Colaboradores Invitados
Carta a Juan Miguel Matheus
Ángel Alberto Bellorín cuestiona la intervención legislativa en el Comité de Postulaciones Judiciales y reclama un baremo público, transparencia y autonomía de la sociedad civil.
Por Ángel Alberto Bellorín
Esta columna expresa la opinión de su autor.
Señor Juan Miguel Matheus:
Usted, como abogado que se denomina constitucionalista, debe conocer que el secuestro del Comité de Postulaciones Judiciales por parte del Poder Legislativo desde la aprobación de la primera ley, en el año 2004, es una aberración constitucional. Contradice tanto el párrafo final del artículo 264 como la esencia del 270, determinada con claridad en todo su contenido, así como en el nombre del capítulo y la sección que los contienen.
Callar esa verdad es complicidad o ignorancia. En ambas situaciones se descarta cualquier honorabilidad.
Viniendo de usted, que sabemos no es ignorante, no hay otro nombre para definir a alguien que jamás abrió su boca para opinar sin titubeos sobre este tema en todos los nombramientos anteriores de magistrados del TSJ: sin baremo público, sin transparencia y con diputados usurpando una preselección que no les corresponde. Ustedes ya lo hicieron con eso que llaman TSJ en el exilio.
¿En qué ha cambiado esa práctica?
Están llamando a postularse sin saber aún quiénes serán los encargados del proceso, sin un baremo público previo y sin conocer con cuáles créditos cuentan los posibles evaluadores.
Sorprende que, a pesar de todo lo que pasa en el país, usted aún continúe con su descarada actuación cómplice, engañando con eso de un aparente aumento del número de representantes de sociedad civil, impuesto por los diputados ahora de Jorge Rodríguez. Cualquier ser pensante con honestidad intelectual verdadera sabe que, al ser de esa forma, el Poder Legislativo los subordina y los despoja de su naturaleza original de sociedad civil. Nadie con verdadera honestidad se puede prestar a ser un tonto útil en este nuevo teatro.
Con tal acción, ese poder legislativo ilegítimo al que usted representa continúa violando también la manifestación directa e intransferible de la soberanía popular prevista en el artículo 5. Esa es la verdad constitucional.
Espero que se atreva a contradecir con argumentos lo que aquí le escribo.
Caracas, 21 de septiembre de 2026.
Doctor Ángel Alberto Bellorín
Profesor de Doctorado en la Universidad Central de Venezuela.
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Del monólogo al coro: liderazgo colaborativo y empatía en la era digital
Maigualida Gamero invita a pasar del monólogo al coro: un liderazgo que escucha, comparte la búsqueda y construye comunidades de sentido.
Por Maigualida Gamero
¡Hola a todos! Bienvenidos una vez más a este espacio de encuentro donde la palabra se habita, se siente y se transforma. En un mundo hiperconectado donde las pantallas a menudo multiplican el ruido pero apagan las miradas, nos hemos acostumbrado al espejismo del monólogo: figuras que hablan hacia la multitud pero rara vez con ella. Hoy quiero invitarlos a repensar nuestra manera de comunicar y liderar, abandonando el viejo pedestal autoritario para dar paso a un nuevo paradigma: del monólogo al coro, o cómo la gerencia de la presencia y la empatía se han convertido en las tecnologías de poder más disruptivas de nuestro tiempo.
La ilusión de la tarima solitaria: Durante décadas, el liderazgo tradicional operó bajo la premisa de la jerarquía vertical. El orador ocupaba el vértice superior del cono comunicativo: un emisor omnisciente que dictaba verdades y una audiencia relegada a la pasividad del receptor. Sin embargo, la era digital y las dinámicas sociales actuales dinamitaron esa tarima. Hoy en día, un discurso que no reconoce al otro como un cocreador de sentido nace muerto.
La empatía como tecnología de conexión
Cuando entrenamos la oratoria escénica y la gerencia de la presencia, insistimos en que el carisma no es un don estático, sino una energía en circulación. En tiempos donde los algoritmos segmentan nuestras realidades y nos encierran en cámaras de eco individuales, el verdadero desafío de un orador o un líder cultural no es imponer su relato, sino tejer un espacio común donde la vulnerabilidad se convierta en puente.
Pasar del monólogo al coro implica transformar profundamente nuestras prácticas comunicativas:
- Sustituir la certeza por la búsqueda compartida: El líder contemporáneo no teme admitir las grietas de su propio discurso; invita a la audiencia a explorar las preguntas abiertas en lugar de ofrecer respuestas prefabricadas.
- Entender la escucha como acción escénica: Así como en el teatro el silencio del espectador dialoga activamente con la voz del actor, en la tribuna moderna la retroalimentación y la sintonía emocional marcan el ritmo del mensaje.
- Construir comunidades de sentido: Dejar atrás la competencia individualista para tejer redes de colaboración donde la palabra de cada quien aporte una nota distinta a una partitura común.
