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Política

El terremoto no lo causó el régimen, pero lo encontró sin Estado

Dos sismos de 7,1 y 7,5 grados sacudieron el centro-norte de Venezuela la tarde del 24 de junio y derrumbaron edificios en Caracas y la costa. Un terremoto no se elige ni se previene. Pero el estado en que un país lo enfrenta —sus hospitales, sus cuarteles, su sistema de emergencia— sí se construye con años de decisiones. Y Venezuela llegó a esta cita desarmada.

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ESPECIAL INCÍSOS · EL PAÍS QUE TEMBLÓ

Dos sismos de 7,1 y 7,5 grados sacudieron el centro-norte de Venezuela la tarde del 24 de junio y derrumbaron edificios en Caracas y la costa. Un terremoto no se elige ni se previene. Pero el estado en que un país lo enfrenta —sus hospitales, sus cuarteles, su sistema de emergencia— sí se construye con años de decisiones. Y Venezuela llegó a esta cita desarmada.

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Ficha 6W

Qué Dos terremotos de 7,1 y 7,5 grados golpearon el centro-norte de Venezuela y causaron derrumbes y daños extensos.
Quién Millones de venezolanos afectados; el gobierno de transición de Delcy Rodríguez como responsable de la respuesta.
Cuándo La tarde del miércoles 24 de junio de 2026, con dos sismos sucesivos en menos de un minuto.
Dónde Epicentro en la costa norte (Carabobo-Yaracuy); daños en Caracas, La Guaira y al menos siete estados.
Por qué La magnitud del desastre se amplifica por años de deterioro de la infraestructura y la capacidad de respuesta del país.
Cómo A través de un sismo superficial sobre un país con hospitales, servicios y gestión de riesgo debilitados.

Lo que ocurrió

La tarde del miércoles 24 de junio de 2026, dos terremotos sucesivos —de magnitud 7,1 y 7,5 según el Servicio Geológico de Estados Unidos, con menos de un minuto de diferencia— sacudieron el centro-norte de Venezuela. El epicentro se ubicó en la costa norte, cerca de Morón, entre los estados Carabobo y Yaracuy, a poca profundidad, lo que amplificó su efecto en la superficie. El movimiento se sintió en al menos siete estados y en el Distrito Capital, y llegó con fuerza hasta la vecina Colombia.

En Caracas, a cientos de kilómetros del epicentro, colapsaron edificios en la zona este de la ciudad y se vieron muros desplomados y columnas de polvo sobre barrios densamente poblados. En la costa, en Catia La Mar, videos verificados mostraron edificios altos parcialmente derrumbados sobre la ladera. Hubo cortes de electricidad, internet y telefonía. En las horas siguientes, el gobierno ofreció un primer balance oficial: al menos 188 fallecidos y más de 1.520 heridos según el balance oficial del 25 de junio, una cifra que siguió creciendo a medida que avanzaron las labores de rescate y se evaluaron las zonas más golpeadas, con La Guaira declarada zona de desastre. Conviene decirlo con claridad y sin morbo: detrás de cada número hay una familia, y el balance definitivo aún está lejos de conocerse.

Lo que no se elige y lo que sí

Aquí INCÍSOS quiere ser preciso, porque la precisión es lo que distingue el análisis del oportunismo. Un terremoto no es responsabilidad de ningún gobierno. No se provoca, no se previene, no se anticipa con exactitud. La tierra se movió y habría temblado bajo cualquier administración, de cualquier signo. Atribuir el sismo al régimen sería tan absurdo como deshonesto.

Pero hay una distinción que sí importa, y es la columna de esta cobertura: una cosa es el desastre natural y otra, muy distinta, es la condición en que un país lo recibe. Un terremoto encuentra a una nación con cierta cantidad de hospitales operativos, cierta capacidad de rescate, cierto sistema de emergencia, ciertos cuarteles dispuestos a auxiliar a la población. Y esa condición no cae del cielo: se construye —o se destruye— con años de decisiones, de inversión o de abandono. El sismo no se elige. El estado en que se enfrenta, sí.

