Tecnología
Drones y robots vigilan el Mundial, y el celular podría estar escuchando
Robots y drones patrullan las sedes del Mundial. Especialistas advierten que ciertos sistemas de defensa pueden captar datos de celulares sin consentimiento.
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|---|---|
| Qué | El operativo de seguridad del Mundial despliega drones, robots y sistemas anti-drones. |
| Quién | Las agencias federales, empresas de defensa, especialistas en privacidad y aficionados. |
| Cuándo | Durante el Mundial 2026, en marcha desde el 11 de junio. |
| Dónde | En los estadios y perímetros de las sedes estadounidenses. |
| Por qué | Algunos sistemas pueden interceptar señales de celulares y captar datos sin aviso. |
| Cómo | A través de tecnología que neutraliza drones y, de paso, rastrea señales de radio. |
Junto al reconocimiento facial, el Mundial trajo a las sedes otra capa de tecnología de seguridad menos visible pero igual de relevante: drones, robots que patrullan los perímetros y sistemas diseñados para neutralizar aparatos no autorizados. La estampa, casi de ciencia ficción, ha circulado por las redes con una mezcla de asombro e incomodidad.
El despliegue
Las autoridades destinaron recursos significativos a tecnologías de drones y a sistemas anti-drones, conocidos por sus siglas en inglés como C-UAS, para neutralizar cualquier dispositivo no autorizado que sobrevuele las sedes. A eso se suman robots de seguridad que recorren las inmediaciones de los estadios y cámaras con inteligencia artificial capaces de analizar comportamientos y flujos de gente.
La justificación es la escala del evento: millones de aficionados, decenas de partidos, tres países. La seguridad de una multitud así exige herramientas a la altura. Hasta ahí, la lógica es comprensible.
La zona gris
El problema aparece en la letra técnica. Especialistas en derechos digitales advierten que algunos de estos sistemas anti-drones funcionan interceptando señales de radio, y que en ese proceso pueden captar las señales de los teléfonos celulares de quienes están cerca. Es decir, una tecnología pensada para derribar drones podría, como efecto colateral, abrir una ventana a la captura de datos telefónicos sin conocimiento ni consentimiento.
Ese es el punto que inquieta. No se trata de la cámara que el aficionado ve en la entrada, sino del sistema que opera en segundo plano, fuera de su vista y de su control. El alcance y la precisión de esa captura no siempre son transparentes.
Qué puede hacer el aficionado
Las recomendaciones son de sentido común digital: mantener el teléfono actualizado, ser consciente de las conexiones automáticas a redes abiertas y revisar los permisos de las aplicaciones. Ninguna de esas medidas neutraliza por completo un sistema de captura de señales, pero reducen la superficie de exposición.
La discusión de fondo, sin embargo, no es individual sino colectiva. Cada gran evento que normaliza una capa más de vigilancia deja una huella que tiende a quedarse. El Mundial pasará; la pregunta es cuánta de esta tecnología permanecerá después, y bajo qué reglas. Conviene plantearla ahora, mientras el torneo apenas arranca y la atención está puesta en el juego.
Fuentes principales: Información sobre contratos de tecnología C-UAS para el operativo del Mundial; advertencias de especialistas en derechos digitales sobre captura de señales; reportes sobre el despliegue de robots y drones en las sedes.
Alfredo Yánez
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Los satélites que destaparon los 13.000 millones de dólares
Cuando la contabilidad oficial no existe, la vigilancia satelital comercial se convierte en la única fuente disponible.
La cifra de 13.000 millones de dólares en ingresos por crudo venezolano no salió de un informe gubernamental. Salió de cruzar el rastreo satelital de buques con estimaciones de precios de mercado. Conviene entender cómo funciona ese método, porque es la principal herramienta de fiscalización disponible.
Las 6W
| Qué | Una estimación construida con datos satelitales comerciales suplió la ausencia de contabilidad pública sobre los ingresos petroleros. |
| Quién | La firma de análisis Kpler; la agencia de precios Argus Media; el Financial Times como medio que hizo el cruce. |
| Cuándo | Estimación correspondiente al periodo enero-julio de 2026, difundida a finales de julio. |
| Dónde | Rutas marítimas de exportación del crudo venezolano hacia terminales internacionales. |
| Por qué | Ni el gobierno estadounidense ni el venezolano han publicado el desglose de esos ingresos. |
| Cómo | Combinando señales de posicionamiento de buques, calados y estimaciones de precio por tipo de crudo. |
Cómo se rastrea un barco
Todo buque de cierto porte transmite su posición mediante un sistema automático de identificación. Esa señal es pública y fue diseñada para evitar colisiones, no para fiscalizar comercio.
