Diáspora
El 95% quiere reconstruir Venezuela. El 9% piensa volver el año que viene
Jraissati enumeró tres condiciones para que los profesionales venezolanos regresen. Las encuestas a la diáspora dicen casi exactamente lo mismo. La distancia entre querer y volver es el dato más importante de la reconstrucción.
Jraissati enumeró tres condiciones para que los profesionales venezolanos regresen. Las encuestas a la diáspora dicen casi exactamente lo mismo. La distancia entre querer y volver es el dato más importante de la reconstrucción.
Al cierre de la entrevista le preguntamos a Jorge Jraissati cómo se logra que los venezolanos del exterior acepten el reto de volver.
Respondió con tres condiciones: seguridad política, seguridad física y reconexión de Venezuela a los mercados financieros internacionales.
Fuimos a ver qué dicen los estudios sobre lo que la diáspora efectivamente pide. Coinciden con él de manera casi literal.
Lo que dicen los datos
ACNUR, en su informe Intenciones de regresar a Venezuela. Marzo 2026, encuestó a 1.288 personas en Ecuador, Perú, Colombia, Brasil, Chile y Guatemala:
- 35% considera posible regresar si mejoran las condiciones.
- 9% prevé regresar en menos de un año.
- Tres cuartas partes descartan el retorno bajo las condiciones actuales.
- La motivación más fuerte para volver es la reunificación familiar.
- Las principales barreras son el temor a la falta de empleo o ingresos y la inseguridad.
El Observatorio de la Diáspora Venezolana, presidido por el sociólogo Tomás Páez, encuestó a 1.266 migrantes:
- 95% quiere colaborar en la reconstrucción del país.
- Solo alrededor de 11% tiene planes concretos de volver en el corto plazo.
- Cerca de 9% quisiera regresar, pero no pronto.
- Alrededor de 44,5% volvería solo si mejoran las condiciones.
- 87% pide, principalmente, seguridad ciudadana.
- Cerca del 66% de los encuestados tiene posgrado o educación universitaria completa.
ENCOVI, en su medición publicada en mayo, encontró que solo 7% de los migrantes ha regresado y 10% tiene planes de hacerlo. Y aporta un detalle inquietante: quienes están retornando son, principalmente, población infantil y adultos mayores.
DESTACADO: Están volviendo los niños y los abuelos. No están volviendo los ingenieros.
La coincidencia que importa
Póngase una lista al lado de la otra.
| Jraissati pide | La diáspora pide |
|---|---|
| Seguridad política: que no te quiten tu propiedad ni te metan preso por lo que dices | 44,5% condiciona el retorno a que mejoren las condiciones del país |
| Seguridad física: sin resolver la criminalidad no se traen los mejores ingenieros | 87% pide seguridad ciudadana como primera condición |
| Reconexión financiera: nadie trae capital a un país aislado y con hiperinflación | La barrera más citada es el temor a no conseguir empleo o ingresos |
No es que el economista haya adivinado. Es que ambas listas describen el mismo problema desde dos lugares: uno desde la teoría del desarrollo, la otra desde la cocina de una casa en Bogotá.
El dato que nadie quiere mirar
De los más de ocho millones de venezolanos que salieron, dos tercios de los encuestados por el Observatorio tienen educación universitaria completa o posgrado. Ese es el capital humano al que Jraissati apuesta cuando habla de venezolanos que trabajaron en las mejores empresas de Estados Unidos, Europa y Medio Oriente y que podrían volver, invertir o enseñar.
Pero el 95% que quiere ayudar y el 9% que planea volver el año que viene no son contradictorios. Describen a la misma persona: alguien que quiere reconstruir su país y todavía no confía lo suficiente como para mudar a sus hijos.
El inciso
La reconstrucción de Venezuela no depende de que los profesionales quieran volver. Ya quieren: el 95% lo dijo.
Depende de que alguien les dé una razón verificable para hacerlo. Y una razón verificable no es un acuerdo petrolero ni un anuncio de crecimiento. Es un tribunal que funcione, una policía que no extorsione y un banco que le transfiera dinero al mundo.
Mientras eso no exista, la diáspora seguirá haciendo lo único sensato: querer desde lejos.
También puede leer
Alfredo Yánez
9 libros que te cambian la perspectiva
Finanzas, emprendimiento, migración y más — disponibles en Amazon
VER LIBROS →Deja un comentario
Diáspora
El barquisimetano que da clases en Harvard sobre cómo se rompió su país
Tiene treinta años, preside una organización dedicada a la reconstrucción económica de Venezuela, y su tesis académica sostiene que el colapso no fue un accidente. Vive fuera. Como los ocho millones a los que les explica en qué condiciones podrían volver.
Tiene treinta años, preside una organización dedicada a la reconstrucción económica de Venezuela, y su tesis académica sostiene que el colapso no fue un accidente. Vive fuera. Como los ocho millones a los que les explica en qué condiciones podrían volver.
Cuando a Jorge Jraissati se le pregunta por el acuerdo petrolero más grande de la historia de su país, no empieza hablando de barriles. Empieza hablando de democracia.
