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Economía

Smith Perera defiende el acuerdo petrolero y pide esperar los términos

Noventa mil millones de barriles, doscientos mil millones en inversión y cien años de plazo. Las tres cifras encajan entre sí, y ahí está el dato.

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ECONOMÍA · VENEZUELA

Uno de los autores de los planes de país en circulación salió a defender el entendimiento con argumentos, cifras y una advertencia política. Las cifras se pueden comprobar. La advertencia, no.

Qué Roberto Smith Perera defendió públicamente el eventual acuerdo petrolero con Estados Unidos y respondió a sus críticos.
Quién Roberto Smith Perera, autor del plan Venezuela First; interlocutores que le objetaron en la misma conversación.
Cuándo Publicaciones difundidas entre la noche del 27 y la madrugada del 28 de agosto de 2026.
Dónde En la red social X.
Por qué Es la primera defensa articulada del entendimiento hecha por alguien que ha presentado un plan de país propio.
Cómo Mediante una secuencia de publicaciones con cifras de reservas, producción, inversión y plazos.

Los reportes sobre un eventual entendimiento petrolero entre Estados Unidos y el gobierno encargado venezolano produjeron rechazo inmediato en buena parte del debate público. La defensa articulada tardó unas horas y vino de alguien que tiene un plan de país en circulación.

Roberto Smith Perera, autor del plan Venezuela First, publicó entre la noche del 27 y la madrugada del 28 de agosto de 2026 una secuencia de mensajes en X en la que sostuvo que el entendimiento podría ser una de las mejores noticias para Venezuela en un siglo.

El argumento

Su tesis se resume en una frase que repitió en varias formas: el petróleo bajo tierra no paga maestros ni construye carreteras.

Lo desarrolló así. Venezuela tiene las mayores reservas probadas del mundo, unos 300.000 millones de barriles. En los últimos treinta años produjo apenas 23.500 millones. Lo que genera riqueza, argumentó, no es la reserva sino la inversión, la tecnología, la producción y el acceso a mercados, con regalías e impuestos adecuados.

De ahí su definición de soberanía, que es el centro polémico de su planteamiento: sentarse encima de 300.000 millones de barriles mientras el país sigue pobre no es soberanía, y eso es lo que, según él, Venezuela ha hecho desde los años setenta.

Frente a quien describió la operación como ceder un tercio del recurso más valioso del país, respondió que eso caracteriza mal lo que se discute: se trataría de agrupar en un solo arreglo estratégico lo que de otro modo se haría mediante múltiples contratos individuales con empresas estadounidenses.

Y colocó una condición que sus críticos no siempre le reconocen: nadie conoce los términos. Podrían ser pésimos, extraordinarios o simplemente razonables, y difundir una conclusión sin conocerlos le parece prematuro.

La aritmética del plazo

Hay un cálculo que se puede hacer con las cifras que él mismo puso sobre la mesa, y que ordena la discusión sobre el plazo mejor que cualquier declaración.

Se habla de 90.000 millones de barriles y de un arrendamiento de cien años.

Producir 90.000 millones de barriles a un ritmo de 2,5 millones de barriles diarios toma algo menos de noventa y nueve años. A tres millones diarios, unos ochenta y dos. A cinco millones diarios, cuarenta y nueve.

Es decir: el plazo de un siglo no es una cifra caprichosa ni simbólica. Es aproximadamente el tiempo que se requiere para extraer ese volumen a un ritmo de producción moderado.

Eso convierte la discusión sobre el plazo en una discusión sobre el ritmo. Un contrato más corto exigiría producir más rápido, con más inversión inicial y mayor riesgo. Un ritmo más lento exige un plazo más largo. Las dos variables están amarradas y no se pueden negociar por separado.

También permite medir otra afirmación. Smith Perera sostuvo que en Venezuela están los diez a quince millones de barriles diarios que Estados Unidos necesitará durante los próximos cincuenta años. Venezuela produce hoy algo más de 1.230.000 barriles diarios. Alcanzar diez millones exigiría multiplicar por ocho la producción actual, una escala que ningún país ha logrado en menos de varias décadas.

