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Economía

El petróleo cayó un 10% cuando Irán dijo que el Estrecho estaba abierto

Los mercados reaccionaron en horas. El galón en la gasolinera tarda semanas. Entender ese desfase protege el bolsillo.

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Hand holding fuel pump nozzle inserted into car fuel tank at gas station.

Los mercados reaccionaron en horas. El galón en la gasolinera tarda semanas. Entender ese desfase protege el bolsillo.

Las claves de esta historia

QuéEl petróleo cayó un 10% cuando Irán anunció que el Estrecho de Ormuz estaba abierto.
QuiénFamilias hispanas que absorbieron el alza de $2.81 a $4.12 el galón y que esperan una baja.
Cuándo17–18 de abril de 2026. Mercados reaccionaron en horas. El precio al surtidor tarda semanas.
DóndeEl Estrecho de Ormuz. Efectos en gasolineras de Columbus, Dallas, Miami y toda ciudad con comunidad hispana.
Por quéLos precios del combustible suben como elevador y bajan como escalera. Entender ese mecanismo permite tomar decisiones prácticas mientras se espera.

El petróleo cayó un 10% esta semana cuando Irán anunció que el Estrecho de Ormuz estaba completamente abierto al tráfico comercial. Los mercados reaccionaron en horas.

En la gasolinera, el galón sigue a $4.12.

Ese desfase no es accidental. Es estructural. Cuando el crudo sube por una crisis, las refinerías trasladan ese aumento al consumidor en días. Cuando el crudo baja, la cadena absorbe primero la reducción en sus márgenes. Los precios suben como elevador y bajan como escalera.

Si el alto el fuego con Irán se consolida, el galón podría bajar entre 30 y 50 centavos en las próximas tres a cuatro semanas. Eso no recupera el alza de los últimos dos meses, pero alivia el presupuesto de transporte.

Consejo práctico: si tienes que llenar el tanque esta semana, llena la mitad. Si el Estrecho sigue abierto, el precio de la semana próxima puede ser mejor.

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El costo de los aranceles en dos platos

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INCISOS BLOQUE 5W · NOTA 03 · Economía
Lo que los aranceles de Trump le cuestan a cada familia
QUIÉN
Familias estadounidenses — especialmente hogares de clase media en estados manufactureros como OhioLas empresas medianas son las más golpeadas: emplean 48 millones de trabajadores y generan un tercio del PIB privado.
QUÉ
Los aranceles de Trump representan el mayor aumento fiscal por esta vía desde 1993Costo acumulado: $1,500 por hogar en 2026. Tasa arancelaria efectiva: 7.7%, la más alta desde 1947.
CUÁNDO
Vigentes desde abril de 2025En febrero de 2026 la Corte Suprema anuló parte de ellos. Trump respondió con nuevos aranceles bajo otra autoridad legal.
DÓNDE
Impacto nacional — con efectos específicos en Ohio por su industria automotriz, del acero y manufacturaColumbus: precios más altos en manufactura, electrodomésticos, ropa y materiales de construcción.
POR QUÉ
El 94% de la carga de los aranceles recayó sobre consumidores y empresas estadounidensesLos exportadores extranjeros, en promedio, no bajaron sus precios. La carga no se compartió.
Fuentes: Tax Foundation · NBER · Reserva Federal de Nueva York · Proceso · El Financiero Abril 2026
$1,000 Costo por hogar en 2025 Primer año de aranceles masivos
$600 Costo adicional en 2026 Tras el fallo de la Corte Suprema
$1,500 Total acumulado 2026 Mayor carga fiscal desde 1993
7.7% Tasa arancelaria efectiva La más alta desde 1947

No es una abstracción de política comercial. Es dinero que sale del bolsillo de cada hogar.

Los aranceles de Trump en 2025 representaron un aumento de impuestos promedio de $1,000 por hogar estadounidense. En 2026, se calcula un costo adicional de $600. En total, la carga arancelaria acumulada asciende a aproximadamente $1,500 por familia — el mayor aumento fiscal de este tipo desde 1993.

La Corte Suprema anuló en febrero de 2026 los aranceles impuestos bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, pero Trump respondió imponiendo un arancel de 10% bajo otra autoridad legal, manteniendo la presión. La tasa arancelaria efectiva promedio llegó al 7.7% en 2025 — el nivel más alto desde 1947.