No es un tic retórico. Es literalmente su trabajo.
La tesis
En 2022, junto al economista Keith Jakee, publicó en la revista Economic Affairs un estudio con un título que es una pregunta: si el colapso venezolano fue un choque exógeno o un diseño institucional.
Su respuesta fue la segunda. Analizó la configuración institucional del Estado venezolano para explicar la raíz de su mal funcionamiento y los efectos económicos concretos de ese proceso, y concluyó que la evidencia empírica no permite atribuir a las sanciones el origen de la crisis.
Es una posición que lo enfrenta con otros economistas venezolanos de peso —Francisco Rodríguez, entre ellos, sostiene lo contrario— y esa discusión sigue abierta.
La conclusión de su investigación, sin embargo, es menos sobre el pasado que sobre el futuro: la pobreza en Venezuela solo puede erradicarse con un sistema económico que incorpore a todos los venezolanos al proceso productivo. No reemplazar los mecanismos de mercado, que es lo que el Estado hizo durante dos décadas, sino ampliarlos.
La hoja de vida
Preside el Economic Inclusion Group, organización sin fines de lucro dedicada a proteger a personas y empresas de riesgos de exclusión financiera, fortalecer la seguridad económica de los países y apoyar la reconstrucción económica de Venezuela.
Es investigador del IESE Business School y del College of Business de Florida Atlantic University, donde ha publicado trabajos arbitrados sobre el colapso venezolano, el estado global de la inclusión financiera y el efecto de las reglas de cumplimiento sobre las tasas de inversión en energía y defensa —un tema que resultó, sin que él lo planeara, exactamente pertinente para el acuerdo que hoy se discute.
Su formación incluye títulos en economía y negocios de Florida Atlantic University, un diplomado de posgrado en administración pública del IESE, estudios de maestría en finanzas en Harvard, y certificados ejecutivos en Harvard Business School y en la Hoover Institution de Stanford.
Ha dictado clases como invitado en Harvard, MIT y Cambridge. Ha sido convocado a la Cumbre por la Democracia, a la Copenhagen Democracy Summit y a eventos paralelos del Foro Económico Mundial en Davos. Sus recomendaciones de política han sido recogidas en reformas de inclusión financiera, en estrategias de apoyo a la democracia venezolana, en el acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, y en medidas del Consejo de Europa, en cooperación con más de cien legisladores de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa y del Parlamento Europeo.
Antes de todo eso dirigió los programas de egresados de Students For Liberty y encabezó Venezuelan Alliance.
Es de Barquisimeto. Tiene treinta años.
DESTACADO: Enumera tres condiciones para que los venezolanos regresen. Él todavía no ha vuelto.
La contradicción que no es una contradicción
Al cierre de la entrevista, ante la pregunta sobre cómo lograr que la diáspora regrese, Jraissati enumeró tres requisitos: seguridad política, seguridad física y reconexión financiera con el mundo.
Es fácil señalar lo evidente: quien las enumera vive fuera y no ha vuelto.
Sería un señalamiento barato, y además equivocado. Porque lo que describe no es la posición de un observador cómodo: es exactamente el dilema de ocho millones de personas. El Observatorio de la Diáspora Venezolana encontró que el 95% de los migrantes quiere colaborar en la reconstrucción del país y que solo alrededor del 11% tiene planes concretos de volver. Cerca de dos tercios de los encuestados tienen educación universitaria completa o posgrado.
Jraissati no es la excepción a ese dato. Es el dato.
Un economista formado en tres continentes que dedica su vida profesional a diseñar cómo se reconstruye un país en el que no vive es, simultáneamente, la mejor prueba del capital humano que Venezuela produjo y la mejor prueba de lo que Venezuela perdió.
El inciso
Hay una manera perezosa de contar a la diáspora exitosa: como una galería de venezolanos que triunfaron afuera, para consuelo colectivo.
Hay otra manera, que es la que vale la pena. Cada venezolano que da clases en Cambridge sobre cómo se rompió Venezuela es una capacidad que este país formó, pagó y no está usando.
El día que este perfil se pueda escribir en tiempo presente y desde Barquisimeto, la reconstrucción habrá empezado de verdad.
También puede leer
Diáspora
Después de la donación: cómo aporta la diáspora a largo plazo
El primer envío es el impulso. La reconstrucción, en cambio, pide de la diáspora algo más duradero: conocimiento, presión, vínculos y constancia.
