAILS Act. Marsha Blackburn como autora del proyecto TRUMP AMERICA AI Act. Adriano Espaillat como presidente del Congressional Hispanic Caucus. |
| Cuándo | Orden Ejecutiva 14365 firmada el 11 de diciembre de 2025. Marco Nacional de IA publicado el viernes 20 de marzo de 2026. TRUMP AMERICA AI Act presentada por Blackburn el miércoles 18 de marzo de 2026. GUARDRAILS Act introducida el viernes 20 de marzo de 2026. |
| Dónde | Casa Blanca, Capitol Hill, Cámara de Representantes y Senado de los Estados Unidos. Los efectos potenciales operan sobre los cincuenta estados, especialmente sobre legislaciones de IA en California, Texas, Nueva York y otros estados con normativa propia. |
| Por qué | Porque el patrón regulatorio que se decida en Washington define el ecosistema de IA en EE.UU. para la próxima década. La preempción federal sobre legislación estatal es decisión histórica de política pública que afecta a trabajadores, consumidores y empresas. |
| Cómo | Mediante propuesta legislativa no vinculante del Marco, complementada por proyectos de ley específicos en distintos comités del Congreso. La aprobación final requeriría mayoría calificada en ambas cámaras con margen actual republicano reducido en la Cámara. |
Qué propone el Marco
El Marco Nacional de Política para Inteligencia Artificial publicado por la Casa Blanca el viernes 20 de marzo de 2026 organiza siete objetivos amplios para una regulación federal unificada de la IA. La pieza más debatida del documento es la propuesta de preempción federal sobre leyes estatales: el gobierno federal pasaría a tener última palabra sobre desarrollo de IA, uso permitido y responsabilidad por mal uso por parte de terceros.
El argumento de la administración es de eficiencia. Si cada estado regula la IA por su cuenta, los desarrolladores enfrentan cincuenta marcos legales distintos. Esa fragmentación, según la Casa Blanca, reduce competitividad estadounidense frente a China y a la Unión Europea. La preempción federal eliminaría el mosaico.
El Marco no es vinculante por sí mismo. Es recomendación al Congreso. La administración necesita que ambas cámaras aprueben legislación específica que materialice los siete objetivos. Y ahí empieza el problema.
La oposición demócrata
El mismo viernes 20 de marzo, una coalición demócrata encabezada por Don Beyer presentó la Guaranteeing and Upholding Americans’ Right to Decide Responsible AI Laws and Standards Act, conocida por su acrónimo GUARDRAILS. La proponen también Doris Matsui de California, Ted Lieu de California, Sara Jacobs de California y April McClain Delaney de Maryland.
La GUARDRAILS Act busca dos cosas. Una, derogar la Orden Ejecutiva 14365 firmada por Trump el 11 de diciembre de 2025, que estableció el marco para las recomendaciones legislativas. Dos, bloquear cualquier moratoria federal sobre regulación estatal de IA. En lenguaje directo: dejar que cada estado regule como pueda, porque los estados que regulan están protegiendo a sus poblaciones de daños que la legislación federal no contempla.
Es batalla regulatoria con dos lados claros. Los republicanos defienden preempción federal. Los demócratas defienden autonomía estatal. La mayoría republicana en la Cámara es estrecha. Cualquier movimiento legislativo va a requerir negociación en comités con jurisdicción cruzada.
El proyecto Blackburn como punto de referencia
Dos días antes del Marco de la Casa Blanca, la senadora republicana Marsha Blackburn de Tennessee publicó borrador actualizado de su propio proyecto, la Republic Unifying Meritocratic Performance Advancing Machine Intelligence by Eliminating Regulatory Interstate Challenges Act, conocida por su acrónimo TRUMP AMERICA AI Act. La propuesta de Blackburn es referencia técnica clave para entender qué tan profunda quiere la administración la preempción.
El proyecto Blackburn permite leer la dirección del debate republicano. La presentación de la propuesta dos días antes del Marco no es coincidencia. Es coordinación entre Senado y Casa Blanca para impulsar el modelo de preempción.
Lo que la comunidad hispana tiene en juego
Para la comunidad hispana en Estados Unidos, el debate regulatorio sobre IA tiene impacto operativo en cinco dimensiones.
Una. Empleo. La IA está reemplazando funciones repetitivas en sectores donde la fuerza laboral hispana es mayoritaria: limpieza institucional, manufactura, construcción, atención al cliente, transporte. Las protecciones laborales que algunos estados están construyendo —notificación obligatoria al trabajador, derecho a auditoría algorítmica, prohibición de uso de IA en decisiones disciplinarias críticas— serían anuladas si la preempción federal avanza sin contenido equivalente.
Dos. Vivienda. Algoritmos de scoring crediticio y selección de inquilinos están siendo regulados en estados como California, Colorado y Nueva York. Para hispanos con historial crediticio limitado o con ingresos no convencionales, esas regulaciones estatales son protección real. La preempción podría eliminarlas.
Tres. Salud. Los sistemas de triaje basados en IA en hospitales estatales y municipales tienen niveles de auditoría que varían por jurisdicción. Estados con mayor población hispana han presionado por estándares más estrictos. La preempción federal podría nivelar a la baja.
