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Política

«Total transparencia»: el aval de EE.UU. a Delcy Rodríguez choca con la realidad en el terreno

John Barrett, encargado de negocios de EE.UU. en Venezuela, elogió la «total transparencia» del gobierno de Delcy Rodríguez. El terreno —cifras de desaparecidos en disputa, militarización, restricciones de acceso— cuenta una historia más compleja.

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§LXI · ANÁLISIS · 29 JUN

El encargado de negocios de EE.UU. en Venezuela elogió la «total transparencia» del gobierno de Delcy Rodríguez y describió a las Fuerzas Armadas venezolanas trabajando «hombro a hombro» con los rescatistas. El terreno cuenta una historia más compleja.

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QuéJohn Barrett, encargado de negocios de EE.UU. en Venezuela, elogia la «total transparencia» del gobierno de Delcy Rodríguez y el trabajo «hombro a hombro» de las FF.AA. venezolanas.
QuiénJohn Barrett (encargado de negocios, EE.UU.); Delcy Rodríguez (presidenta encargada de Venezuela); Luis Carlos Vélez / N+ Univisión (entrevistador).
CuándoEntrevista del 28 de junio de 2026, quinto día tras el terremoto.
DóndeVenezuela; entrevista difundida por N+ Univisión y recogida por El Tiempo, Semana e Infobae.
Por quéEE.UU. opera en Venezuela en el marco de un deshielo que incluye levantamiento temporal de sanciones y cooperación humanitaria conjunta.
CómoCon un discurso diplomático que valida la narrativa oficial venezolana en puntos que los hechos sobre el terreno cuestionan: cifras de desaparecidos en disputa, militarización de La Guaira, restricciones de acceso.

John Barrett, encargado de negocios de Estados Unidos en Venezuela, concedió el 28 de junio una entrevista a Luis Carlos Vélez para N+ Univisión en la que describió la respuesta venezolana al terremoto en términos elogiosos. Dijo que el gobierno de transición —en sus palabras, «gobierno interino»— «ha sido totalmente transparente» en la información sobre víctimas, y que las Fuerzas Armadas venezolanas han trabajado «hombro a hombro» con los equipos de rescate internacionales. Añadió que la respuesta de EE.UU. ha sido «masiva, sin precedentes y rápida», y que los 150 millones de dólares anunciados son «el inicio» de un compromiso a largo plazo.

La entrevista fue recogida por El Tiempo, Semana e Infobae, y circuló ampliamente en las redes. El problema no es lo que Barrett dice sobre la ayuda de su país —esa parte es constatable y está en línea con lo que se ha podido verificar sobre el terreno—. El problema está en lo que dice sobre la gestión venezolana.

Donde el discurso choca con los hechos

El elogio a la «total transparencia» es el punto más discutible. Mientras Barrett la afirmaba, el número de desaparecidos era objeto de una disputa abierta: frente al manejo oficial, registros independientes citan más de 68.000 personas sin localizar y estimaciones de Naciones Unidas hablan de más de 50.000, en una de las brechas informativas más significativas de la emergencia. Calificar de «totalmente transparente» una gestión cuyas cifras de desaparecidos están tan cuestionadas es, como mínimo, una afirmación que el terreno no respalda.

El segundo elogio —el de las Fuerzas Armadas trabajando «hombro a hombro»— choca con un cuadro igualmente documentado. La gestión de la emergencia ha estado marcada por la militarización de La Guaira, por la restricción de acceso mediante salvoconductos que deben tramitarse ante los militares en Caracas, y por denuncias de voluntarios que describieron esas medidas como un obstáculo para ayudar a las víctimas. A ello se suman los reclamos ciudadanos por la lentitud de la respuesta, los vecinos que excavaron con sus propias manos ante la falta de maquinaria, y hasta un dato revelador: según fuentes en el terreno, el nivel de abandono de infraestructuras como el aeropuerto de Maiquetía —que EE.UU. tuvo que enviar personal a reparar— sorprendió incluso al propio personal estadounidense desplegado.