Firmas como Kpler la recogen de forma masiva y la combinan con imágenes satelitales, con registros portuarios y con el calado de la nave. El calado es el dato clave: un buque cargado se hunde más en el agua que uno vacío, y esa diferencia permite estimar cuánto carga sin necesidad de subir a bordo.
Con eso se reconstruye el flujo: qué salió, de qué terminal, con qué destino y en qué volumen.
De barriles a dólares
El segundo paso es la valoración. Agencias como Argus Media publican estimaciones diarias de precio por tipo de crudo, y el venezolano tiene su propia referencia, el Merey 16, que cotizó en 2026 por encima de los 70 dólares con picos de 90 en mayo.
Multiplicando volumen estimado por precio de referencia se obtiene un valor aproximado del flujo exportado. Ese fue el cálculo que el Financial Times aplicó y que arrojó cerca de 13.000 millones de dólares.
Trump confirmó después la cifra y sugirió que podría ser mayor.
Las limitaciones, que hay que decir
Este método estima, no contabiliza. Y sus márgenes de error son reales.
No captura descuentos comerciales, que en el crudo venezolano han sido históricos y significativos. No conoce los términos de cada contrato ni las comisiones de intermediación. No distingue entre valor de embarque y valor efectivamente cobrado. Y no sabe nada de lo que ocurre con el dinero después del pago.
Por eso la cifra debe leerse como orden de magnitud, no como cifra contable. Que Trump la confirmara le da un respaldo que las estimaciones no suelen tener, pero eso no la convierte en un estado de cuenta.
El punto que importa
Aquí está lo que convierte esto en una pieza de tecnología y no solo de comercio.
Estamos ante un caso donde la vigilancia comercial privada resultó más transparente que la contabilidad pública de dos gobiernos. Una empresa que vende datos a traders permitió estimar un flujo que ni el Tesoro estadounidense ni la administración venezolana habían desglosado.
Eso es notable y también es preocupante. Notable porque muestra que la opacidad es cada vez más difícil de sostener: mover doscientos millones de barriles deja rastro. Preocupante porque la fiscalización quedó, de hecho, tercerizada a firmas comerciales cuyos datos no son de acceso público ni gratuito.
Un ciudadano venezolano no puede consultar Kpler. Un periodista de un medio pequeño, tampoco. La capacidad de saber a dónde va el petróleo del propio país depende de quién pueda pagar la suscripción.
Lo que esto anticipa
El mismo método se aplica ya a otros flujos: granos, gas licuado, minerales críticos. La combinación de señales públicas, imágenes satelitales y modelos de precio está convirtiendo el comercio marítimo en una actividad observable casi en tiempo real.
Para un país exportador, eso significa que la discreción sobre sus ventas es cada vez menos viable. Y para el ciudadano significa que la información existe: lo que falta es que alguien la ponga a su alcance sin cobrarle por ella.
Fuentes principales: Financial Times, estimación de ingresos por exportaciones de crudo venezolano construida con datos de Kpler y proyecciones de precios de Argus Media; diario ABC de España y El Nacional (reseñas del cálculo); declaraciones de Donald Trump del 27 de julio de 2026; referencias públicas al precio del crudo Merey 16 en 2026.
Tecnología
La NASA midió desde el espacio el daño no registrado
La discrepancia entre el conteo satelital y el balance oficial de edificaciones afectadas no se ha explicado.
Un análisis de imágenes satelitales procesadas por la NASA estimó que más de la mitad de las edificaciones de Caraballeda, Macuto, Naiguatá y Catia La Mar presentaban una probabilidad de daño de al menos 75%. El balance oficial habla de 190 edificios derrumbados y 856 afectados. Las dos mediciones no se han conciliado.