Cuatro. Servicios públicos. Decisiones automatizadas de elegibilidad para programas como Medicaid, food stamps, Section 8 y CHIP afectan a millones de hogares hispanos. La supervisión estatal varía. La preempción federal redefiniría las reglas sin mecanismos claros de apelación.
Cinco. Inmigración. Los sistemas de IA usados por DHS para decisiones migratorias no están regulados por leyes estatales pero tampoco están sujetos a auditoría externa independiente. La discusión federal de IA no aborda este componente.
Lo que el Congressional Hispanic Caucus está haciendo
El Congressional Hispanic Caucus, presidido por Adriano Espaillat de Nueva York, ha venido construyendo posicionamiento propio sobre IA desde 2024. Espaillat presentó el proyecto H.R. 3210 – Artificial Intelligence Literacy and Inclusion Act, que busca cerrar la brecha de alfabetización en IA entre comunidades latinas y afroamericanas frente a la población general.
Datos del propio Caucus citados en 2025: solo 15% de afroamericanos y 23% de hispanos reportan alto conocimiento de IA en sus vidas, frente a 34% de blancos. Esa brecha de alfabetización es brecha estructural. Sin literacy básica, el debate regulatorio se discute sobre la cabeza de las comunidades, no con ellas.
Espaillat ha organizado mesas redondas de la Tri-Caucus (Hispanic, Black, Asian Pacific American) sobre IA. Ha colaborado con Yvette Clarke del Congressional Black Caucus y con Ted Lieu, que también firma la GUARDRAILS Act. La coalición existe pero su peso legislativo es secundario frente a la coordinación Casa Blanca-Senado republicano.
Lo que no se debate y deberíamos debatir
Tres preguntas que el Marco no aborda y que la comunidad hispana en EE.UU. tiene derecho a poner en la mesa.
Primera. La IA en idioma español. La mayoría de los modelos de lenguaje grande operan mejor en inglés que en español, especialmente en español de variantes regionales (mexicano, caribeño, andino, rioplatense). Los hispanos que interactúan con servicios públicos automatizados reciben peor servicio. El Marco no menciona criterios de paridad lingüística.
Segunda. Discriminación algorítmica documentada. Estudios académicos de los últimos años (incluidos los del Algorithmic Justice League) han documentado tasas de error más altas de sistemas de reconocimiento facial sobre rostros latinos, especialmente afrolatinos. El Marco habla de «innovación» sin garantías de equidad técnica.
Tercera. Transparencia operativa. Quien recibe decisión adversa automatizada (rechazo de empleo, denegación de servicio, sospecha de fraude) tiene derecho a saber qué algoritmo lo evaluó y qué datos usó. El Marco prefiere flexibilidad operativa sobre transparencia obligatoria.
Lo que viene en el Congreso
Tres calendarios paralelos avanzan en Washington. El proyecto Blackburn en el Senado. La propuesta de la Casa Blanca pendiente de empaquetar en proyectos específicos por comités. La GUARDRAILS Act como bloqueo opositor.
La ventana de movimiento legislativo más probable es entre junio y agosto, antes del recreo de campaña por midterms. Si la administración Trump empuja la preempción durante el verano, los demócratas activan filibuster en el Senado y movilizan a sus bases. Si la administración prefiere esperar a midterms, deja al sector privado operar bajo el patchwork estatal.
INCÍSOS va a seguir el debate regulatorio con atención. Lo que se decide sobre IA en Washington define el escenario laboral, financiero y de servicios para hispanos en EE.UU. durante la próxima década. No es debate técnico. Es debate civilizatorio.
Para la diáspora hispana en EE.UU., la primera tarea es informarse. La segunda es exigir representación en los comités del Congreso donde el debate avanza. La tercera es apoyar las organizaciones civiles que documentan impacto algorítmico sobre comunidades latinas. La cuarta es construir vocabulario técnico propio para que la conversación no quede solo en manos de quienes diseñan los modelos.
Fuentes principales
- — White House, Legislative Recommendations: National Policy Framework for Artificial Intelligence, 20 de marzo de 2026.
- — Executive Order 14365, Ensuring a National Policy Framework for Artificial Intelligence, firmada el 11 de diciembre de 2025.
- — Holland & Knight, «White House Releases a National Policy Framework for Artificial Intelligence», marzo de 2026.
- — Akin Gump, «White House Releases Long-Awaited Artificial Intelligence Framework», 23 de marzo de 2026.
- — Steptoe & Johnson, «White House Releases National AI Policy Framework», 23 de marzo de 2026.
- — Ropes & Gray, análisis del Marco Nacional de IA, marzo de 2026.
- — Don Beyer y otros, Guaranteeing and Upholding Americans’ Right to Decide Responsible AI Laws and Standards (GUARDRAILS) Act, 20 de marzo de 2026.
- — Marsha Blackburn, TRUMP AMERICA AI Act, borrador actualizado del 18 de marzo de 2026.
- — Congressional Hispanic Caucus, comunicaciones de Adriano Espaillat sobre H.R. 3210 Artificial Intelligence Literacy and Inclusion Act.
- — Congressional Hispanic Caucus, AI Leadership Roundtable, 13 de mayo de 2025, con Adriano Espaillat, Yvette Clarke y Ted Lieu.
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