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Inciso

Agustín es el más humano de los santos

No salgas fuera, entra en ti mismo. En el interior del hombre habita la verdad. Todo lo que Agustín escribió después cabe en esa instrucción.

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INCISO

Hubo un tiempo en que pensé seguir ese camino. La vida dio unas cuantas vueltas y no lo seguí. Pero hay decisiones que uno no toma del todo, y el hombre que se celebra cada 28 de agosto me ha acompañado desde entonces con una insistencia que no depende de haber perseverado.

Agustín es, para mí, el más humano de los santos y el más santo de los humanos. Y la segunda mitad de esa frase no se entiende sin la primera.

Empecemos por las peras. En el segundo libro de las Confesiones cuenta que de muchacho asaltó con unos amigos un peral vecino. No tenían hambre. Las peras ni siquiera eran buenas. Se las tiraron a los cerdos. Lo que a él le quita el sueño décadas después no es el hurto, que es una travesura de barrio: es haber descubierto que robó por el gusto de robar. Que el mal no siempre necesita un motivo. Que a veces basta con la compañía y con las ganas.

Un hombre que a los cuarenta años sigue dándole vueltas a unas peras que no se comió es un hombre que entendió algo sobre sí mismo que la mayoría prefiere no mirar.

Después vino todo lo demás. Nueve años en una doctrina que terminó abandonando. Un hijo fuera del matrimonio, con una mujer cuyo nombre no escribió nunca, y a la que dejó cuando le convino. Una carrera de retórico que consistía en enseñar a hablar bien a quienes querían mandar. Engañó a su madre en un puerto para poder embarcarse sin ella.

Con ese expediente hoy no lo dejarían dar una charla. Y es doctor de la Iglesia.

Lo que cambia no es la biografía. Es el lugar desde donde mira. En algún momento escribe la instrucción que ordena todo lo demás: no salgas fuera, entra en ti mismo, porque en el interior del hombre habita la verdad.

He pensado mucho en esa frase. Tiene, evidentemente, una carga espiritual inmensa. Pero también tiene una carga humana, sencilla, cotidiana, que no exige creer nada para funcionar. Entrar en uno mismo no es un ejercicio de introspección de manual. Es el único sitio donde uno se reconoce. Donde se entera de lo que realmente tiene, de lo que realmente siente, de lo que ha estado evitando. Uno se pasa la vida administrando la versión de sí mismo que ofrece afuera, y esa versión no sabe nada.

Agustín lo dijo de la manera más desarmada posible: tú estabas dentro de mí, y yo estaba fuera.

Ahí está la doble cosa que hace que esta frase no sea patrimonio exclusivo de los creyentes. El que entra encuentra a Dios, si cree. Y se encuentra a sí mismo, crea o no crea. Y solo después de eso puede ponerse a hacer lo que le toca hacer, que hasta entonces estaba buscando en el lugar equivocado.

Lo otro que dejó escrito, y que a mí me parece la frase más honesta que se ha escrito sobre la condición humana, es que el corazón anda inquieto hasta que descansa. La inquietud no es un defecto de fábrica. Es el motor. El problema no es andar buscando: el problema es buscar donde no está.

Y hay una tercera cosa, que es la que me toca de cerca esta semana. Tarde te amé, escribió. Tarde. Lo dice un hombre de más de cuarenta años que ya había gastado media vida probando de todo. La santidad, en su versión, no es un expediente limpio ni un temperamento apacible. No exige haber llegado temprano.

Pero conviene decir la parte que casi siempre se omite. Agustín no llegó solo.

Detrás hay una mujer que rezó por él durante décadas sin ver un solo resultado. Que lo siguió de África a Italia. Que murió en un puerto, lejos de su tierra, sin volver a ver su casa. A Mónica un obispo le dijo, cuando ya no daba más, que era imposible que se perdiera el hijo de tantas lágrimas. Y el calendario, que en estas cosas es más sabio de lo que parece, la conmemora el 27 y a él el 28. Primero la madre.