Por qué un diplomático habla así

Entender esta distancia no exige suponer mala fe, sino comprender la naturaleza de la diplomacia. Un encargado de negocios habla en nombre de la política exterior de su país, y esa política, en este momento, pasa por la cooperación con el gobierno de transición venezolano en el marco de un deshielo que incluyó el levantamiento temporal de sanciones y una operación humanitaria conjunta. En ese contexto, el lenguaje diplomático tiende a suavizar las asperezas y a destacar la colaboración, porque el objetivo es preservar el canal de trabajo. Un diplomático que negocia y coopera con un gobierno no es, por lo general, quien lo critica en público.

Eso explica el tono, pero no lo vuelve incontrovertible. Y aquí está el punto de fondo: cuando la voz de un gobierno extranjero valida una narrativa oficial que los hechos sobre el terreno cuestionan, esa validación tiene consecuencias. Refuerza la posición política del gobierno de transición en un momento clave, en el que se discute su legitimidad y su papel en la reconstrucción, y puede contribuir a opacar las denuncias de quienes, desde dentro, reclaman que la respuesta no ha estado a la altura. No es un detalle menor en un país donde el control del relato es, en sí mismo, una forma de poder. Diego Arria, precisamente, ha pedido a EE.UU. que no deje la reconstrucción en manos del chavismo.

El valor de señalar la distancia

Nada de esto invalida la ayuda estadounidense, que es real y significativa, ni convierte a Barrett en un actor de mala fe. Lo que el análisis señala es más sutil y más importante: que las declaraciones de los actores, por más oficiales que sean, no son la realidad, sino posiciones que deben contrastarse con ella. El periodismo no consiste en reproducir lo que dice una autoridad, sino en confrontarlo con lo que muestra el terreno. Y en este caso, el terreno —las cifras en disputa, la militarización, los reclamos de los damnificados— cuenta una historia más compleja que la del elogio diplomático. Señalar esa distancia no es tomar partido: es, simplemente, no confundir el discurso con los hechos.

El regreso de Machado y el papel de EE.UU. en Venezuela son parte del mismo tablero político que Barrett, desde su posición, no puede —ni pretende— describir con neutralidad. Esa es su función. La nuestra es otra.

Nota: Esta nota analiza declaraciones públicas de un representante diplomático y las contrasta con información documentada sobre la emergencia. Recoge las afirmaciones de cada parte de forma atribuida y no constituye una toma de posición de INCÍSOS sobre la actuación de ningún gobierno.
Fuentes principales: Entrevista de John Barrett con Luis Carlos Vélez para N+ Univisión (28 de junio de 2026), recogida por El Tiempo, Semana e Infobae; reportes sobre la disputa por el número de desaparecidos, la militarización de La Guaira y el estado de la infraestructura (24 a 29 de junio de 2026).

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Política

«Yo quiero salvar personas»: los equipos de rescate que no pudieron llegar a Venezuela

Usar13 desistió y regresó a casa. El Grupo Balear de Rescate esperó dos días en Barajas. Mientras los despliegues estatales entraban, varios equipos civiles voluntarios quedaron varados por trabas burocráticas. Un registro abierto de los casos documentados.

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§LXIII · REPORTAJE · 29 JUN

Mientras los equipos enviados por los gobiernos lograban entrar a Venezuela, varios grupos civiles de voluntarios denunciaron trabas que retrasaron o frustraron su llegada. Un registro abierto de los casos documentados, y una pregunta que merece respuesta: ¿cuántos rescatistas no llegaron a tiempo, y por qué?

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QuéEquipos civiles de rescate denunciaron trabas burocráticas para entrar a Venezuela tras el terremoto.
QuiénGrupos voluntarios como el español Usar13 y el Grupo Balear de Rescate, entre otros.
CuándoEntre el 27 y el 29 de junio de 2026, en la ventana crítica de búsqueda de sobrevivientes.
DóndeEn aeropuertos de origen, como Madrid-Barajas, sin poder volar hacia Venezuela.
Por quéDemoras en permisos y documentación frenaron a equipos que tenían autorizaciones internacionales.
CómoCon retrasos que costaron días en una emergencia donde cada hora reduce las posibilidades de vida.