¿Quién absorbe el costo?

Un informe de la Oficina Nacional de Análisis Económico estimó que el 94% de la carga recayó sobre consumidores y empresas estadounidenses durante los primeros ocho meses de 2025. Los exportadores extranjeros, en promedio, no bajaron sus precios. La lógica que sostenía que ellos absorberían el costo no se cumplió.

Las más afectadas son las empresas medianas — las que emplean a unos 48 millones de trabajadores y generan un tercio del PIB del sector privado. Tienen menos poder de negociación que las multinacionales y no pueden compensar pérdidas en un mercado con ganancias en otro.

Producto en ColumbusArancel aplicado
Electrodomésticos y electrónica25–50%
Ropa y calzado importados10–25%
Acero, aluminio y derivados50%
Autopartes y vehículos25%
Ciertos semiconductores25%

Para las familias de Columbus: precios más altos en manufactura, electrodomésticos, ropa y materiales de construcción. El costo no aparece como una línea en la factura. Simplemente, todo cuesta más.

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Economía

Vuelos directos reconectan EEUU y Venezuela

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American Airlines rompe siete años de silencio en la ruta Miami–Caracas. Los primeros boletos parten desde US$1.143 por trayecto sencillo, casi cuatro veces el precio de rutas comparables hacia otras capitales de la región. ¿Conviene comprar ya o esperar? Un mapa completo de una reapertura marcada por la geopolítica, la demanda contenida y la escasez de asientos.

Siete años después, Miami y Caracas vuelven a estar unidas por un vuelo directo. American Airlines abrió este lunes 20 de abril la venta de boletos para la ruta que comenzará a operar el jueves 30 de abril, marcando el primer enlace aéreo comercial directo entre Estados Unidos y Venezuela desde mayo de 2019. La operación, sin embargo, arranca con características que la distinguen profundamente de la que existía antes del cese: menos frecuencias, aviones más pequeños y tarifas que han sorprendido incluso a los propios operadores turísticos venezolanos.

La ruta será operada por Envoy Air, filial regional de American Airlines, bajo la marca American Eagle. La decisión de usar un Embraer 175 —y no un Boeing 737 o 757 como antes de la suspensión— no es menor: condiciona toda la aritmética económica de la operación en estos primeros meses.

Siete años de apagón: la historia detrás del regreso

Pie de foto: Los hitos que marcaron el cese de operaciones y el retorno de los vuelos directos.

Para entender por qué el reinicio es noticia, hay que recordar el origen del apagón. En mayo de 2019, en plena crisis diplomática con el régimen de Nicolás Maduro, el Departamento de Transporte de Estados Unidos prohibió a sus aerolíneas comerciales operar hacia Venezuela, citando preocupaciones de seguridad. American Airlines fue la última de las grandes estadounidenses en retirarse. Hasta entonces, había volado a Venezuela ininterrumpidamente desde 1987.

Durante los seis años siguientes, quienes necesitaban viajar entre ambos países dependían de conexiones vía Panamá, Bogotá, Madrid, Lisboa o Estambul. Lo que antes era un salto de tres horas se convertía en travesías de 10 a más de 30 horas, con múltiples escalas y precios combinados que superaban cómodamente los US$700.

El punto de inflexión ocurrió el 3 de enero de 2026, cuando una operación militar estadounidense resultó en la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores. A las pocas horas, el secretario de Transporte Sean Duffy levantó las restricciones al espacio aéreo caribeño. El 4 de marzo, el DOT otorgó formalmente a American Airlines el permiso para operar la ruta Miami–Caracas–Maracaibo, con una licencia vigente por dos años. La Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) completó una inspección en el aeropuerto de Maiquetía, paso indispensable. El Wall Street Journal reportó que Trump pidió directamente a Duffy acelerar el proceso tras una conversación con Delcy Rodríguez.

Precios que rompen todas las previsiones

El mercado reaccionó con asombro cuando se abrieron las ventas. Los boletos arrancan en US$1.143 por un trayecto sencillo y pueden rebasar los US$1.500 por ida y vuelta en cabina principal, con un equipaje incluido. En clase Business la cifra supera cómodamente los US$2.100. Para vuelos de alta demanda en mayo, las tarifas registradas han llegado hasta los US$5.000 ida y vuelta.

¿Por qué tan caro? Tres razones estructurales explican el fenómeno.