La reserva soporta esa afirmación. La capacidad instalada, no todavía.

Los ocho billones

Una precisión de traducción que importa, porque la cifra circula mal.

Smith Perera menciona un negocio de ocho trillions, en el sentido inglés del término. En castellano eso son ocho billones de dólares: ocho millones de millones.

La cifra resulta de multiplicar los 90.000 millones de barriles por un precio cercano a los noventa dólares. Es un valor bruto de recurso a precio de hoy sostenido durante un siglo, no un ingreso para Venezuela ni un monto de contrato. Lo que el país recibiría de esa cantidad depende enteramente de la regalía y el impuesto que se pacten, que es justamente el término que nadie conoce.

La objeción de la nulidad y la respuesta de 1943

El intercambio más sustancioso de la secuencia fue jurídico.

Un interlocutor sostuvo que sin instituciones legítimas no hay estabilización posible y que los acuerdos firmados por usurpadores están viciados de nulidad.

Smith Perera respondió con una analogía histórica: los acuerdos petroleros firmados por el gobierno de facto de Juan Vicente Gómez, preguntó, ¿estaban igualmente viciados de nulidad desde 1914?

La respuesta que recibió apuntó a la Ley de Hidrocarburos de 1943, aprobada por un Congreso salido de elecciones.

Ese dato merece precisión, porque decide la analogía. La ley de 1943 no anuló las concesiones gomecistas. Hizo otra cosa: las unificó bajo un régimen nuevo, elevó la participación fiscal del Estado y las extendió por cuarenta años más a cambio de esa renegociación.

Es decir, el precedente venezolano frente a contratos firmados por un gobierno de origen cuestionado no fue la anulación. Fue la renegociación con más Estado adentro.

Eso no resuelve la discusión jurídica actual, pero la sitúa. Un gobierno posterior que quisiera revisar lo firmado tendría un antecedente nacional al que acudir, y ese antecedente no consiste en desconocer contratos sino en reabrirlos.

La advertencia que no es económica

El punto más delicado de la secuencia no es una cifra.

Smith Perera calificó de irresponsables y antipatriotas a quienes advierten que, cuando haya un gobierno electo, esos contratos serán reconsiderados. Y añadió que ya existe una decisión del más alto nivel, que vienen con todo y que jamás permitirán que esas personas tomen el poder.

Esa afirmación es de otra naturaleza que el resto. No describe un mercado ni un yacimiento: describe una supuesta decisión política estadounidense sobre quién puede gobernar Venezuela. No la acompaña de fuente, documento ni funcionario identificable, y no consta en ninguno de los reportes conocidos hasta el 28 de agosto de 2026.

Queda registrada como lo que es: la afirmación de un particular, sin respaldo verificable.

Lo que queda pendiente

La defensa de Smith Perera y la objeción de sus críticos coinciden en un punto, aunque ninguno lo diga así: ambas se construyen sobre términos que no están públicos.

Tres datos convertirían toda esta discusión en un asunto verificable. La regalía y el impuesto pactados. La identidad jurídica de la contraparte. Y el instrumento por el que se aprueba.

Hasta que esos tres existan en un documento, lo que hay es una conversación sobre un contrato que nadie ha leído.


Fuentes principales: Publicaciones de Roberto Smith Perera en X, difundidas entre el 27 y el 28 de agosto de 2026. Reportes de Axios y Bloomberg del 27 de agosto de 2026. Ley de Hidrocarburos de Venezuela de 1943. Cifras de reservas probadas de la OPEP. Cifras de producción venezolana de agosto de 2026.

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Economía

Los tributos anunciados equivalen a tres dólares por barril

Es una división simple sobre dos cifras oficiales. El resultado obliga a preguntar qué incluye y qué no incluye la palabra tributos.