En una catástrofe, el tiempo es la diferencia entre la vida y la muerte. Cada hora que pasa con personas atrapadas bajo los escombros reduce drásticamente sus posibilidades de sobrevivir, y por eso la velocidad con que llegan los equipos de rescate no es un detalle logístico: es, literalmente, una cuestión de vidas. En medio de la respuesta internacional al terremoto de Venezuela —masiva y solidaria—, ha surgido una denuncia que merece ser documentada con rigor: la de varios equipos civiles de rescate que aseguran haber sido frenados por trabas burocráticas, y que perdieron días valiosos o directamente no lograron llegar.

Los casos documentados

Hasta ahora, dos casos están plenamente confirmados a través de sus propios protagonistas y de la prensa, y conviene dejarlos registrados con precisión.

El primero es el de Usar13, una asociación humanitaria española, privada y sin fines de lucro, con sede en La Nucía (Alicante), fundada en 2013 y especializada en búsqueda y rescate urbano con perros. El equipo tiene experiencia internacional probada: participó en el terremoto de Turquía de 2023 y en la DANA de Valencia de 2024. Según informó la propia organización, tenían un vuelo coordinado para la tarde del sábado 27 de junio, con los equipajes ya facturados, pero no pudieron partir por trabas que situaron entre la Embajada de Venezuela en España y la aerolínea. Ante la perspectiva de que la situación se prolongara, tomaron una decisión dolorosa: desistir. «Por diferentes motivos, Usar13 no puede volar, al igual que muchos otros equipos, y viendo que esta situación se alargará en el tiempo hemos decidido volver a casa», comunicaron.

El segundo es el del Grupo Balear de Rescate, presidido por Manuel Sánchez. Sus brigadistas denunciaron haber permanecido desde el sábado en el aeropuerto Madrid-Barajas sin poder volar, pese a contar —según afirmaron— con las autorizaciones internacionales para salir de España y entrar a Venezuela. «No entendemos nada», expresó Sánchez, quien lamentó que se les exigiera una cantidad notable de documentación. La frase con la que resumió su frustración condensa lo que está en juego: «Yo no estoy para sacar cadáveres, yo quiero salvar personas». El grupo logró finalmente partir el lunes, con una demora de aproximadamente dos días.

El registro, hasta ahora

A pedido de quienes reclaman un seguimiento de estos casos, este es el registro de los equipos con trabas documentadas hasta el momento. Es una lista abierta y en verificación, no un inventario cerrado.

Equipo País Especialidad Situación Demora Estado
Usar13 España (Alicante) Búsqueda y rescate urbano con canes Vuelo del sábado frustrado; trabas entre embajada y aerolínea Indefinida Desistió y regresó
Grupo Balear de Rescate España (Baleares) Búsqueda y salvamento Varado en Barajas pese a autorizaciones ~2 días Partió el lunes

Los datos sobre número exacto de integrantes y equipamiento específico de cada grupo no han sido detallados de forma uniforme en las fuentes públicas, y por rigor se dejan pendientes de confirmación antes de afirmarlos.

El patrón: civiles varados, despliegues estatales adentro

Más allá de los casos individuales, hay un elemento que ambos equipos subrayaron y que apunta a algo sistémico: ninguno se presentó como un caso aislado. Usar13 fue explícito al decir que no podía volar «al igual que muchos otros equipos». Esa coincidencia sugiere que las dificultades no fueron un tropiezo puntual, sino un obstáculo que afectó a varios grupos a la vez.

Y aquí aparece el contraste más revelador. Mientras estos equipos civiles y voluntarios quedaban varados, los despliegues oficiales enviados por los gobiernos sí lograban entrar y operar: la Unidad Militar de Emergencias de España, los Topos y la brigada de la Sedena de México, el equipo USAR COL-1 de Colombia, los equipos de El Salvador, Francia y Estados Unidos, entre muchos otros, llegaron y trabajaron sobre el terreno. La diferencia entre unos y otros —los que entraron y los que no— parece trazarse, en varios casos, según una línea: la de los despliegues estatales coordinados de gobierno a gobierno frente a las organizaciones civiles independientes. Organizaciones de derechos humanos y medios han documentado, en paralelo, denuncias de obstrucción a la ayuda no oficial durante toda la emergencia.

