Política
Provea pone en cifras lo que el «supérenlo» borra
El Informe Anual 2025 del Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos documenta con cifras verificadas lo que ninguna transición puede ignorar.
El jueves 14 de mayo de 2026, el Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos publicó su Informe Anual 2025 con el título «El eclipse de la Constitución: Venezuela exige justicia y democracia». El documento, de 22 minutos de lectura, recoge en cifras lo que la frase «supérenlo, perdónennos y vuelvan» pretende clausurar. Desapariciones forzadas multiplicadas por casi tres. Salario mínimo de 45 centavos de dólar mensuales. Diez mil ochocientas cincuenta y tres personas asesinadas por agentes del Estado desde el inicio del gobierno Maduro. Y un dato que reordena la conversación: Venezuela ocupa, por décimo año consecutivo, el último lugar del mundo en el Índice de Estado de Derecho. —
La frase y el documento
El miércoles 7 de mayo de 2026, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional venezolana, pronunció una frase dirigida explícitamente a la diáspora: «Supérenlo, perdónennos y vuelvan». La declaración, recogida por medios venezolanos y por la prensa internacional, sintetizaba en seis palabras el tono que el Rodrigato pretende imponer sobre la conversación pública de la transición. Pasar página. Olvidar. Volver al país sin condiciones previas.
Siete días después, el jueves 14 de mayo de 2026, el Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos publicó su Informe Anual 2025 bajo el título «El eclipse de la Constitución: Venezuela exige justicia y democracia». El documento, de 22 minutos de lectura, recoge con cifras verificadas las razones por las que esa frase resulta insostenible.
Provea no responde a Rodríguez. No lo nombra. No lo discute. Pero documenta exactamente lo que su frase pretende clausurar.
Una cifra que reordena todo
Hay un dato en el informe de Provea que, por sí solo, debería estar en cualquier conversación sobre la transición venezolana. Venezuela ocupa, por décimo año consecutivo, el último lugar del mundo en el Índice de Estado de Derecho del World Justice Project. Lugar 143 de 143 países evaluados. Comparte los últimos puestos con Camboya, Myanmar y Haití.
Esa cifra no es de los enemigos del gobierno. No es de la oposición. No es de Washington. Es del WJP, un proyecto de monitoreo internacional con metodología pública, que mide ocho factores: límites al poder gubernamental, ausencia de corrupción, gobierno abierto, derechos fundamentales, orden y seguridad, ejecución regulatoria, justicia civil y justicia penal. En las ocho dimensiones, Venezuela aparece entre los peores diez del mundo. Y lo hace de manera consistente. Una década completa. No es coyuntura. Es estructura.
Eso es lo que se hereda el 3 de enero de 2026, cuando las Fuerzas Armadas de Estados Unidos capturan a Nicolás Maduro y Cilia Flores en Caracas, cerrando 27 años de gobierno chavista-madurista y abriendo una etapa que Provea describe como «un país bajo tutela externa, con cientos de presos políticos aún detenidos, una economía reducida en más del 75% y una sociedad que lleva años reconstruyendo su tejido desde la resistencia».
Las cifras del último año
El Informe Anual 2025 documenta el año más severo en términos de represión política del registro histórico de Provea, que data de 1988.
Desapariciones forzadas: 95 casos con 160 víctimas en 2025. Un aumento del 196% respecto a 2024. Un aumento del 841% sobre el promedio histórico que la organización ha registrado durante 37 años. La Fuerza Armada Nacional Bolivariana fue responsable del 43% de las detenciones arbitrarias asociadas. La Dirección General de Contrainteligencia Militar estuvo involucrada en el 25% de los casos.
Detenciones por razones políticas: 513 víctimas en 2025. Segundo año más alto en el registro histórico, solo superado por 2024 con al menos 2.229 personas. Un aumento del 102% sobre el promedio de los últimos 17 años. El 11% de las víctimas fueron niños, niñas y adolescentes.