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Infraestructura petrolera para la nota sobre tributos anunciados por barril

Los tributos anunciados equivalen a tres dólares por barril

La cifra que faltaba ya está sobre la mesa. Dividida entre los barriles comprometidos, arroja un resultado que necesita explicación.

Qué La cifra de tributos anunciada equivale a unos 3,22 dólares por cada barril de reserva comprometida.
Quién Estado venezolano; empresas operadoras; autoridades de ambos países.
Cuándo Comunicado del 28 de agosto de 2026.
Dónde Venezuela.
Por qué La relación entre tributos y volumen permite dimensionar la participación fiscal del Estado.
Cómo Mediante la división de las dos cifras oficiales publicadas en el propio comunicado.

El comunicado oficial venezolano ofrece dos cifras que se pueden dividir: más de 209.000 millones de dólares en tributos para el Estado y 65.000 millones de barriles de potencial probado.

El resultado son 3,22 dólares por barril.

Por qué esa cifra llama la atención

La legislación venezolana de hidrocarburos establece una regalía del 30% sobre los volúmenes extraídos, además del impuesto sobre la renta aplicable a la actividad, tradicionalmente más alto que el de otros sectores.

Con un precio de referencia de 70 dólares por barril, una regalía del 30% equivaldría por sí sola a 21 dólares por barril.

La cifra anunciada es aproximadamente una séptima parte de eso.

Cuatro explicaciones posibles

La diferencia no significa necesariamente que el acuerdo sea desventajoso. Significa que la cifra requiere una explicación que el comunicado no da, y hay al menos cuatro caminos.

Uno · La regalía no es un tributo. Es la explicación más probable y la más técnica. Según la doctrina predominante, la regalía no tiene naturaleza tributaria: es una contraprestación patrimonial que el Estado percibe como propietario del recurso, no como poder fiscal. Si el comunicado usa «tributos» en sentido estricto, la cifra excluiría la regalía y la participación total del Estado sería sustancialmente mayor.

Dos · Valor presente. La cifra podría estar descontada a valor de hoy, lo que reduce de manera considerable un flujo que se percibe a lo largo de décadas.

Tres · No toda la reserva se produce. El potencial probado no equivale al volumen que efectivamente se extraerá en el período del acuerdo. Si los tributos corresponden a la producción prevista y no a la reserva total, el divisor correcto sería menor y el resultado por barril, mayor.

Cuatro · Supuestos de precio y costo distintos. Los tributos se calculan sobre bases imponibles que descuentan costos, y el precio de referencia empleado no se conoce.

Por qué importa saber cuál

Porque de eso depende una cifra que sí es comprensible para cualquiera: cuánto recibe Venezuela por cada barril que sale.

Si la cifra anunciada es la participación total del Estado, la operación tendría una participación fiscal muy por debajo de los estándares del sector.

Si la cifra excluye la regalía, como sugiere la lectura técnica más plausible, la participación real sería considerablemente mayor y el número anunciado estaría describiendo solo una parte.

Las dos lecturas son compatibles con el texto publicado. Esa ambigüedad es, en sí misma, el problema.

La pregunta que lo resuelve

Una sola, y admite respuesta en una línea: ¿qué porcentaje de regalía y qué alícuota de impuesto se pactaron?

Con esos dos números, cualquiera puede calcular lo demás. Sin ellos, ninguna cifra agregada permite evaluar el acuerdo, ni a favor ni en contra.

Para seguir leyendo: Siete preguntas que el anuncio no responde →


Fuentes principales: Comunicado oficial del Gobierno venezolano del 28 de agosto de 2026. Ley Orgánica de Hidrocarburos de Venezuela, régimen de regalía. Doctrina sobre la naturaleza jurídica de la regalía petrolera.

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Economía

El acuerdo abarca diecisiete campos que nadie ha identificado

No es lo mismo diecisiete campos convencionales rehabilitables que diecisiete bloques de crudo extrapesado. La diferencia son años y miles de millones.

