Economía
Una empresa argentina vuelve a apostar por la luz de Venezuela
La empresa argentina IMPSA avanza en renegociar un contrato para desarrollar y rehabilitar dos proyectos hidroeléctricos en Venezuela. Detrás del anuncio, un país que depende de represas y sufre apagones crónicos.
La metalúrgica argentina IMPSA anunció que avanzó en renegociar un contrato para desarrollar y rehabilitar dos proyectos hidroeléctricos clave en Venezuela. El dato, revelado este martes a Reuters por el propio jefe de la compañía, abre una ventana sobre algo más grande: un país que produce la mayor parte de su electricidad con represas, que vive sumido en apagones por años de abandono, y al que las empresas extranjeras empiezan, con cautela, a volver a mirar.
El anuncio
La noticia llegó desde Houston, en plena temporada de conferencias energéticas. La empresa IMPSA informó a la agencia Reuters que ha progresado en la renegociación de un contrato para desarrollar y rehabilitar dos proyectos hidroeléctricos clave en Venezuela. La declaración la hizo el propio máximo responsable de la compañía, lo que le da peso a un movimiento que, de concretarse, sería de los primeros de su tipo en el sector eléctrico venezolano tras años de parálisis.
IMPSA no es una empresa improvisada en este terreno. Fundada en Mendoza en 1907, es una de las fabricantes de turbinas y equipos hidroeléctricos con más trayectoria de América Latina. Su historia está, de hecho, entrelazada con la de Venezuela: fue la encargada de fabricar las turbinas para proyectos en la cuenca del río Caroní, el corazón hidroeléctrico del país. Volver ahora a renegociar un contrato allí es, en cierto modo, retomar un vínculo viejo que la crisis venezolana había dejado en suspenso.
Una empresa que cambió de manos
Hay un detalle que vuelve esta historia aún más significativa. IMPSA dejó de ser una empresa estatal argentina: fue privatizada en 2025, en la primera privatización del gobierno de Javier Milei, y sus acciones pasaron a un consorcio de capital estadounidense. Es decir, la compañía que hoy negocia con Caracas responde a una lógica empresarial nueva y a dueños radicados en Estados Unidos. Que una empresa con ese perfil avance en un contrato venezolano dice tanto del apetito por los negocios en Venezuela como del marco que Washington está dispuesto a tolerar.
Esto encaja con un patrón más amplio que se observa en las últimas semanas: empresas energéticas internacionales tanteando el terreno venezolano a medida que se alivian algunas sanciones y el gobierno de transición busca inversión. El petróleo concentra la atención, pero la electricidad es la otra pata, menos visible y quizá más urgente para la vida diaria de la gente.

Por qué importa: un país a oscuras
Para dimensionar la noticia hay que entender el estado de la electricidad en Venezuela. El país depende de la hidroelectricidad para la mayor parte de su generación, con la represa de Guri como columna vertebral del sistema. Esa fortaleza se volvió una fragilidad: años de falta de inversión, mantenimiento postergado y deterioro de la infraestructura redujeron la generación y convirtieron los apagones en parte de la rutina nacional. El gran apagón de 2019, que dejó a buena parte del país sin luz durante días, fue el símbolo más brutal de ese colapso.
En ese contexto, rehabilitar proyectos hidroeléctricos no es un negocio cualquiera: es tocar el nervio de la vida cotidiana. Sin electricidad estable no hay agua bombeada, no hay refrigeración de alimentos ni medicinas, no hay clases, no hay comercio. Cualquier recuperación real de Venezuela pasa, tarde o temprano, por encender de nuevo y de forma confiable la red. Por eso una nota que parece técnica —una empresa renegociando un contrato— es, en el fondo, una nota sobre la posibilidad de que vuelva la luz.
La cautela necesaria
Conviene, eso sí, leer el anuncio con prudencia. Renegociar o avanzar en un contrato no es lo mismo que firmarlo, y firmarlo no es lo mismo que ejecutarlo. La historia reciente venezolana está llena de proyectos anunciados que no se completaron: el propio complejo de Tocoma, en el Caroní, lleva desde 2006 sin terminarse pese a los miles de millones invertidos. Que una empresa muestre interés es una señal positiva, pero el camino entre la intención y la turbina encendida es largo y, en Venezuela, está sembrado de obstáculos. Para el lector que sigue la reconstrucción del país, este es un dato para anotar con esperanza moderada, no para celebrar todavía.
Esta nota es informativa y no constituye asesoría de inversión. Las decisiones empresariales mencionadas están sujetas a negociaciones en curso cuyo resultado no está garantizado.
Fuentes principales: Reuters (9 de junio de 2026) sobre el avance de IMPSA en la renegociación del contrato hidroeléctrico, según declaraciones del jefe de la compañía; antecedentes sobre la privatización de IMPSA en 2025 (Reuters); datos sobre el sector eléctrico venezolano y la represa de Guri; información sobre el proyecto estancado de Tocoma en la cuenca del Caroní.