Por qué esto debe documentarse

No se trata de negar la magnitud de la ayuda que sí llegó, que fue enorme y salvó vidas. Se trata de algo distinto y igualmente importante: de dejar constancia de lo que no funcionó, porque en una catástrofe los errores se miden en vidas. Si equipos especializados, con experiencia y autorizaciones, perdieron días o no llegaron por trabas administrativas, esa es una falla que merece ser investigada y explicada, no por afán de polémica, sino porque la próxima vez —y en un país sísmico siempre hay una próxima vez— esos días pueden ser los que separen a una persona atrapada de su rescate.

De ahí el valor de la pregunta que circula entre quienes siguen de cerca la emergencia: la de que alguien lleve un registro riguroso de los equipos rechazados o demorados, con sus datos, su especialidad y el motivo de la traba. Este texto recoge ese reclamo y aporta los casos verificados hasta ahora, con la conciencia de que la lista puede crecer a medida que más equipos cuenten su experiencia. Documentar lo que ocurrió no es un ejercicio de reproche: es la condición para que no vuelva a ocurrir.

Para el contexto completo, ver qué hacen los equipos de EE.UU. en Venezuela (§XLIV) y la nota sobre ONG que denuncian obstrucción a la ayuda (§XLVI).

Nota: Esta nota recoge denuncias públicas de equipos de rescate, atribuidas a sus protagonistas y a la prensa. El registro es abierto y está en proceso de verificación; los datos no confirmados se señalan como tales. INCÍSOS no afirma una intención deliberada sin pruebas: documenta hechos denunciados y los contrasta. Cualquier equipo afectado puede aportar su testimonio para completar el registro.
Fuentes principales: Declaraciones de Usar13 y del Grupo Balear de Rescate (Manuel Sánchez) recogidas por El Español, Europa Press y CiberCuba; reportes sobre la obstrucción a la ayuda humanitaria (Diario ABC) y sobre el despliegue de equipos estatales internacionales (27 a 29 de junio de 2026).

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Política

Las réplicas no cesan: nuevos temblores reavivan el miedo en la zona del desastre

Varios días después del doble sismo, la tierra sigue sin calmarse. Una réplica de 4,2 sacudió La Guaira el 29 de junio. El peligro no es la magnitud sino el estado de las estructuras.

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§LX · ÚLTIMA HORA · 29 JUN

Varios días después del doble sismo, la tierra sigue sin calmarse. Nuevos temblores sacuden la zona del desastre, obligan a la gente a salir a la calle y mantienen un peligro real sobre las estructuras que el terremoto dejó al límite.

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QuéNuevas réplicas continúan sacudiendo la zona afectada por el doble terremoto.
QuiénLa población de la zona del desastre, los rescatistas y los organismos sismológicos (Funvisis).
CuándoDías posteriores al sismo del 24 de junio; réplica de 4,2 registrada el 29 de junio de 2026.
DóndeNorte de Venezuela; epicentros cercanos a La Guaira, a ~10 km al este, profundidad ~3 km.
Por quéTras un sismo de gran magnitud, las réplicas pueden prolongarse durante semanas; la corteza tarda en reacomodarse.
CómoCon movimientos que reactivan el miedo, amenazan estructuras debilitadas y complican las labores de rescate.

La tierra no termina de calmarse en Venezuela. Varios días después del doble terremoto del 24 de junio, la zona del desastre sigue siendo sacudida por réplicas que reavivan el miedo de una población ya golpeada y exhausta. Lejos de ser un detalle técnico, cada nuevo temblor tiene consecuencias concretas: obliga a la gente a salir corriendo de sus casas, interrumpe el descanso de quienes apenas lo consiguen y, sobre todo, representa una amenaza real sobre edificaciones que quedaron al borde del colapso.