El eco de las voces colectivas
Nuestros poetas y creadores más lúcidos —esos que sabían habitar los silencios y rescatar la memoria— ya nos advertían que la gran literatura nunca es un grito aislado, sino el eco de una sensibilidad colectiva. Hoy, frente a los desafíos de nuestras sociedades, nuestra voz pública debe dejar de ser una torre de marfil.
Atrévete a bajar del pedestal. Entiende que tu presencia no brilla por cuánto dominas al otro, sino por cuánto eres capaz de resonar con él. Convirtamos nuestra palabra en un coro vivo donde cada voz encuentre su lugar y su verdad. ¡Hasta nuestra próxima entrega en INCÍSOS!
Colaboradores Invitados
La retina es política
Vivimos una situación ad factum, que no comporta estrictos marcos regulatorios. La retina es política y posibilista, no confusional y lírica.
Por Orlando Viera-Blanco
Lamento los recurrentes comentarios, argumentos-cliché y lugares comunes, resumidos en la supuesta «opacidad, ilegitimidad e ilegalidad» del acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela.
Opiniones minadas de generalizaciones infecundas, abstracciones y silogismos de cuatro patas —falaces non sequitur— que sabotean la fase de estabilización, liberación y restauración republicana.
Olvidan los analistas viento en contra que vivimos una situación ad factum, la cual como tal no comporta estrictos marcos regulatorios, análisis normativos ni jurídicos. La retina es política y posibilista, no confusional y lírica.
La reinstitucionalización llegará a través del estómago del pueblo, la recuperación de la devastación económica y social, elecciones sostenibles con gobernanza real y no con posturas normativas desde zooms, ordenadores y tic tocs.
Ya lo decía Miranda: bochinche, bochinche y más bochinche.
La oportunidad
No comprender la necesidad, alcance y fortaleza de este acuerdo para viabilizar la transición política en Venezuela desde la base económica, petrolera, tecnológica, de gestión y control de un agente externo muy poderoso, es despreciar las prioridades de la gente, desentender el proceso y desperdiciar una oportunidad irrepetible.
Insistir en nuestra impenitente historia de fragmentación, inmediatez e indómita y mal administrada irreverencia cultural nos impide refundar una república democrática y moderna con armonía y sensatez.
Los egos y ansiedades figurativas nos embriagan y enceguecen.
Sobre la opacidad
Hablar de opacidad es no comprender cómo opera la realidad política norteamericana cuando actúa en el marco de la diplomacia de fuerza, emergencia, reserva y control.
Es no saber que Estados Unidos sí rinde cuenta de lo que suscribe, y es tratar bajo presunción de culpabilidad a quien nos asiste, asumió los riesgos, puso los soldados, el dinero y la vida política para sacarnos de esta pesadilla.
Estados Unidos ha demostrado históricamente que tiene un proyecto. Ahí están doscientos cincuenta años de vida republicana —solvente y democrática— que jamás hemos tenido nosotros. Esa es la llave para salir de este «accidente histórico» en el cual nos metimos.
Sobre la ilegalidad
A los que hablan de ilegalidad los invito a explicar cómo, con esa certeza normativa, salimos del oscurantismo.
Soy hombre de leyes, pero también de realidades y posibilidades.
En otro sentido, las pautas del acuerdo están a la vista: partes, regalías, OPEX, impacto de inversión, rentabilidad, sostenibilidad, tiempos y condiciones. Y el partner es el Pentágono, socio que controla el bloque concesionario: poder, crédito, administración —dinero, auditoría, distribución y liquidación—, recaudación y pago.
¿De qué otro modo puede actuar un tutor?
Aplican instrumentos warrant’s penny ya usados en crisis pasadas, permutables mediante swaps en los mercados internacionales.
Vamos al cielo y vamos llorando, decía la abuela. Entramos en el sistema internacional financiero y de energía, y lo que hacemos es cuestionar, elevar quejas y plantar cara —sin leverage— a quienes nos dan pulmón. Mala cosa.
Ni el petróleo dejará de pertenecer a los venezolanos, ni lo explotado, extraído y vendido será regalado —como sí lo fue el petróleo a Cuba y otros—, ni Estados Unidos dejará de fiscalizar y pagar a precio de mercado lo que obtenga del acuerdo.
Sobre la ilegitimidad
Hablar de ilegitimidad es otra redundancia inapropiada.
Exigimos un acuerdo como si estuviésemos en Noruega y en una democracia perfecta y sólida.
Estados Unidos no legitima a nadie. Ni lo requiere, ni lo necesita. Solo agota una agenda de seguridad, fuerza, interés y tutela que les permita acceder a lo que hasta ayer saquearon rusos, chinos, cubanos e iraníes, viabilizando la anhelada liberación y refundación democrática.
La última oportunidad
Es la última oportunidad que tenemos de recuperar nuestra democracia y volver a casa en sana paz.