Un país que llegó desarmado

Y Venezuela llegó a esta cita desarmada. No por mala suerte, sino por el deterioro acumulado de más de una década. El sistema hospitalario que debe recibir a los heridos opera, según los monitoreos independientes, a apenas la mitad de su capacidad, con quirófanos sin insumos y centros sin agua. Las Fuerzas Armadas, llamadas en cualquier país a ser la primera línea de auxilio en una catástrofe, fueron desplegadas según el gobierno para «garantizar la seguridad», una redacción que dice mucho sobre las prioridades. El sistema de gestión de riesgo, que debería ser una maquinaria aceitada, sobrevive desmantelado. Esos son los temas que este especial desarrolla, uno por uno, con datos.

Mientras tanto, la presidenta encargada Delcy Rodríguez anunció que se dirigiría a los venezolanos, y el ministro del Interior Diosdado Cabello pidió calma por la televisión estatal y recomendó a la población permanecer en la calle ante las réplicas. La respuesta institucional existe en el plano del anuncio. La pregunta que esta cobertura se hace —sin alarmismo y con datos— es si existe también en el plano de la capacidad real.

Por qué esta cobertura, así

Para el venezolano en la diáspora, que esta noche intenta comunicarse con los suyos en un país con las líneas caídas, este especial no busca sumar ruido al pánico ni explotar el dolor. Busca lo contrario: ofrecer, con cabeza fría, el contexto que convierte una tragedia en algo comprensible. Entender por qué un terremoto golpea más fuerte donde el Estado se retiró no es politizar el dolor: es honrarlo con la verdad.

En las páginas de este especial respondemos las preguntas que importan. Dónde están las Fuerzas Armadas que deberían estar rescatando. Si hay hospitales y recursos para los heridos. Qué hizo —y qué no hizo— la embajada de Estados Unidos. Qué dijo Delcy Rodríguez y qué dejó sin responder. Y, sobre todo, ofrecemos los teléfonos y los caminos para que quien necesite ayuda sepa a dónde acudir. Porque en medio del temblor, la información verificada también es una forma de auxilio.

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Política

El gobierno cifró el desastre en 188 muertos y 250 edificios

Jorge Rodríguez presentó el primer balance oficial del terremoto: 188 muertos, 1.520 heridos, 250 edificios dañados y un fondo de 200 millones de dólares para la reconstrucción. INCÍSOS analiza las cifras y señala los puntos que piden seguimiento.

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ESPECIAL INCÍSOS · EL PAÍS QUE TEMBLÓ

Pregunta Respuesta
Qué El gobierno venezolano presentó su primer balance oficial del terremoto: 188 muertos, más de 1.520 heridos, 250 edificios dañados y un fondo de 200 millones de dólares para la reconstrucción.
Quién Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, en conferencia de prensa del mediodía del jueves 25 de junio.
Cuándo Jueves 25 de junio de 2026, mediodía.
Dónde Caracas, Venezuela. Los daños se concentran en La Guaira (Caraballeda y Playa Grande).
Por qué Es el primer balance oficial completo, 24 horas después del doble terremoto del 24 de junio.
Cómo Conferencia de prensa con cifras de víctimas, daños materiales, medidas económicas y anuncio del fondo de reconstrucción.

El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, presentó el jueves 25 de junio el primer balance oficial completo del terremoto. Las cifras: 188 muertos confirmados, más de 1.520 heridos, 157 desaparecidos según los registros oficiales, más de 200 personas atrapadas entre los escombros, en lo que describió como una carrera contra el tiempo para rescatarlas con vida. Contabilizó además 2.927 familias damnificadas.

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En cuanto a los daños materiales, el balance habló de 250 edificios dañados o perdidos, concentrados sobre todo en el estado La Guaira —en las zonas de Caraballeda y Playa Grande—, ocho hospitales afectados (algunos de los cuales debieron ser evacuados y sus pacientes derivados), 20 centros comerciales deteriorados y 68 obras de infraestructura dañadas. Anunció también medidas económicas: líneas de crédito de la banca pública y privada para empresarios y comerciantes afectados, un abono especial a través del sistema Patria para los trabajadores que perdieron su empleo, y un fondo inicial de 200 millones de dólares, con recursos provenientes del Fondo Monetario Internacional, destinado a reconstruir infraestructura, hospitales y viviendas. Para reportar desaparecidos, el gobierno dispuso la aplicación VenApp y anunció una línea telefónica 0800.