Nadie llega a ninguna parte por la sola fuerza de sus convicciones. Se llega también por la insistencia de alguien que no se rindió.

Eso me lleva al final, que es lo que quería escribir desde el principio y da varias vueltas antes de dejarse escribir. Agustín dejó dicho que no pierde a quienes ama el que los ama en Aquel que no se pierde.

Escribo esto para una audiencia en la que hay cientos de miles de personas que dejaron a alguien del otro lado de una frontera. Gente que sabe lo que es enterarse por teléfono. Que no llegó a tiempo. Que tiene una madre rezando en otro país, o una madre que ya no está en ninguno.

Un hombre que robó peras sin hambre, que se equivocó de doctrina durante nueve años y que le mintió a su madre para irse de viaje escribió, dieciséis siglos antes de que existieran los aeropuertos, la frase exacta para eso.

Por eso sigue vivo. No porque fuera impecable. Porque no lo fue, y aun así llegó.


Alfredo Yánez Mondragón
Fundador y editor en jefe · INCÍSOS
Publicado el viernes 28 de agosto de 2026

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Dos chavismos el día del cumpleaños de Cilia

Los que gritan no tienen nada que perder en la mesa. Los que callan, sí.

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Sala de sesiones vacía como recurso editorial para el Inciso sobre deliberación parlamentaria.

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Mientras Iris Varela insultaba a Trump y Freddy Bernal hablaba de secuestro, Jorge Rodríguez seguía sentado en la mesa que Washington patrocina, con sus sanciones recién levantadas. ¿Quién habla hoy por el chavismo?

Cilia Flores cumplió 70 años el jueves en una sala de Manhattan, declarándose inocente de torturar. Su gente en Caracas reaccionó de dos maneras distintas, y esa diferencia es la noticia.

Una parte gritó. Iris Varela escribió en X que la fecha de la audiencia era «una jugada miserable», llamó al presidente de Estados Unidos «el cerdo y pedófilo que detenta el poder» y calificó el proceso de «juicio espurio». Freddy Bernal, gobernador del Táchira, grabó un audio para el PSUV: Maduro y Flores están «secuestrados» por «una potencia imperial».

La otra parte calló. Delcy Rodríguez no dijo nada. Diosdado Cabello no dijo nada. Y Jorge Rodríguez, el hermano, el que el Tesoro sacó de su lista de sancionados hace dos días, estaba ocupado en el hotel Meliá de Caracas, encabezando la delegación oficial en la tercera ronda de la mesa que Washington respalda «desde los más altos niveles», según Marco Rubio.

Lo que dice el silencio

Hace nueve meses, el chavismo hablaba con una sola voz. Hoy tiene dos. La voz que insulta no negocia nada: le habla a una militancia que necesita creer que todavía hay un enemigo afuera. La voz que calla negocia todo: el TSJ, las sanciones, el oro en Londres, los préstamos, el tiempo.

La pregunta no es cuál de las dos es sincera. Es cuál de las dos manda. Y el jueves dejó una pista: los que gritan no tienen nada que perder en la mesa; los que callan, sí.

Varela y Bernal le hablaron a Cilia. Jorge Rodríguez le habló a Washington, sin decir una palabra. En una semana en que la transición venezolana recibe premios antes de pagar su cuenta, ese silencio también es una forma de pago.

¿Qué falta, exactamente?

Que alguien del chavismo que negocia diga en voz alta qué piensa del juicio de Nueva York. Mientras no lo haga, el país tendrá que adivinar si la mesa es un camino a elecciones o una salida para algunos.


Fuentes principales: El Heraldo (15 de octubre de 2026); Noticias al Día y a la Hora y La Patilla (15 de octubre de 2026); EFE vía Infobae; Infobae (15 de octubre de 2026).