Ojalá la historia no nos vuelva a facturar por nuestra displicencia, indiferencia e ingratitud contra quienes nos apoyan y con quienes hacemos alianza ideal. Y contra nosotros mismos.
Orlando Viera-Blanco
Colaboración invitada
Los artículos de la sección Colaboradores Invitados expresan la posición de sus autores y no necesariamente la línea editorial de INCÍSOS.
Colaboradores Invitados
La urdimbre y la tribuna: hacia una elocuencia femenina
Maigualida Gamero examina si existe una oratoria propia de las mujeres y por qué reducirla al sentimiento es una forma de infantilizar su inteligencia estratégica.
¡Hola a todos! Bienvenidos de nuevo a este espacio de encuentro donde la palabra se habita, se siente y se proyecta. Hoy quiero abrir el debate sobre un territorio que durante siglos ha estado marcado por una sola cartografía: la oratoria. Cuando pensamos en el discurso público tradicional, en el estrado imponente, en la retórica de la confrontación y el mando, estamos evocando una estructura profundamente patriarcal y masculina. Pero, en pleno siglo XXI, con figuras luminosas como Michelle Obama, Emma Watson o Michelle Bachelet rediseñando el mapa de la palabra, cabe preguntarnos: ¿Existe una oratoria propia para las mujeres? ¿Cómo dialoga el discurso femenino frente al molde clásico masculino? ¿Es verdad que se habla desde el corazón, o hay una estrategia de poder y presencia mucho más profunda detrás?
El desafío al molde tradicional y la sombra de la plaza pública
Durante generaciones, el estándar de la elocuencia ha sido el modelo de plaza pública: competitivo, vertical, enfocado en convencer mediante la fuerza argumental o la imposición jerárquica. La mujer que accedía a la tribuna solía verse en la encrucijada de imitar ese tono imperativo para ser tomada en serio, perdiendo en el camino su voz genuina.
Esta imposición se vuelve especialmente compleja en naciones con una fuerte impronta histórica de gestas independentistas y republicanas —como nuestra propia América Latina—, donde el relato fundacional fue escrito y declamado por hombres de sable y tribuna militar. En estas repúblicas nacientes, la oratoria pública heredó la épica del campo de batalla: un discurso marcial, de arenga encendida, vertical y solemne, diseñado para un ágora concebida exclusivamente por y para varones.
La voz oculta en la gesta. En sociedades donde la historia oficial elevó al prócer y al orador guerrero al altar de la patria, las mujeres que poseían una lucidez política desbordante —como nuestras heroínas independentistas— a menudo tuvieron que ejercer su elocuencia en los intersticios: en las tertulias clandestinas, en el correo epistolar cifrado, en la acción sorda de la resistencia. El espacio público formal les vedaba el estrado, obligándolas, cuando finalmente lograron alzar la voz en los siglos posteriores, a calzarse un traje retórico ajeno que no les pertenecía.
La gerencia de la presencia en voz de mujer
Cuando observamos a líderes contemporáneas como Emma Watson defendiendo la equidad ante la ONU, o a Michelle Obama conectando con millones a través de la narrativa íntima de su propia vida, entendemos que la gerencia de la presencia femenina no busca imitar la arenga marcial del viejo caudillo, sino resonar más hondo. No se trata meramente de «hablar desde el corazón» como un cliché emotivo, sino de integrar la vulnerabilidad y la vivencia como herramientas legítimas de autoridad.
El discurso femenino contemporáneo subvierte el viejo paradigma porque:
-
Integra la experiencia vivida. Conecta lo personal con lo político, transformando la vivencia cotidiana en un argumento de peso universal.
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Sustituye la verticalidad por la circularidad. En lugar de pararse sobre la audiencia para aleccionar, la oradora se sitúa con la audiencia, creando un espacio de complicidad y escucha activa.
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Reivindica el silencio y la pausa. Al igual que nuestros poetas que habitaban los espacios en blanco, la mujer elocuente domina el tiempo escénico sabiendo que lo no dicho también comunica.
Más allá del mito: ¿corazón o estrategia?
Reducir la oratoria de las mujeres a un asunto exclusivo de «sentimiento» es caer en la trampa de infantilizar su intelecto estratégico. Cuando Michelle Bachelet articula su visión política o cuando una mujer toma la palabra en un escenario corporativo o artístico, lo que hay sobre la mesa es una maestría en la gestión de la empatía como tecnología de poder. Es la capacidad de desmontar la coraza de la confrontación para abrir paso a la verdadera persuasión.
Construir nuestra oratoria escénica desde la identidad femenina significa apropiarnos de nuestro propio registro, sin disculpas ni imitaciones al viejo modelo de la plaza militar. Es entender que nuestra palabra tiene el peso de un escudo solar y la precisión de una flecha certera. ¡Hasta nuestra próxima entrega en INCÍSOS!
Maigualida Gamero
Caracas, Venezuela · 12 de septiembre de 2026
@Maigua_Gamero
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