Tortura y tratos crueles: 659 denuncias documentadas. Al menos 42 personas reportaron haber sido víctimas de torturas. Una persona fue asesinada en el estado Barinas a consecuencia de torturas. Al menos 463 privados de libertad por razones políticas denunciaron tratos crueles, inhumanos y degradantes.
Ejecuciones por agentes del Estado: 336 víctimas en 2025. La cifra acumulada desde el inicio del gobierno Maduro asciende a 10.853 personas. El 76% de las presuntas ejecuciones ocurrió en pleno día. El 54% de las víctimas tenía entre 18 y 30 años. El 4% eran menores de edad. La Policía Nacional Bolivariana y el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas encabezan la responsabilidad con 96 presuntas ejecuciones cada uno durante el año.
Estas son las cifras sobre las cuales Jorge Rodríguez pide que la diáspora «se supere» y «vuelva».
El salario de 45 centavos
La dimensión económica del informe es igual de severa. El salario mínimo permaneció congelado en 130 bolívares durante más de 1.300 días. En diciembre de 2025 equivalía a 0,45 dólares al mes. El más bajo de América Latina. El ingreso mínimo integral llegó a 160 dólares en mayo de 2025, pero incluye bonos discrecionales no formalizados como salario, lo que excluye a millones de trabajadores de prestaciones sociales, pensiones y seguridad social.
El 34,1% de los trabajadores se desempeña en el sector informal. La estimación del desempleo en 2024 alcanzó el 40,3%. La brecha entre quienes perciben ingresos en divisas y quienes dependen exclusivamente del salario oficial profundizó la desigualdad estructural.
Sobre alimentación: el salario mínimo cubre apenas el 1% de la Canasta Alimentaria Familiar, cuyo costo llegó a 565 dólares en 2025. Cáritas de Venezuela documentó un 9,1% de desnutrición aguda en comunidades vulnerables. Una de cada tres personas recurrió a la mendicidad para alimentarse. Más de la mitad de la población redujo la calidad y cantidad de sus comidas.
Sobre salud: el 89,8% de los hospitales reportó que no tenía medicamentos. El 88,5% carecía de insumos básicos. El 87,7% no contaba con equipos médicos. Venezuela lleva desde 2016 sin publicar datos epidemiológicos oficiales. El 94,6% de los venezolanos sigue dependiendo exclusivamente del sistema sanitario público, que opera con una reducción cercana al 80% de sus capacidades de atención.
Sobre vivienda: el déficit acumulado es de 2,2 millones de viviendas. El gobierno prometió construir 400.000 en 2025; Provea verificó la entrega de 1.415. El 62,3% de los hogares tiene restricciones graves de agua potable. El 73% sufre interrupciones en la recolección de basura. El 77,6% enfrenta crisis de gas.
Estos no son indicadores de un país en crisis pasajera. Son indicadores de un colapso institucional consolidado durante una década.
Lo que la Misión de la ONU concluyó
El informe Provea recoge dos pronunciamientos internacionales especialmente severos del último año.
El Alto Comisionado de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Volker Türk, advirtió en diciembre de 2025 que la situación en Venezuela no había mejorado: persisten las detenciones arbitrarias, las desapariciones forzadas, las restricciones al espacio cívico y la militarización progresiva de la vida pública. La Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos, con mandato renovado por la ONU hasta octubre de 2026, concluyó que funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana han cometido crímenes de lesa humanidad durante más de una década, bajo una cadena de mando centralizada en el presidente.
La Corte Penal Internacional cerró su oficina en Caracas en diciembre de 2025 por falta de «progreso real» en la cooperación del Estado venezolano. La investigación por crímenes de lesa humanidad sigue activa desde 2014, con más de 8.000 testimonios recabados.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos se pronunció más de 45 veces sobre Venezuela en 2025 y adoptó 33 medidas cautelares, un aumento del 22,2% respecto a 2024 y el nivel más alto en la última década. La Corte Interamericana emitió 6 sentencias contra el Estado venezolano durante el año.