Temblores que no dan tregua

Uno de los movimientos más recientes, registrado el lunes 29 de junio, tuvo una magnitud de 4,2 y su epicentro se ubicó a unos diez kilómetros al este de La Guaira, una de las zonas más devastadas, a una profundidad de apenas tres kilómetros, según la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis). Aunque su magnitud es muy inferior a la de los sismos principales, su escasa profundidad y su cercanía a la zona afectada hicieron que se sintiera con claridad y que numerosas personas volvieran a salir de sus viviendas por temor.

Este fenómeno, aunque alarmante, es esperable desde el punto de vista sismológico. Después de un terremoto de gran magnitud, la corteza terrestre tarda en reacomodarse, y ese reacomodo se manifiesta en una secuencia de réplicas que puede prolongarse durante días, semanas e incluso meses, con una intensidad que tiende a disminuir con el tiempo, aunque sin un patrón perfectamente predecible. La zona acumula ya cientos de réplicas desde el evento principal.

Por qué cada réplica importa

El peligro de las réplicas en este momento no está tanto en su magnitud como en el estado en que encuentran a las estructuras. Un edificio que resistió los sismos principales pero quedó con su integridad comprometida —columnas fisuradas, muros agrietados, cimientos afectados— es mucho más vulnerable ante un nuevo movimiento, por moderado que sea. Lo que el gran terremoto debilitó, una réplica puede terminar de derribar. Es por esta razón que las autoridades insisten en que la población no regrese a las viviendas dañadas sin una evaluación técnica previa. La comisión de habitabilidad anunciada por la presidenta encargada Delcy Rodríguez responde precisamente a esta urgencia: clasificar las viviendas antes de que las familias regresen.

Las réplicas complican, además, las labores de rescate y recuperación. Cada movimiento obliga a detener momentáneamente el trabajo entre los escombros por seguridad, introduce un riesgo adicional para los rescatistas que operan en estructuras inestables y puede provocar nuevos derrumbes en edificaciones que estaban en equilibrio precario. En una carrera contra el tiempo, las réplicas son un obstáculo más que se suma a una tarea ya de por sí extenuante.

La incertidumbre como rutina

Más allá del riesgo físico, las réplicas tienen un costo psicológico que no debe subestimarse. Para una población que ya vivió el horror del terremoto, cada nuevo temblor reactiva el trauma, alimenta la ansiedad y refuerza la sensación de que el peligro no ha pasado. Dormir a la intemperie por miedo a volver a casa, sobresaltarse con cada movimiento, vivir en un estado de alerta permanente: esa es la rutina de miles de personas en la zona del desastre. La tierra, que ya se llevó tanto, se niega a devolverles siquiera la calma. Y mientras las réplicas continúen, la recuperación —física y emocional— tendrá que abrirse paso entre sacudidas.

Nota de sensibilidad: Esta nota informa sobre un fenómeno en desarrollo. Las personas en la zona deben atender las indicaciones de Protección Civil y los organismos de gestión de riesgo, y abstenerse de regresar a edificaciones dañadas sin una evaluación técnica. Ver también: el peligro de las lluvias en la zona del terremoto.
Fuentes principales: Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis); El Español; El Tiempo (28-29 de junio de 2026).

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Política

El semáforo de las viviendas: cómo el Estado decidirá qué casas son habitables tras el terremoto

El Gobierno anunció una comisión presidencial con sistema semáforo (verde/amarillo/rojo) para clasificar viviendas dañadas. El anuncio es el primer paso hacia el mediano plazo. La prueba es la ejecución.

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§LIX · ANÁLISIS · 29 JUN

El Gobierno anunció una comisión presidencial que clasificará cada vivienda en verde, amarillo o rojo. El anuncio es el primer paso hacia el mediano plazo. La pregunta es si la ejecución estará a la altura.

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QuéEl Gobierno anuncia una comisión presidencial de habitabilidad con sistema semáforo para clasificar viviendas dañadas.
QuiénLa presidenta encargada Delcy Rodríguez; ingenieros de la UCAB y la UCV; Estado Mayor para campamentos transitorios.
CuándoAnuncio del 28-29 de junio de 2026, sexto día tras el terremoto.
DóndeVenezuela; zonas afectadas por el doble terremoto del 24 de junio.
Por quéMiles de personas no saben si pueden volver a sus casas; la emergencia exige una respuesta de mediano plazo.
CómoSistema semáforo: verde (habitable), amarillo (revisión necesaria), rojo (inhabitable). Apoyo técnico universitario y plan de viviendas transitorias.