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Campos petroleros vinculados a la nota sobre diecisiete campos no identificados

El acuerdo abarca diecisiete campos que nadie ha identificado

Es el primer dato sobre el alcance físico de la operación. Y es el que más cambia según cuál sea la respuesta.

Qué El comunicado venezolano menciona diecisiete campos estratégicos comprendidos en el acuerdo, sin identificarlos.
Quién Estado venezolano; operadores privados no identificados.
Cuándo Comunicado del 28 de agosto de 2026.
Dónde Venezuela.
Por qué El tipo de campo determina el costo, el plazo y la infraestructura necesaria para producir.
Cómo Mediante la selección de áreas cuya identidad no ha sido divulgada.

El comunicado venezolano menciona diecisiete campos estratégicos. No dice cuáles.

Es el primer dato sobre el alcance físico de la operación y también el que más cambia el resultado según cuál sea la respuesta.

No todos los campos son iguales

En Venezuela conviven realidades geológicas muy distintas y cada una tiene su propia economía.

Los campos convencionales del occidente y el oriente producen crudos livianos y medianos. Muchos están desarrollados desde hace décadas, con infraestructura existente aunque deteriorada. Rehabilitarlos es comparativamente rápido y barato, y genera producción temprana.

Los crudos pesados y extrapesados de la faja del Orinoco concentran la mayor parte de las reservas probadas del país. Producirlos exige mejoramiento o mezcla con diluentes, consumo intensivo de electricidad y una infraestructura que en buena medida hay que construir. Es lo más caro y lo más lento.

Diecisiete campos convencionales rehabilitables y diecisiete bloques de faja son dos programas completamente distintos, con calendarios y costos que no se parecen.

Por qué esto acota las demás cifras

Un estudio publicado en agosto de 2026 por el Oxford Institute for Energy Studies recomienda una secuencia precisa: empezar por los crudos de menor viscosidad, los campos ya desarrollados y la rehabilitación de campos convencionales, para generar producción temprana y flujo de caja antes de expandirse hacia la recuperación térmica.

Si los diecisiete campos siguen esa secuencia, la producción llegaría antes y con menos capital inicial. Si se concentran en la faja, el cronograma se alarga y la inversión anunciada rinde menos barriles por dólar.

De ahí que la promesa de reducción del precio de la gasolina, la cifra de tributos y el calendario de empleo dependan todos de una lista que no se ha publicado.

Lo que la lista permitiría verificar

Con los nombres de los campos, cualquier analista podría comprobar en fuentes públicas cuatro cosas.

Qué producción tuvieron históricamente y cuánta tienen hoy.

Qué reservas se les atribuyen y de qué tipo de crudo.

Qué infraestructura asociada existe y en qué estado.

Y si están libres o comprometidos en asociaciones previas, algunas con socios de terceros países.

Ese último punto es el más delicado y el menos mencionado: varios campos venezolanos operan bajo empresas mixtas con participación extranjera. Cualquier reasignación afectaría derechos existentes.

La pregunta

Diecisiete es un número. La lista es la información.

Para seguir leyendo: Siete preguntas que el anuncio no responde →


Fuentes principales: Comunicado oficial del Gobierno venezolano del 28 de agosto de 2026. Orlando Ochoa, «Venezuela’s Oil and Gas Industry: The Challenge of Sustainable Recovery», Oxford Institute for Energy Studies, agosto de 2026.

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Economía

Rubio cifra en cien mil millones la inversión privada prometida

La inversión la hacen y la recuperan las empresas. Lo que recibe el Estado es la regalía y el impuesto, y esos siguen sin anunciarse.

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Instalación petrolera para la nota sobre inversión privada prometida en Venezuela.

Es el primer número oficial sobre lo que le tocaría a Venezuela. Conviene entender qué mide, porque inversión e ingreso son dos cosas distintas.