La eficacia del miedo
El prólogo del informe lo escribe Gina Romero, Relatora Especial de Naciones Unidas sobre la libertad de reunión pacífica y de asociación. Su lectura introduce un concepto editorialmente clave: el «efecto de enfriamiento».
«Aunque las cifras brutas de detenciones o protestas puedan mostrar un descenso respecto a picos históricos, esto no se debe a una mejora en las garantías, sino a la eficacia del miedo». La represión se ha vuelto más selectiva. Golpea con precisión a líderes sociales, sindicalistas y defensores de derechos humanos. Lo que aparenta moderación en los datos brutos es, en realidad, sofisticación represiva.
Esta lectura importa porque puede leerse en la dirección equivocada. Cualquier observador externo que mire la cifra de 336 ejecuciones en 2025, frente a las 524 de 2024, podría concluir que el gobierno «mejoró». La Relatora Romero advierte exactamente lo contrario. La reducción no es producto de una política de derechos humanos. Es producto de una sociedad civil más asfixiada, una población más temerosa de protestar, un sistema judicial más cooptado y una opacidad estadística más severa. Menos casos visibles no significa menos violaciones. Significa menos canales para documentarlas.
Lo que la diáspora necesita leer
Para los millones de venezolanos en Estados Unidos, en España, en Colombia, en Perú, en Chile, el Informe Provea 2025 ofrece algo más que cifras. Ofrece la base documental sobre la cual cualquier transición legítima debe construirse.
Lo que Jorge Rodríguez pide cuando dice «supérenlo» no es reconciliación. La reconciliación, como observó Ángel Oropeza en la entrevista que INCÍSOS publicó esta misma edición, «debe basarse en el reconocimiento de responsabilidades, reparación de los daños, aseguramiento de no repetición». Eso es justicia. Lo otro es pasar la página. Lavarse las manos. Convertir a las víctimas en obstáculo.
El informe de Provea no es panfleto. Es trabajo técnico de una organización con 37 años de monitoreo, cuya labor de documentación, según la Relatora Romero, «impide que el olvido se convierta en ley».
Esa frase es la que mejor sintetiza el sentido editorial de este documento. Si Venezuela acepta el «supérenlo» como modelo de transición, el olvido se convierte en ley. Si Venezuela exige verdad, justicia y reparación, el olvido pierde. Provea ofrece las cifras para que esa exigencia tenga base.
Las exigencias
Las recomendaciones que cierran el informe son extensas pero pueden resumirse en una sola línea editorial: la transición venezolana solo será legítima si desmantela el andamiaje represivo construido durante los últimos 25 años y recupera la separación de poderes públicos. No hay reconstrucción institucional posible que conserve la estructura institucional que produjo las violaciones documentadas.
Eso significa, en concreto, desmontar la legislación represiva (incluida la Ley de ONG que entró en plena vigencia en 2025), reconstruir el sistema judicial, garantizar un salario mínimo constitucionalmente protegido, crear una Ley Orgánica de Salud pendiente desde 1999, activar la demarcación de territorios indígenas detenida desde 2015, y establecer responsabilidades penales no solo de autores materiales sino de cadenas de mando.
La «tercera pata de la mesa» que Ángel Oropeza pidió en la entrevista de INCÍSOS para una transición sostenible, Provea la dibuja con su contenido específico: una sociedad civil con capacidad de exigir, organizar y documentar.
Lo que se documenta no se borra
A cuatro meses y once días de la captura de Maduro, la transición venezolana enfrenta su prueba más difícil. No es la prueba económica. No es la prueba electoral. Es la prueba de qué se hace con el legado documentado.
El Informe Anual 2025 de Provea es la respuesta más completa que la sociedad civil venezolana ha entregado a esa pregunta hasta hoy. No prescribe el desenlace. Documenta el punto de partida. Y al hacerlo, fija una condición mínima: ninguna transición que pretenda construir el futuro sobre la negación del pasado tiene legitimidad real.