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Inciso

El mismo miércoles

La transición recibe sus premios antes de pagar su cuenta.

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Sala de sesiones vacía como recurso editorial para el Inciso sobre deliberación parlamentaria.

INCISO · ALFREDO YÁNEZ MONDRAGÓN

En Washington, el Tesoro le quitó las sanciones a Jorge Rodríguez. En Panamá, Mulino le dio las gracias a Delcy. En Caracas se abrió la tercera ronda. Y en San José, ante las víctimas del 11 de abril, el Estado venezolano no se presentó.

Hay días que resumen una época. El miércoles 14 de octubre fue uno.

Por la mañana, en San José de Costa Rica, Yenfri Querales le contó a la Corte Interamericana cómo murió su hermano Juan David el 11 de abril de 2002, desangrado cerca de El Silencio, y cómo la investigación se apagó hasta que «al final no supimos más». Delvalle Canelón lloró al recordar las amenazas que recibió por querer declarar. La silla del Estado venezolano estaba vacía.

A esa hora, en un hotel de Caracas, Jorge Rodríguez se sentaba frente a la delegación de Dinorah Figuera para empezar la tercera ronda. Y en Washington, el Tesoro lo sacaba de su lista de sancionados, sin explicar por qué.

En Panamá, el presidente que reconoce a Edmundo González y guarda las actas del 28 de julio en las bóvedas de su Banco Nacional le agradeció «al gobierno de Venezuela» los 51 expertos que mandó Delcy Rodríguez tras el terremoto.

Los premios y la cuenta

Cada uno de esos gestos se puede defender por separado. La ayuda en un terremoto no se rechaza. Las sanciones son herramientas, y quitarlas puede ser un incentivo. Una mesa necesita interlocutores sin grilletes.

Pero juntos dibujan algo que conviene nombrar: la transición venezolana está recibiendo sus premios antes de pagar su cuenta. Washington levanta sanciones nombre por nombre. Los gobiernos vecinos ensayan la palabra «gobierno». Y el Estado que los recibe no fue capaz de mandar a un funcionario a escuchar a doce familias que esperan desde hace 24 años.

No pido que no se negocie. Escribí ayer que lo que falta es una fecha, y lo sostengo. Lo que digo es que una transición se reconoce también por cómo trata a sus muertos. La del 11 de abril es una herida de todos: de los que marchaban hacia Miraflores y de los que defendían el puente. Un Estado que de verdad quiera ser «institucional y verificable», como dijo Delcy Rodríguez en Roma, empieza por presentarse.

Lo que nos toca

Desde Columbus, donde muchos llegamos con alguna de esas heridas, es fácil celebrar cada sanción que cae como una señal de que el país se mueve. Puede serlo. Pero el país también se mueve cuando el Estado responde, y el miércoles no respondió.

¿Qué falta, exactamente? Que la próxima vez que Washington quite un nombre de su lista, diga qué recibió a cambio. Que la mesa ponga a las víctimas, las del 11 de abril y las de todas las celdas, en su orden del día. Y que cuando la Corte Interamericana vuelva a llamar, Venezuela conteste.

Alfredo Yánez Mondragón


Fuentes principales: Runrunes y El Impulso (14 de octubre de 2026); aviso de la OFAC del 14 de octubre de 2026; EFE (14 de octubre de 2026); El Nacional (14 de octubre de 2026).

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Inciso

La fecha que nadie pone

Hay calendario para los aguinaldos y para la FAO. Para votar, no.

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Imagen conceptual para: inciso la mejor oportunidad sin fecha rubio figuera elecciones

INCISO · ALFREDO YÁNEZ MONDRAGÓN

La mesa reparte magistrados, Washington pide paciencia y el chavismo promete cuatro elecciones sin calendario. La única pregunta que mueve a la gente, cuándo se vota, sigue fuera del orden del día.