Este análisis se publica bajo los criterios editoriales de INCÍSOS. Cómo trabajamos →
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El riesgo país cayó a la mitad y Venezuela sigue en default
De 12.671 a 6.037 puntos básicos. Una caída que refleja apuestas sobre la recuperación de los bonos, no la capacidad de pago del país.
ECONOMÍA · DEUDA · MERCADOS
El índice de riesgo de JPMorgan para Venezuela bajó 52% en 2026. No significa que el país pueda financiarse: sigue en cesación de pagos desde 2017 y su deuda duplicaría el tamaño de la economía. El mercado compra expectativa, no solvencia.
Las 6W · INCÍSOS
| Qué | El EMBI de Venezuela cayó 52% en 2026, de 12.671 a 6.037 puntos básicos. |
|---|---|
| Quién | Tenedores de bonos venezolanos y de PDVSA, JPMorgan y el gobierno encargado. |
| Cuándo | Entre el 2 de enero y el 3 de septiembre de 2026. |
| Dónde | Mercados internacionales de deuda. |
| Por qué | Las licencias petroleras y los acuerdos de inversión mejoraron las expectativas de recuperación. |
| Cómo | Por la subida de precio de bonos en default en el mercado secundario. |
El índice de riesgo país que calcula JPMorgan para Venezuela pasó de 12.671 puntos básicos el 2 de enero de 2026 a 6.037 el 3 de septiembre: una caída de 52%. Solo entre el 27 de agosto y el 3 de septiembre bajó 556 puntos, impulsado por anuncios como el de Chevron.
Contexto: un indicador distinto al de otros países
En la mayoría de los países, un riesgo país más bajo significa que el Estado puede endeudarse más barato. En Venezuela no. El país está en cesación de pagos desde 2017, no ha completado la reestructuración de su deuda y no tiene acceso normal a los mercados. Como advirtió Jonathan Fortun, economista del Institute of International Finance, el indicador refleja el valor que el mercado asigna a los bonos existentes y lo que espera recuperar, no el costo al que Venezuela podría financiarse.
Análisis: cuánto se debe
La cifra que decidirá todo es la de la deuda. Reportes financieros citados por El Nacional hablan de unos 240.000 millones de dólares que Caracas se prepararía a reconocer, equivalentes a más del doble de un PIB estimado en 111.300 millones para 2026. Aun con una cifra menor, la carga seguiría siendo desproporcionada para una economía con infraestructura deteriorada y servicios precarios.
Criterio: expectativa no es solvencia
La caída del riesgo país es una apuesta sobre la reestructuración futura, alimentada por el petróleo y por la tutela de Washington. Para quien tiene bonos venezolanos o piensa comprarlos, la pregunta no es cuánto bajó el índice, sino en qué términos se negociará la deuda: qué quita se aplicará, qué acreedores tendrán prioridad y con qué ingresos se pagará. Mientras esos términos no existan, el precio de los bonos refleja optimismo, no garantías.
Esta nota tiene fines informativos y no constituye asesoría financiera ni recomendación de inversión.
Fuentes principales: Bloomberg Línea, septiembre de 2026; Globovisión, septiembre de 2026; El Nacional, columna «Vitrina», septiembre de 2026.
Economía
Seiscientos cincuenta ejecutivos y pocos compromisos firmes en Caracas
Entradas agotadas, lista de espera y memorandos. La distancia entre el interés y la inversión en el petróleo venezolano.
ECONOMÍA · PETRÓLEO · INVERSIÓN
La Cumbre Internacional de Petróleo y Gas agotó sus entradas. Pero la producción sigue en 1,2 millones de barriles diarios, muchas empresas solo han firmado memorandos y un inversionista acusa a PDVSA de no tener «ninguna sensación de urgencia».
Las 6W · INCÍSOS
| Qué | La Cumbre Internacional de Petróleo y Gas de Venezuela reúne a unos 650 ejecutivos y funcionarios. |
|---|---|
| Quién | Empresas petroleras y de servicios, PDVSA, el gobierno encargado y diplomáticos. |
| Cuándo | 29 y 30 de septiembre de 2026. |
| Dónde | Caracas. |
| Por qué | Es el mayor intento hasta ahora de convertir el interés en inversión. |
| Cómo | Con paneles, reuniones y negociaciones bajo las licencias de la OFAC. |
La Cumbre Internacional de Petróleo y Gas de Venezuela empieza el martes 29 de septiembre de 2026 con unos 650 asistentes y más de 150 en lista de espera, según Bloomberg. Es la señal más visible del interés que despierta el crudo venezolano mientras la guerra con Irán restringe los suministros de Oriente Medio.