Las 6W
| Qué | Un procesamiento satelital estimó una extensión de daño mayor que la registrada en el balance oficial de edificaciones. |
| Quién | La NASA y sus equipos de análisis de imágenes; las autoridades venezolanas responsables del censo de daños. |
| Cuándo | Análisis realizado tras el doblete sísmico del 24 de junio de 2026. |
| Dónde | Municipios costeros del estado La Guaira: Caraballeda, Macuto, Naiguatá y Catia La Mar. |
| Por qué | La clasificación de cada edificio determina si se demuele, se interviene o se habita. |
| Cómo | Comparando imágenes de radar y ópticas anteriores y posteriores al sismo para detectar cambios estructurales. |
Cómo se mide un terremoto desde el espacio
La técnica se apoya en comparar. Un satélite fotografía o escanea la misma zona antes y después del evento y un algoritmo detecta las diferencias.
Cuando se usa radar de apertura sintética, el método es más fino: mide cambios en la forma en que la señal rebota sobre las superficies. Un edificio que colapsó, se inclinó o perdió partes devuelve una señal distinta a la que devolvía intacto. Con eso se construye un mapa de probabilidad de daño, no un dictamen.
Esa distinción es importante y la propia formulación del análisis la respeta: habla de probabilidad de al menos 75%, no de destrucción confirmada.
La discrepancia
El balance oficial registra 190 edificios derrumbados y 856 afectados. Otros reportes elevan a más de mil las estructuras con daños.
El análisis satelital sugiere que en cuatro municipios costeros más de la mitad del parque construido tiene alta probabilidad de daño. Aunque no son cifras directamente comparables —una cuenta edificios, la otra estima proporciones sobre un área—, la diferencia de escala es lo bastante grande como para requerir explicación.
Nadie la ha ofrecido públicamente.
Por qué esto no es un debate técnico
Porque de esa clasificación depende quién vuelve a su casa.
Desde el 29 de junio opera un comité de inspección integrado por instituciones públicas, organizaciones de ingeniería y universidades. Funcionarios de la Fuerza Armada, Protección Civil y otros organismos recorren las zonas afectadas clasificando edificaciones con un sistema de semáforo: rojo para demolición, amarillo para intervención estructural, verde para habitabilidad.
Un edificio marcado en verde recibe familias de vuelta. Uno marcado en rojo se demuele, y con él desaparece la vivienda y, en algunos casos, la posibilidad de recuperar cuerpos.
Cuando dos mediciones difieren tanto, la pregunta no es cuál instrumento es mejor. Es qué pasa con los edificios sobre los que ambas no coinciden.
Lo que el satélite no puede hacer
Conviene ser preciso sobre los límites, porque el entusiasmo tecnológico suele ignorarlos.
Un satélite no evalúa la estructura interna. No detecta fisuras en columnas, no mide la degradación del acero de refuerzo ni la calidad del concreto original. Un edificio puede verse íntegro desde arriba y estar comprometido en su núcleo, y al revés.
La evaluación satelital sirve para priorizar: dice dónde mirar primero. La decisión sobre cada edificio requiere inspección presencial por ingenieros estructurales, con acceso al inmueble y tiempo.
Ese es el recurso escaso. No las imágenes, que existen y son gratuitas para las agencias que las procesan.
La lección que trasciende el caso
Es la misma que dejó el sistema de alerta temprana en las primeras horas: la información técnica llegó y fue buena. Lo que faltó fue la capacidad de convertirla en decisiones.
Para cualquier país con riesgo sísmico —incluidas regiones de Estados Unidos y de México con alta población hispana— la conclusión es idéntica. La tecnología de evaluación de daños ya está resuelta. Lo que decide cuántas familias vuelven a una casa segura es cuántos ingenieros estructurales hay disponibles el día después, y si existe un protocolo que los ponga a trabajar sin esperar autorización política.
Fuentes principales: Análisis de imágenes satelitales procesadas por la NASA, reseñado por Infobae; balance oficial de edificaciones derrumbadas y afectadas difundido por las autoridades venezolanas; información sobre el comité de inspección anunciado el 29 de junio de 2026 y el sistema de clasificación por semáforo.
Tecnología
La demolición controlada llegó antes que la certeza sobre los cuerpos
Cómo funciona una implosión controlada, por qué se usa, y cuál es la controversia que no se ha resuelto.
El jueves 30 de julio de 2026 Venezuela inició las demoliciones controladas en La Guaira. La primera fue una torre residencial de doce pisos en el conjunto Luisa Cáceres de Arismendi, en Catia La Mar. Las autoridades sostienen que ninguna estructura se demuele con personas por recuperar. Familias en la zona afirman lo contrario.