En las primeras horas tras el terremoto del 24 de junio de 2026, la diáspora venezolana movilizó ayuda desde una decena de países. Ese impulso es valioso, pero es el principio. La reconstrucción de largo plazo pide de los venezolanos de afuera un papel más sostenido y más diverso que la donación inicial.
| Pregunta | Respuesta |
|---|---|
| Qué | El papel de la diáspora venezolana en la reconstrucción de mediano y largo plazo, más allá de la ayuda de emergencia. |
| Quién | Los millones de venezolanos residentes en el exterior, sus organizaciones y redes profesionales. |
| Cuándo | Desde la respuesta inmediata al terremoto y, sobre todo, en los años de reconstrucción. |
| Dónde | Desde EE.UU., España, Colombia, Perú, Argentina, Chile y otros países de destino, hacia Venezuela. |
| Por qué | La reconstrucción requiere recursos, conocimiento y vigilancia sostenidos que la diáspora está en posición de aportar. |
| Cómo | Mediante remesas, transferencia de conocimiento técnico, presión e incidencia, vínculos institucionales y retorno temporal de profesionales. |
El impulso inicial y su límite
Cuando la tierra tembló, la diáspora reaccionó rápido. Organizaciones venezolanas en EE.UU., España, Colombia, Perú, Argentina y Chile abrieron centros de acopio y campañas de recolección de alimentos, medicinas y artículos básicos. En el sur de Florida, la ciudad de Doral se convirtió en punto de concentración de esa solidaridad. Esa respuesta merece reconocimiento: fue veloz, generosa y espontánea.
Pero la ayuda de emergencia tiene un techo. Se agota cuando pasa el momento, cuando la atención mediática se muda, cuando el envío de cajas deja de ser noticia. La reconstrucción, en cambio, no dura semanas: dura años. Y ahí es donde el aporte de la diáspora tiene que transformarse para seguir siendo útil.
Cuatro formas de aportar que no caben en una caja
El primer aporte, y el más constante, son las remesas. El dinero que los venezolanos de afuera envían a sus familias es un flujo directo que sostiene el consumo básico del damnificado sin pasar por intermediarios, y que en la reconstrucción puede volverse una de las fuentes más estables de recuperación de la economía familiar.
El segundo es el conocimiento. La diáspora venezolana incluye ingenieros, médicos, urbanistas, gestores de riesgo, arquitectos y economistas que emigraron con su formación a cuestas. Ese capital humano —asesoría técnica, formación a distancia, participación en el diseño de la reconstrucción— es un recurso que ningún envío de mercancía iguala.
El tercero es la incidencia. Los venezolanos en el exterior votan, opinan y se organizan en sociedades con voz pública. Pueden ejercer presión para que la ayuda internacional se mantenga, para que los fondos se fiscalicen y para que la reconstrucción no caiga en el olvido una vez apagadas las cámaras. La veeduría de la reconstrucción también puede ejercerse desde afuera.
El cuarto son los vínculos institucionales. La diáspora es un puente natural con las instituciones, universidades, empresas y organismos de los países donde reside. Conectar esos recursos con las necesidades de la reconstrucción es un aporte que solo quien tiene un pie en cada orilla puede ofrecer.
El duelo que también moviliza
Hay una dimensión menos visible. Para muchos venezolanos de afuera, aportar a la reconstrucción es también una forma de tramitar el duelo a distancia, la impotencia de no haber estado. Canalizar ese dolor en una contribución sostenida —y no solo en el gesto urgente de las primeras horas— tiene un doble efecto: ayuda a quien recibe y ordena a quien da. No es una casualidad que las comunidades migrantes suelan volcarse en la reconstrucción de sus lugares de origen; es una manera de seguir perteneciendo.
De espectadora a protagonista
La pregunta de fondo es qué tipo de diáspora quiere ser la venezolana en esta etapa: una que envía una caja y vuelve a su vida, o una que se instala como actor de largo plazo en la reconstrucción de su país. La segunda opción es más exigente, pero también más transformadora, y no depende de grandes fortunas: depende de constancia, organización y de entender que reconstruir un país es una tarea de años en la que los que se fueron todavía tienen mucho que decir.
- Wikipedia y reportes de prensa: campañas y centros de acopio de la diáspora venezolana en EE.UU., España y Sudamérica, junio de 2026.
- Departamento de Estado de EE.UU.: coordinación con grupos de la diáspora venezolana en el sur de Florida.
- Literatura sobre remesas, capital humano de las migraciones y papel de las diásporas en la reconstrucción post-desastre.
Disclaimer: Esta nota tiene fines informativos. Antes de donar, verifique la legitimidad de las organizaciones para evitar fraudes, según recomiendan las autoridades.
COBERTURA EN VIVO
Esta pieza forma parte del especial «Lo que viene», sobre la fase de mediano y largo plazo tras los terremotos del 24 de junio de 2026. Sigue la cobertura de emergencia en «El país que tembló».
-
Entrevistas3 meses agoZair Mundaray: «Enfrenté al poder con ciencia»
-
Política2 meses agoDelcy Rodríguez enfrenta a la prensa internacional: la rueda de prensa que no cerró la brecha
-
Política3 meses agoEl economista, los bonos y Citgo
-
Política4 meses agoRoberto Smith Perera: «La reconstrucción no puede esperar a la elección»
-
Especiales3 meses agoMedia vuelta… mar.
-
Política2 meses agoEl semáforo de las estructuras: qué significa cada color tras el terremoto
-
Inciso4 meses agoLa paciencia de Washington
-
Inciso2 semanas agoMárquez sabe qué pasó el 28 de julio

Pingback: Jorge Jraissati: “La riqueza de un país no puede estar en el subsuelo” – INCÍSOS
Pingback: El barquisimetano que da clases en Harvard sobre cómo se rompió su país – INCÍSOS