El miércoles 14 de octubre empieza la tercera ronda de la mesa de negociación. Su temario lo dio el Departamento de Estado: terminar de escoger el Tribunal Supremo. Lo demás, el Consejo Nacional Electoral, las garantías, las leyes que todavía permiten encarcelar por opinar, queda para «rondas posteriores». La fecha de las elecciones no figura ni siquiera en esa lista de después.

Entiendo el argumento. Sin un tribunal confiable, cualquier elección termina donde terminó la de 2024: con un árbitro que proclama y unas actas que nadie puede revisar. Primero el árbitro, después el partido. Es razonable.

Pero el orden también es una decisión política. Y lo que la mesa ha decidido hasta ahora es que el tiempo corre a favor de quien ya gobierna.

Tres relojes

Jorge Rodríguez anunció en septiembre «cuatro elecciones» y dejó las presidenciales de último. María Corina Machado propuso el 24 de julio de 2027 como fecha límite. Washington no dice nada, y cuando alguien de la oposición pone una fecha, se lo reprocha. Delcy Rodríguez, mientras tanto, adelanta la Navidad al 1 de noviembre y promete hambre cero para 2030. Hay calendario para los aguinaldos y para las metas de la FAO. Para votar, no.

Y hay quien propone esperar más. Roberto Smith sostiene que no hacen falta elecciones «hasta que se completen una cantidad de procesos»: sanear la Fuerza Armada, la policía, los tribunales y el árbitro. Orlando Viera-Blanco le respondió que «la democracia y la libertad plena no es una muñeca ni un Nintendo» (el debate, aquí). Smith tiene razón en que votar con el aparato intacto puede producir una salida aparente. Pero desmontar el aparato sin plazo es exactamente lo que el aparato quiere.

Esta semana pasaron dos cosas que muestran el costo de esperar. En Caracas, los médicos y los maestros que marcharon por un salario que no se mueve desde 2022 llegaron hasta la esquina de Salas. Y una exmagistrada que firmó la inhabilitación de Machado contó que lo hizo con sus hermanos presos. Lo primero dice que la paciencia de la gente tiene fondo. Lo segundo, que las reglas con las que se jugaría la próxima elección todavía son las del fraude.

Una fecha no es un capricho

Una fecha no garantiza una elección limpia. Pero sin fecha no hay manera de medir si la mesa avanza o solo administra. Un plazo obliga a ordenar las tareas al revés: si se vota en tal mes, el CNE tiene que estar listo en tal otro, el registro en el exterior abierto en tal otro, los inhabilitados rehabilitados antes. Sin ese plazo, cada ronda puede terminar con un avance verdadero y, aun así, sin acercar el día de votar.

Desde Columbus, donde vivimos tantos venezolanos que no hemos podido votar en años, lo sé bien: el registro en el exterior no se abre de un día para otro. Si las presidenciales van a ser en 2027, como pide Machado, o después, como insinúa Rodríguez, hay que empezar a preparar el voto de la diáspora ahora. Y nadie en la mesa lo ha planteado.

Lo que falta

¿Qué falta, exactamente? Que la cuarta ronda tenga en el orden del día una sola línea nueva: la fecha. No la del CNE ni la del Tribunal, que son medios. La de la elección, que es el fin. El sábado 17 de octubre, venezolanos en varias ciudades del mundo saldrán a pedirla. Ojalá la mesa los escuche antes de que la pregunta cambie de «cuándo» a «para qué».

Alfredo Yánez Mondragón


Fuentes principales: INCÍSOS, debate entre Roberto Smith y Orlando Viera-Blanco (13 de octubre de 2026); Departamento de Estado, comunicado del 9 de octubre de 2026; El Estímulo (26 de septiembre de 2026); Financial Times vía Reuters (9 de octubre de 2026); Infobae (9 y 10 de octubre de 2026); Versión Final (13 de octubre de 2026); NTN24 (7 de octubre de 2026).

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