«El olvido no se convertirá en ley», dice el prólogo del informe. Esa es la frase con la que Provea responde, sin nombrarlo, al «supérenlo» de Jorge Rodríguez. Y es la frase que la diáspora hispana en Estados Unidos —donde viven millones de personas que se fueron precisamente por lo que el informe documenta— necesita escuchar.
Lo que se documenta no se borra. Y Provea acaba de documentar diez mil ochocientas cincuenta y tres razones, una por una, para que el olvido no sea ley.
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Fuentes principales
- Informe Anual 2025 del Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea), «El eclipse de la Constitución: Venezuela exige justicia y democracia», publicado el jueves 14 de mayo de 2026.
- Prólogo del informe a cargo de Gina Romero, Relatora Especial de Naciones Unidas sobre la libertad de reunión pacífica y de asociación.
- Capítulo especial «Venezuela: el fin de una época» a cargo de la historiadora y politóloga Margarita López Maya.
- World Justice Project, Rule of Law Index 2025.
- Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela, Naciones Unidas.
- Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), medidas cautelares y pronunciamientos sobre Venezuela 2025.
- Corte Penal Internacional, Estatuto de la Oficina en Caracas, comunicado de cierre de diciembre de 2025.
Este análisis se publica bajo los criterios editoriales de INCÍSOS. Cómo trabajamos →
Alfredo Yánez
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La embajada estadounidense entregó insumos médicos al hospital Vargas
Una donación resuelve un inventario. No resuelve un presupuesto, y la diferencia se nota a las pocas semanas.
Es una buena noticia y conviene decirlo así. También conviene explicar qué resuelve una donación y qué no.
| Qué | La Embajada de Estados Unidos en Caracas entregó insumos médicos al hospital Vargas. |
|---|---|
| Quién | Embajada de Estados Unidos en Caracas; personal y pacientes del hospital. |
| Cuándo | Septiembre de 2026. |
| Dónde | Caracas. |
| Por qué | El sistema hospitalario público atraviesa un déficit sostenido de insumos. |
| Cómo | Mediante una entrega directa de materiales. |
La Embajada de Estados Unidos en Caracas entregó insumos médicos al hospital Vargas.
Es una buena noticia para quien vaya a ser atendido allí en las próximas semanas, y conviene decirlo sin rodeos antes de cualquier análisis.
Lo que resuelve una donación
Un inventario. Guantes, gasas, sueros, medicamentos, material quirúrgico. Durante un tiempo, el personal deja de pedirle al paciente que traiga lo que hace falta, que es la práctica que se instaló en buena parte del sistema.
Para una familia que llega a emergencias, esa diferencia es enorme y es inmediata.
Lo que no resuelve
Tres cosas, y las tres son estructurales.
El presupuesto. Una donación no modifica la asignación del hospital. Cuando el material se agota, el problema regresa exactamente igual.
El personal. No hay donación que cubra la falta de especialistas, ni los salarios que explican esa falta.
Y la infraestructura. Equipos dañados, quirófanos fuera de servicio y fallas de electricidad y agua no se corrigen con insumos.
Decir esto no le quita mérito a la entrega. Lo sitúa.
La pregunta que conviene hacer
Cuál es el ciclo.
Un envío puntual dura semanas. Un programa sostenido, con entregas periódicas y con criterio de reposición, es otra cosa.
No se ha informado si esta entrega forma parte de un programa continuado o si es una acción única.
El contexto que no conviene perder
Esta entrega ocurre en el mismo período en que se anuncian acuerdos petroleros por decenas de miles de millones de dólares y en que se discute la recuperación de reservas retenidas en el exterior.
Un hospital que recibe insumos por donación diplomática, mientras el país negocia cifras de esa magnitud, describe una desproporción que vale la pena anotar sin necesidad de adjetivarla.