Que el gobierno cifre el desastre es, en sí, un avance

Conviene reconocer lo positivo antes de pasar al reparo, porque el criterio exige ambas cosas. Que el gobierno ofrezca un balance con números concretos es un paso adelante respecto al silencio de las primeras horas, e incluso respecto a la tradición del chavismo, reacio durante años a admitir la magnitud de las crisis. Poner cifras, aceptar ayuda internacional y anunciar un fondo de reconstrucción son gestos de un gobierno que, al menos en el plano comunicacional, decidió no esconder el desastre. En una emergencia, esa transparencia relativa importa y se agradece.

Pero los números no terminan de cuadrar

Dicho el reconocimiento, viene la observación que esta cobertura no puede omitir. Cuando se examinan las cifras de daños con un poco de cuidado, algunas no encajan del todo. El propio balance enumeró 250 edificios, 20 centros comerciales y 68 obras de infraestructura dañadas, y a la vez habló de un total de 346 obras de infraestructura afectadas. Las cuentas parciales y los totales anunciados no siempre coinciden con limpieza, y esa clase de desajuste, en un parte oficial, merece ser señalada sin dramatizar: puede deberse a categorías que se solapan o a un conteo aún en desarrollo, pero también es el tipo de imprecisión que conviene vigilar cuando de por medio hay un fondo de cientos de millones de dólares.

Hay un segundo punto que pide seguimiento. El fondo de 200 millones de dólares se anunció «con recursos que tenemos en el Fondo Monetario Internacional». El origen, el mecanismo y los controles de ese dinero son exactamente la clase de detalle que separa una reconstrucción transparente de una caja sin rendición de cuentas. No se trata de presumir mala intención, sino de hacer la pregunta que corresponde: ¿quién administra ese fondo, con qué supervisión y con qué criterio de reparto? La respuesta a esa pregunta, en las semanas que vienen, dirá mucho sobre cuál de los dos caminos —reconstrucción real o aprovechamiento— está tomando el país.

Las cifras seguirán cambiando

Una advertencia necesaria para el lector: estas cifras son provisionales y han venido aumentando hora a hora. El balance pasó de las primeras decenas de fallecidos reportadas el miércoles a los 188 del mediodía del jueves, con más de 200 personas aún atrapadas, lo que anticipa que el número puede seguir subiendo. Cualquier cifra de una catástrofe en curso es una fotografía de un momento, no un dato cerrado. INCÍSOS reportará la evolución citando siempre la fuente y el momento de cada balance, para no confundir una cifra vieja con la situación real.

Por qué esto le importa al venezolano

Para el venezolano, dentro y fuera del país, este balance es la primera medida oficial del tamaño de la tragedia, y por eso importa tanto que sea preciso. Las cifras no son estadística fría: cada número es una familia que espera, un desaparecido que alguien busca, una casa que ya no está. Que el gobierno informe es bueno; que informe con exactitud y rinda cuentas del dinero de la reconstrucción es lo que de verdad protegerá a las víctimas de convertirse, además de en damnificados del terremoto, en damnificados de la gestión.

Por eso este es uno de los hilos que esta cobertura no va a soltar: el destino del fondo de reconstrucción, la coherencia de las cifras y la transparencia en el uso de la ayuda. Porque cuando pase la emergencia y se apaguen las cámaras, la pregunta que quedará es si cada dólar y cada cifra sirvieron a la gente o se perdieron en el camino.

Fuentes principales: alocución del presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, con el balance oficial (25 de junio de 2026); cobertura de El Tiempo, Semana y La Jornada; declaraciones de la presidenta encargada Delcy Rodríguez desde La Guaira.

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Política

«Confíen en su Gobierno»: la disputa silenciosa por quién socorre a Venezuela

– Mientras el Gobierno llama a confiar solo en los centros de acopio «autorizados», la oposición y la sociedad civil despliegan los suyos en paralelo. La ayuda tras el terremoto se mueve por dos cadenas que no se reconocen entre sí.