Qué El secretario de Estado estadounidense afirmó que el acuerdo traerá cerca de 100.000 millones de dólares en inversión privada a Venezuela.
Quién Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos.
Cuándo Mensaje difundido el viernes 28 de agosto de 2026, tras el anuncio presidencial.
Dónde Estados Unidos y Venezuela.
Por qué Es la primera cifra oficial referida a lo que recibiría el país donde están los recursos.
Cómo Mediante inversión de empresas privadas en pozos, infraestructura y capacidad de producción.

El secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó el 28 de agosto de 2026 que el acuerdo traerá para el pueblo venezolano cerca de 100.000 millones de dólares en inversión privada, apoyará miles de empleos bien pagados e impulsará la reconstrucción de la economía venezolana.

Es la primera cifra oficial referida al lado venezolano de la operación. Conviene precisar qué mide.

Inversión no es ingreso

Una inversión es dinero que una empresa gasta para producir. Compra taladros, perfora pozos, tiende oleoductos, construye instalaciones y contrata servicios.

Ese dinero no se le entrega al Estado venezolano. Se gasta en el país y una parte circula allí, pero el activo resultante pertenece a quien invirtió, y quien invierte lo hace para recuperarlo con retorno.

Lo que un Estado recibe de una operación petrolera son dos cosas: la regalía, un porcentaje de la producción o de su valor, y el impuesto sobre la ganancia.

Ninguno de esos dos porcentajes ha sido anunciado.

De modo que la cifra de 100.000 millones describe el tamaño del programa, no el ingreso venezolano. Son magnitudes distintas y la segunda sigue sin conocerse.

Infografía sobre la diferencia entre inversión privada e ingreso público en una operación petrolera.
La inversión de las empresas no es ingreso fiscal: lo que recibe el Estado depende de la regalía y del impuesto.

La proporción

Hay una relación que ordena la escala y se puede calcular con las cifras que las propias autoridades han dado.

Cien mil millones de dólares de inversión frente a 65.000 millones de barriles de reservas comprometidas equivalen a alrededor de un dólar y medio de inversión por cada barril de reserva.

Es una relación indicativa y no un indicador de rentabilidad, porque no toda la reserva se produce y los costos varían por campo. Sirve, sin embargo, para dimensionar: el compromiso de inversión es pequeño frente al valor bruto del recurso comprometido.

Cuánto de esa diferencia queda en Venezuela depende, otra vez, de la regalía y del impuesto.

El contraste con las estimaciones técnicas

Una proyección publicada en enero de 2026 por el brazo de análisis energético de S&P Global situaba en torno a 3.200 millones de dólares anuales la inversión necesaria para llevar la producción venezolana a un millón y medio de barriles diarios hacia 2030.

A ese ritmo, 100.000 millones describen un programa de varias décadas, no de un quinquenio.

El estudio del Oxford Institute for Energy Studies publicado en agosto de 2026 considera plausible llegar a 3,3 millones de barriles diarios en un horizonte de diez a doce años, siempre que se cumplan seis condiciones que incluyen términos fiscales predecibles y credibilidad legal.

Ninguna de esas dos referencias contradice la cifra anunciada. Lo que hacen es situarla en el tiempo: es un compromiso de largo plazo, no un desembolso inmediato.

Las tres preguntas que faltan

Sobre la cifra misma, quedan tres asuntos sin responder y todos constarían en el instrumento.

En cuántos años se ejecutaría esa inversión.

Qué ocurre si no se ejecuta. Un compromiso de inversión sin metas verificables ni consecuencias por incumplimiento es una expectativa, no una obligación.

Quién invierte. El anuncio habla de empresas privadas y no las identifica.

Hasta que esas tres respuestas existan, la cifra es una intención declarada por una de las partes.

Para seguir leyendo: Siete preguntas que el anuncio no responde.


Fuentes principales: Mensaje de Marco Rubio difundido el 28 de agosto de 2026. Mensaje de Donald Trump del 28 de agosto de 2026. Orlando Ochoa, Oxford Institute for Energy Studies, agosto de 2026. Análisis de S&P Global Commodity Insights, enero de 2026.

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