Lo que hay que verificar
Qué se entregó exactamente y en qué cantidad.
Si hay más hospitales en el programa y cuáles.
Y si existe un mecanismo de seguimiento que permita saber que los insumos llegaron a los pacientes.
Ese último punto no es una sospecha sobre nadie. Es la práctica estándar de cualquier donación seria, y suele estar previsto en el propio acuerdo de entrega.
Fuentes principales: Información difundida sobre la entrega de insumos médicos de la Embajada de Estados Unidos en Caracas al hospital Vargas, septiembre de 2026.
Política
Ampliar los cupos de medicina no resuelve la falta de médicos
El país no tiene un problema de cupos. Tiene un problema de retención, y los cupos no lo tocan.
El anuncio apunta a un problema real. Conviene explicar por qué la herramienta elegida tarda una década en dar resultados.
| Qué | El gobierno encargado anunció la ampliación de la matrícula para quienes quieran estudiar medicina. |
|---|---|
| Quién | Delcy Rodríguez; sistema universitario venezolano; aspirantes. |
| Cuándo | Anuncio del lunes 14 de septiembre de 2026, al inicio del año escolar. |
| Dónde | Venezuela. |
| Por qué | El país enfrenta un déficit sostenido de personal médico. |
| Cómo | Mediante el aumento de cupos en las escuelas de medicina. |
Al referirse al inicio del año escolar, la presidenta encargada anunció la ampliación de la matrícula para quienes quieran estudiar medicina.
El problema al que apunta es real. Conviene explicar por qué la herramienta elegida tarda una década en dar resultados y por qué, por sí sola, no resuelve el asunto.
La aritmética del tiempo
Formar un médico general toma entre seis y siete años de estudio. Un especialista, entre tres y cinco años más.
Un cupo ampliado en 2026 produce un médico general hacia 2033 y un especialista hacia 2037.
Eso no invalida la medida: las decisiones de formación son necesariamente de largo plazo y no hacerlas hoy significa no tener médicos en diez años. Pero significa que no puede presentarse como respuesta a una carencia presente.
El problema que no son los cupos
Venezuela no tiene un déficit de vocaciones médicas. Tiene un déficit de retención.
Miles de profesionales de la salud formados en el país ejercen hoy fuera de él. Y entre quienes permanecen, una parte trabaja en el sector privado o combina varios empleos porque el salario público no alcanza.
Es decir: el sistema ya formó a esos médicos. Los perdió después.
Ampliar cupos sin corregir lo que produce esa salida equivale a llenar un recipiente sin tapar la fuga.
Los tres factores de la fuga
Están documentados y no son un misterio.
El salario. Un ingreso que no cubre la canasta básica hace que el ejercicio público sea inviable como única actividad.
Las condiciones de trabajo. Un hospital sin insumos, sin equipos operativos y con fallas de servicios convierte el ejercicio profesional en una frustración diaria.
Y la formación de posgrado. Un residente sin acceso a especialización busca esa especialización afuera, y casi nunca vuelve.
Lo que haría falta junto a los cupos
Un plan de retención, con condiciones salariales y de trabajo verificables.
Capacidad de formación real: profesores, hospitales universitarios en funcionamiento y material docente. Ampliar matrícula sin ampliar capacidad produce egresados con formación deficiente, que es peor que no ampliarla.
Y un programa para quienes se fueron. Miles de médicos venezolanos ejercen en otros países y muchos mantienen vínculo con el suyo. Es la fuerza que menos tarda en incorporarse, porque ya está formada.
Las preguntas concretas
Cuántos cupos adicionales, en qué universidades y en qué carreras.
Con qué capacidad docente se atenderán.
Y en qué hospitales harán prácticas esos estudiantes, considerando el estado de la red asistencial.
Las tres son verificables y ninguna se ha respondido.
Fuentes principales: Anuncio de la presidenta encargada del 14 de septiembre de 2026 sobre ampliación de matrícula en medicina. Literatura sobre duración de la formación médica y sobre emigración de personal de salud venezolano.