Contexto: el punto de partida
Venezuela produce alrededor de 1,2 millones de barriles diarios, frente a más de 3 millones en los años noventa. El anuncio más grande del año es de Chevron: más de 7.000 millones de dólares en cinco años para llevar su producción cerca de 600.000 barriles diarios. Muchas otras empresas han firmado acuerdos preliminares con PDVSA, pero pocas han asumido compromisos firmes.
Análisis: lo que frena la inversión
Tres obstáculos aparecen en todas las conversaciones:
- Las sanciones. Las licencias de la OFAC permiten negociar, pero cada inversión grande necesita una autorización específica.
- La propia PDVSA. Farhad Moshiri, de Amos Global Energy, exjefe de operaciones de Chevron en América Latina, dijo a Reuters que no hay «ningún proceso, ninguna sensación de urgencia» en la estatal para cerrar acuerdos.
- La infraestructura. Los apagones interrumpen la producción, y algunas empresas evalúan generar su propia electricidad en los campos.
Criterio: qué medir al cierre
El éxito de la cumbre no se mide por la asistencia, sino por lo que quede firmado y sea ejecutable. Al cierre conviene contar tres cosas: cuántos contratos pasan de memorando a compromiso con montos y plazos, cuántos solicitan licencias específicas a la OFAC y si alguno incluye inversión en electricidad, el cuello de botella que afecta tanto a los pozos como a los hogares.
Esta nota tiene fines informativos y no constituye asesoría financiera ni recomendación de inversión.
Fuentes principales: Bloomberg vía Bloomberg Línea y Bitácora Económica, 28 de septiembre de 2026; Reuters vía Costa del Sol FM, septiembre de 2026; Bloomberg Línea, septiembre de 2026 (anuncio de Chevron).
Economía
La OFAC deja negociar en Venezuela, pero no invertir sin permiso
Tres licencias nuevas y una regla constante: Washington decide caso por caso. Lo que cambió el 28 de septiembre y lo que no.
ECONOMÍA · SANCIONES · PETRÓLEO
El Tesoro renovó tres licencias para operar con petróleo venezolano, suministrar bienes y servicios y negociar inversiones. La letra pequeña es la que manda: los contratos quedan en suspenso hasta una autorización posterior y los pagos pasan por cuentas controladas.
Las 6W · INCÍSOS
| Qué | La OFAC renovó las licencias generales 46E, 48D y 49B para Venezuela. |
|---|---|
| Quién | El Departamento del Tesoro, empresas estadounidenses, el gobierno venezolano y PDVSA. |
| Cuándo | Lunes 28 de septiembre de 2026. |
| Dónde | Washington, con efectos sobre el sector energético venezolano. |
| Por qué | Mantener las operaciones autorizadas y evitar la parálisis por exceso de cautela de las empresas. |
| Cómo | Sustituyendo las versiones 46D, 48C y 49A por nuevas licencias con condiciones. |
El lunes 28 de septiembre de 2026, la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Tesoro estadounidense emitió tres licencias generales que sustituyen a las anteriores: la 46E, que autoriza operaciones con petróleo y petroquímicos venezolanos; la 48D, para suministrar bienes y servicios al país; y la 49B, que permite negociar y firmar contratos contingentes de inversión en petróleo, gas, petroquímica y electricidad.
Contexto: una renovación cada pocas semanas
Las 46D y 48C eran del 27 de agosto; la 49A, del 13 de marzo. Desde enero de 2026, Washington ha ido abriendo el régimen de sanciones licencia por licencia, sin levantarlo. La del lunes busca, según Bitácora Económica, evitar la parálisis que produce el exceso de cautela de bancos y empresas.
Análisis: negociar no es invertir
La licencia 49B es la más citada y la más malinterpretable. Permite negociar y firmar contratos, pero esos contratos quedan sujetos a una autorización posterior de la OFAC para poder ejecutarse, como precisó Bloomberg Línea. En la práctica, una empresa puede cerrar un acuerdo con PDVSA y aun así no poder mover un dólar de inversión hasta que Washington diga que sí.
Además, los pagos a entidades bloqueadas deben canalizarse a los fondos de depósito de gobiernos extranjeros bajo control del Tesoro, y se mantiene la prohibición de operar con el petro, la criptomoneda venezolana.
Criterio: el poder sigue en Washington
El resultado es una apertura con llave. Cada gran inversión en Venezuela pasa por una autorización específica, y cada licencia se renueva por períodos cortos. Eso da a Washington un control fino sobre el ritmo de la recuperación petrolera, y a los inversionistas una incertidumbre que se refleja en la distancia entre los memorandos firmados y los compromisos firmes. La cumbre petrolera del 29 y 30 de septiembre en Caracas mostrará cuánto pesa esa llave.
Esta nota tiene fines informativos y no constituye asesoría financiera ni recomendación de inversión.
Fuentes principales: OFAC, licencias generales 46E, 48D y 49B, 28 de septiembre de 2026; Bloomberg Línea y Efecto Cocuyo, 28 de septiembre de 2026; Bitácora Económica, 28 de septiembre de 2026.
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