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PREGUNTA RESPUESTA
**Qué** Coexisten dos cadenas de ayuda que no se reconocen: la oficial y la de la sociedad civil y la oposición.
**Quién** El Gobierno de Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello, frente a partidos, universidades, Iglesia y voluntarios.
**Cuándo** Jueves 25 de junio de 2026, en pleno despliegue de la ayuda.
**Dónde** En La Guaira y en al menos nueve estados con centros de acopio activos.
**Por qué** El control de la ayuda es, en Venezuela, una extensión de la disputa política por la legitimidad.
**Cómo** El Estado canaliza por estructuras oficiales y «autorizadas»; la oposición, por sus propias redes.

Tras una catástrofe, la ayuda no es solo un asunto logístico. En Venezuela, también es político. A las pocas horas del doble terremoto del 24 de junio de 2026, quedó a la vista que el socorro a los damnificados se mueve por dos cadenas paralelas que apenas se reconocen entre sí.

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Desde La Guaira, el estado más golpeado, el ministro del Interior, Diosdado Cabello, marcó la línea oficial. Pidió a la población mantener la calma, organizarse «en las comunas» y, sobre todo, confiar en el Gobierno. «Es una de las cosas que más le pedimos, que el pueblo se organice, que confíe en su Gobierno», dijo en un mensaje transmitido por el canal estatal. El Ejecutivo, en paralelo, llamó a colaborar únicamente con los centros de acopio «autorizados» y habilitó escuelas públicas como puntos oficiales de recolección.

La otra cadena

A esa estructura oficial se le superpuso, sin pedir permiso, una red de la sociedad civil. Partidos de oposición, universidades, la Iglesia y grupos de voluntarios habilitaron centros de acopio en al menos nueve estados. El Comando ConVzla desplegó su «Operación Todos con Venezuela»; Voluntad Popular abrió puntos en varios estados; Cáritas activó sedes; las universidades ofrecieron sus núcleos. Ninguno de esos puntos figura como «autorizado» en el lenguaje oficial, y aun así recibieron donativos desde el primer día.

La diferencia no es solo de logos. Es de relato. Una dirigente opositora, al anunciar la apertura de centros, afirmó que las familias afectadas «son muchas más que las cifras que está diciendo el Gobierno nacional». La frase condensa la desconfianza de fondo: una parte del país no cree en los números oficiales ni en que la ayuda canalizada por el Estado llegue sin filtros políticos.

El trasfondo

El líder opositor Edmundo González Urrutia pidió a la comunidad internacional que la ayuda llegue «con acceso real al territorio y entrega directa a las personas afectadas», sin intermediarios que la usen como instrumento de control. Es la misma preocupación, formulada hacia afuera: el temor a que el socorro se convierta en herramienta de poder.

Del lado oficial, la lógica es inversa. La centralización se presenta como eficiencia: un solo mando, el Estado Mayor de Contingencia, coordinando recursos para «hacer el trabajo de rescate con más precisión», en palabras de Cabello. Para el Gobierno, la proliferación de iniciativas autónomas es ruido; para sus críticos, la insistencia en lo «autorizado» es control.

En medio de las dos cadenas está la población, que dona donde puede y a quien le inspira más confianza. La emergencia no creó la grieta venezolana: la hizo visible en cada caja de agua y cada bolsa de medicinas que cambia de manos.

Fuentes principales: Declaraciones de Diosdado Cabello en VTV (25 de junio de 2026); comunicados del Comando ConVzla, Voluntad Popular y Cáritas; mensaje de Edmundo González Urrutia; reportes de El Nacional, El Pitazo y CNN en Español (25 de junio de 2026).

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Política

La diáspora venezolana se convierte en la cadena de ayuda que el Estado no alcanza

– En menos de un día, la diáspora venezolana en Estados Unidos levantó una red de centros de acopio que va de Florida a Texas y Nueva Jersey. Las empresas privadas de envíos se convirtieron en su columna logística, supliendo lo que el Estado no alcanza a cubrir.