Seis días después del doble terremoto, el Gobierno venezolano dio el primer paso formal hacia el mediano plazo: la presidenta encargada Delcy Rodríguez anunció la creación de una comisión presidencial de habitabilidad que evaluará, vivienda por vivienda, el estado de las edificaciones afectadas. El mecanismo adoptado es un sistema semáforo: verde para las casas que pueden habitarse sin riesgo, amarillo para las que requieren revisión antes de ser ocupadas y rojo para las que deben declararse inhabitables. El anuncio llegó con el respaldo técnico de ingenieros de la UCAB y la UCV, y con la activación de un Estado Mayor para la instalación de campamentos transitorios y un plan de viviendas a corto plazo.

Por qué importa el anuncio

Hasta ahora, la respuesta del Estado había estado centrada en la fase de rescate: sacar personas de los escombros, habilitar acopios, coordinar la ayuda internacional. Era lo urgente. Pero la emergencia tiene una segunda capa, menos visible y más duradera: miles de familias que no saben si pueden volver a sus casas, que duermen en la calle o en refugios improvisados porque nadie les ha dicho si su edificio es seguro. La comisión de habitabilidad es la primera respuesta institucional a esa pregunta. Que llegue al sexto día, con apoyo técnico universitario y un sistema de clasificación claro, es un paso en la dirección correcta.

El sistema semáforo, por su parte, tiene precedentes en otros países que han enfrentado terremotos de gran magnitud. La lógica es sencilla: no todas las viviendas dañadas son inhabitables, y declarar todo rojo por precaución generaría un desplazamiento masivo innecesario. La clasificación técnica permite priorizar, orientar recursos y, sobre todo, dar a las familias una respuesta concreta en lugar de una incertidumbre indefinida.

La pregunta que importa: la ejecución

El valor del anuncio, sin embargo, depende enteramente de su ejecución. Venezuela tiene decenas de miles de viviendas afectadas, muchas en zonas de difícil acceso, y una capacidad institucional que el propio terremoto ha puesto en evidencia. Evaluar cada edificación con rigor técnico, en tiempo razonable, con ingenieros suficientes y sin que la clasificación esté influida por consideraciones distintas a las estructurales, es una tarea de enorme complejidad.

El respaldo de la UCAB y la UCV es una señal positiva: son instituciones con credibilidad técnica y autonomía relativa. Pero la escala del problema supera con creces la capacidad de cualquier equipo universitario actuando solo. La pregunta no es si el sistema semáforo es una buena idea —lo es— sino si el Estado tiene la capacidad operativa para aplicarlo con la velocidad y la honestidad que la situación exige. Esa es la prueba que viene.

Los campamentos y el plan de viviendas

Junto con la comisión de habitabilidad, el Gobierno activó un Estado Mayor para la instalación de campamentos transitorios y anunció un plan de viviendas a corto plazo. Los campamentos son una solución de emergencia para quienes no pueden volver a sus hogares mientras se completan las evaluaciones; el plan de viviendas apunta a algo más estructural. Ambos anuncios son necesarios. Ambos, también, requieren una ejecución que el Gobierno venezolano no siempre ha demostrado ser capaz de sostener en el tiempo.

Lo que está en juego no es solo un techo. Es la posibilidad de que miles de familias puedan reconstruir algo parecido a una vida normal en un plazo razonable. El anuncio de la comisión es el primer paso. El examen real empieza ahora.

Nota editorial: Este análisis se basa en declaraciones oficiales de la presidenta encargada Delcy Rodríguez (28-29 de junio de 2026). La ejecución de las medidas anunciadas será objeto de seguimiento en la cobertura de INCÍSOS. Ver también: «En emergencia: siguiente nivel» y la guía de documentos y seguros.

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