Las 6W
| Qué | Comenzaron las implosiones controladas de edificios declarados inestables tras el doblete sísmico. |
| Quién | El ministro de Transporte Francisco Garcés, responsable de la recuperación de viviendas; Diosdado Cabello; familias de víctimas no recuperadas. |
| Cuándo | Jueves 30 de julio de 2026, más de un mes después del sismo del 24 de junio. |
| Dónde | Catia La Mar, estado La Guaira, el municipio con mayores daños. |
| Por qué | Las estructuras inclinadas representan riesgo para quienes viven o circulan cerca. |
| Cómo | Mediante cargas explosivas colocadas para provocar el colapso de la estructura sobre su propia huella. |
Qué es una implosión controlada
No es volar un edificio. Es lo contrario: es hacerlo caer sobre sí mismo.
La técnica consiste en colocar cargas en puntos estructurales calculados —columnas y muros portantes— y detonarlas en una secuencia de milisegundos. El objetivo es retirar el soporte de forma ordenada para que la gravedad haga el trabajo y la estructura se pliegue dentro de su propio perímetro, en lugar de desplomarse hacia los lados.
Se recurre a ella cuando el desmontaje mecánico pieza por pieza resulta demasiado lento o demasiado peligroso, que es exactamente el caso de un edificio de doce pisos parcialmente colapsado y con inclinación hacia una vía.
Requiere un cálculo estructural preciso del edificio existente, no del original: un inmueble dañado por un sismo ya no se comporta como fue diseñado.
Lo que ocurrió
La primera estructura demolida fue una torre residencial de doce niveles del conjunto habitacional Luisa Cáceres de Arismendi, en Catia La Mar, que presentaba colapso parcial e inclinación peligrosa hacia una zona vial.
Fue rodeada por equipos de seguridad antes de la detonación. El derribo generó una fuerte explosión y una densa nube de polvo.
Yenith Salcedo, residente de 66 años, relató que recibió una advertencia por mensaje comunitario antes de la operación y salió de su vivienda. Jesús Díaz, abogado de 36 años, contó que la detonación ocurrió mientras terminaba una eucaristía por familiares fallecidos y que la gente se alteró por el estruendo.
Diosdado Cabello afirmó que la implosión ocurrió tal cual fue planificada y que fue un trabajo hecho con los familiares.
La controversia
El ministro Francisco Garcés declaró dos días antes que ninguna estructura sería demolida teniendo deudos o personas por recuperar, y que las implosiones comenzarían solo al concluir las labores de búsqueda en cada edificio.
Contra eso, familias de La Guaira vienen denunciando desde principios de julio lo opuesto. En las Residencias Luisa Cáceres de Arismendi, la consigna colectiva ha sido que sus seres queridos no son escombros. Michell Gutiérrez pasó doce días frente al edificio donde quedó sepultado su padre esperando recuperarlo antes de que llegaran las máquinas. Brandon Mora denunció que ni siquiera permitían el paso de familiares para reconocer cuerpos.
Esta nota no resuelve esa contradicción. Registra que la autoridad afirma una cosa y que las familias afectadas afirman otra, y que no existe un mecanismo público de verificación independiente que permita saber, edificio por edificio, si la búsqueda concluyó antes de la detonación.
Lo que sí puede establecerse técnicamente
Hay una tensión real e insalvable entre dos objetivos legítimos.
Un edificio inclinado sobre una vía es un riesgo activo: puede colapsar solo, con réplicas o sin ellas, y matar a quien pase debajo. Postergar su demolición tiene un costo medible en vidas.
Recuperar un cuerpo entre escombros es un trabajo lento, manual y con rendimientos decrecientes conforme pasan las semanas.
Ambas cosas son ciertas a la vez. Lo que no es aceptable, y aquí sí hay un criterio técnico claro, es que la decisión se tome sin un protocolo público que establezca quién certifica el cierre de la búsqueda, con qué método y con qué participación de las familias.
Ese protocolo, si existe, no se ha publicado. Y su ausencia es la que convierte una operación de ingeniería en un conflicto.
Fuentes principales: Infobae y NTN24 (inicio de las demoliciones el 30 de julio de 2026 y detalles de la primera implosión); AFP (testimonios de residentes de La Guaira); declaraciones del ministro Francisco Garcés y de Diosdado Cabello recogidas por medios venezolanos; El Nacional e Infobae (denuncias de familias sobre recuperación de cuerpos, julio de 2026); El Imparcial (denuncia de Brandon Mora).
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