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PREGUNTA RESPUESTA
**Qué** La diáspora venezolana en EE.UU. organizó en horas una red de centros de acopio para enviar ayuda.
**Quién** Asociaciones civiles, iglesias, empresas de envíos y miles de voluntarios venezolanos.
**Cuándo** A partir del jueves 25 de junio de 2026, un día después del doble terremoto.
**Dónde** Florida (Miami y Doral), Texas, el área de Nueva York y Nueva Jersey, y otros estados con comunidad venezolana.
**Por qué** El terremoto superó la capacidad de respuesta del Estado venezolano y la diáspora busca llenar el vacío.
**Cómo** Centros de acopio físicos consolidan donativos que las empresas de envíos trasladan a Venezuela por sus propias rutas.

Antes de que el Estado venezolano terminara de contabilizar sus muertos, la diáspora ya estaba empacando cajas. En las horas que siguieron al doble terremoto del miércoles 24 de junio de 2026, la comunidad venezolana en Estados Unidos —1,2 millones de personas según el Centro de Investigación Pew— transformó la angustia de no poder comunicarse con los suyos en una maquinaria de ayuda que, para el jueves, ya funcionaba a pleno rendimiento de Florida a Texas.

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No es solo cruzar. Es todo lo que viene después.

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La escena se repite con variaciones en cada ciudad: un local que se vacía para recibir donativos, voluntarios que empacan agua y medicinas, y una fila de gente que llega con lo que puede. Lo que une a todos esos puntos no es una orden de gobierno. Es una red espontánea sostenida por asociaciones civiles, iglesias, negocios y, de forma decisiva, las empresas privadas de envíos.

Florida, el epicentro de la solidaridad

El sur de Florida, hogar de la mayor comunidad venezolana del país —unas 254.000 personas solo en el área metropolitana de Miami—, concentró la respuesta más densa. Más de un centenar de asociaciones se convirtieron en centros de acopio. En Doral, la ciudad conocida como «Doralzuela», la alcaldía se alió con Global Empowerment Mission, una organización fundada tras el terremoto de Haití de 2010, para habilitar cuatro puntos de recolección. Otras estructuras, como We Love Foundation y la organización AFE, sumaron sus propios almacenes y voluntarios.

El patrón se replica más allá de Florida. En el área de Nueva York y Nueva Jersey, Union City —una de las mayores concentraciones venezolanas de la costa este— vio a su comunidad organizarse desde sus restaurantes y comercios. En Texas, varias empresas de envíos abrieron sus sedes como puntos de acopio. La misma lógica llega a estados con menor visibilidad pero comunidad activa, donde negocios locales se ofrecieron como centros de recolección.

Las empresas de envíos, columna vertebral

El elemento que hace funcionar toda esta red es logístico, y casi nadie lo nombra: las empresas de paquetería y carga que conectan a la diáspora con Venezuela pusieron sus contenedores y rutas a disposición, en muchos casos sin cobrar el envío. Compañías de mudanza internacional con sedes en Florida y Texas asumieron el traslado de los donativos; algunas ofrecieron enviar la carga completamente gratis. Son las mismas que en tiempos normales mueven remesas y encomiendas, y que en la emergencia se reconvirtieron en el puente físico de la ayuda.

Ese puente tiene un cuello de botella: el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía permaneció cerrado por daños estructurales, lo que obligó a la mayoría de los envíos a esperar o a buscar rutas alternativas. La ayuda está lista en los almacenes; el problema es hacerla entrar.

Una crítica que se repite

En casi todos los relatos aparece la misma idea, dicha sin estridencia pero con claridad: la ayuda la está sosteniendo la propia gente. Varios organizadores y donantes cuestionaron la capacidad de respuesta del gobierno de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ante una catástrofe de esta magnitud. La frase que mejor resume el ánimo la dijo una organizadora en Miami: esto no es un tema político, es humanitario, nadie lo esperaba y pasó.

Para quien quiere ayudar desde EE.UU., la recomendación de las propias organizaciones es constante: donar a través de estructuras con trayectoria comprobable, preferir el aporte en efectivo a las organizaciones establecidas antes que el envío de objetos sin coordinar, y verificar que medicinas y alimentos estén dentro de su fecha de vencimiento. La generosidad sobra; lo que escasea, y lo que estas redes intentan aportar, es organización.

Fuentes principales: Reportes de La Patilla, Diario Las Américas, Univision, CNN en Español y El Diario (25 de junio de 2026); Centro de Investigación Pew sobre población venezolana en EE.UU.

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