Política
Venezuela entra al G20 por la puerta de la energía
El país vuelve a una mesa internacional. No por la vía política ni por la de derechos humanos, sino por la del suministro.
La información proviene de un reporte que cita a un funcionario no identificado. Conviene tratarla como lo que es y explicar por qué importa igual.
| Qué | Una delegación venezolana asistiría a reuniones sobre energía del G20 en Houston, por invitación de la administración estadounidense. |
|---|---|
| Quién | La ministra de Hidrocarburos, Paula Henao, y el directivo de la estatal petrolera Jovanny Martínez, según los reportes. |
| Cuándo | Reuniones del ciclo del G20 correspondiente a 2026. |
| Dónde | Houston, Texas. |
| Por qué | Estados Unidos preside este ciclo del foro y promueve a Venezuela como socio energético. |
| Cómo | Mediante invitación cursada por la administración anfitriona, según un reporte que cita a un funcionario no identificado. |
Una delegación venezolana asistiría a reuniones sobre energía del G20 en Houston, por invitación de la administración estadounidense, según un reporte de la agencia Bloomberg que cita a un funcionario de la Casa Blanca no identificado.
Los reportes señalan que la delegación estaría encabezada por la ministra de Hidrocarburos, Paula Henao, y por el directivo de la estatal petrolera Jovanny Martínez.
Primero, la cautela
La fuente es un funcionario no identificado citado por una agencia. No hay convocatoria pública ni confirmación oficial de ninguna de las dos partes.
Eso no la descalifica: es como se reporta buena parte de la diplomacia. Pero significa que estamos ante una información atribuida y no ante un hecho documentado, y conviene decirlo antes que después.
Por qué importa igual
Porque sentarse en una mesa de ese foro no es un detalle protocolar.
El G20 no es una organización con membresía formal abierta: es un foro donde el país anfitrión decide a quién invita. Una invitación a participar en sus reuniones equivale, en la práctica, a un reconocimiento de interlocución.
Y como ocurre con los reconocimientos que no se declaran, este se expresaría mediante una conducta: a quién se sienta a la mesa.
La puerta por la que se entra
Aquí está lo que conviene registrar.
Venezuela volvería a un escenario multilateral relevante. No por la vía política, ni por la de derechos humanos, ni por un proceso de normalización institucional.
Por la vía del suministro energético.
Es el mismo patrón que esta casa viene documentando desde el 28 de agosto. La participación accionaria del departamento militar estadounidense, la comparecencia del vicepresidente enmarcando el acuerdo en la guerra con Irán, la respuesta presidencial sobre una posible reunión contestada con una cifra de barriles, y ahora una invitación a una reunión sobre abundancia energética.
Cuando un país regresa a la mesa internacional por una sola puerta, esa puerta define de qué se va a hablar.
Lo que no entra en esa agenda
Una reunión sobre energía discute inversión, suministro, precios y seguridad energética.
No discute presos políticos, ni cronograma electoral, ni garantías de prensa, ni el estado de los hospitales.
No porque nadie quiera, sino porque no es el foro. Y ahí está el problema de entrar por una sola puerta: los asuntos que no caben en ella quedan a la espera de otra que no se ha abierto.
Lo que hay que verificar
Si la invitación existe y en qué términos.
Quién integra efectivamente la delegación.
Si hay encuentros bilaterales previstos al margen de las sesiones.
Y si el asunto venezolano aparece en algún documento del foro, que es donde se sabría si se trata de participación o de presencia.
Las cuatro son verificables en los días siguientes, y dos de ellas constarán en documentos públicos.
Fuentes principales: Reporte de Bloomberg citando a un funcionario de la Casa Blanca no identificado, reseñado por medios venezolanos el 14 y 15 de septiembre de 2026. Reportes de El Nacional sobre la promoción de Venezuela en reuniones del G20 sobre energía en Houston.
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