Primero, la escasez de asientos. Un Embraer 175 tiene solo 76 plazas. Una frecuencia diaria equivale a poco más de 500 asientos por semana en cada sentido, contra una demanda acumulada de seis años. Es la definición textual de un mercado con oferta restringida.

Segundo, el efecto novedad y la demanda reprimida. Miles de venezolanos con trámites consulares pendientes, familias separadas desde 2019 y empresarios buscando reactivar operaciones bilaterales compiten por un número muy limitado de plazas en las primeras semanas. Vicky Herrera, presidenta de la Asociación Venezolana de Agencias de Viajes y Turismo (AVAVIT), ha confirmado que el sistema de reservas ha mostrado presión sostenida desde el primer minuto.

Tercero, el monopolio temporal. American es, hoy, la única aerolínea estadounidense con permiso para volar directo a Venezuela. Sin competencia directa, el margen para fijar precios es amplio. En economía aeronáutica se conoce como pricing power de monopolio temporal: mientras no aparezca un segundo jugador, las tarifas tienden a su techo.

Cómo se fija el precio de un boleto aéreo

Pie de foto: La curva clásica de precios: punto dulce entre 60 y 90 días antes del vuelo y alza en las últimas tres semanas.

Los precios de los boletos aéreos no son fijos ni arbitrarios. Los define un sistema llamado Revenue Management —gestión dinámica de ingresos—, prácticamente universal en la industria desde los años 80. La idea central: cada vuelo no tiene un precio en económica, sino entre 10 y 26 clases tarifarias distintas dentro de la misma cabina, identificadas con letras (Y, B, M, H, Q, V, W, S, N…). Cada clase tiene un número limitado de asientos asignados; cuando se agota la más barata, el sistema solo vende en la siguiente, más cara.

Softwares especializados como PROS, Sabre o Amadeus analizan en tiempo real la velocidad de ventas, el comportamiento histórico de la ruta, eventos en el destino, día de la semana, competencia y docenas de variables más para ajustar precios varias veces al día. En rutas maduras, la curva clásica muestra que los precios bajan entre 3 y 6 meses antes del vuelo —cuando la aerolínea busca asegurar una ocupación base— y suben progresivamente en las últimas 3 o 4 semanas, capturando a los viajeros con necesidad urgente, típicamente de negocios.

Estudios de plataformas como Hopper, Google Flights y Expedia coinciden: para rutas internacionales largas, el punto dulce de compra está entre 60 y 90 días antes del vuelo para viajes personales, y alrededor de 21 días para viajes de negocios.

Pero Miami–Caracas no es una ruta normal. Es una ruta recién reabierta, con demanda estructuralmente superior a la oferta, sin competencia directa de otra aerolínea estadounidense y operada con un avión regional pequeño. Las reglas típicas no se aplican de forma lineal.

¿Conviene comprar ahora o esperar?

Pie de foto: Guía práctica según el tipo de viajero: cuándo conviene esperar y cuándo es mejor asegurar el boleto ya.

Esta es la pregunta que más interesa al lector. Y la respuesta depende, sobre todo, de cuánta flexibilidad se tenga en las fechas.

Para viajeros con urgencia alta —trámites consulares, emergencias familiares, fechas fijas de negocios en mayo o junio—, la ventana de ahorro es estrecha. La capacidad no se va a agrandar en las próximas semanas: el Embraer 175 no cambia de tamaño y American no va a sumar frecuencias de un día para otro. Si la demanda sigue firme, los precios tenderán a subir, no a bajar. En ese caso, comprar ya es lo racional.

Para viajeros con fechas flexibles —turismo, visitas familiares, reuniones postergables a julio o después—, la paciencia puede pagar. Hay tres factores que podrían presionar los precios a la baja en los próximos meses: primero, que American ajuste tarifas tras la fiebre inicial, algo habitual entre 4 y 8 semanas después de un relanzamiento. Segundo, que la aerolínea decida agregar frecuencias o cambiar el Embraer 175 por un equipo más grande si la ruta demuestra rentabilidad. Y tercero, el gran catalizador: que Delta o United soliciten autorización al DOT para volver a Venezuela. El precedente de American les abre la puerta.

La recomendación pragmática: si puedes esperar, espera 4 a 6 semanas después del primer vuelo para ver cómo se estabilizan las tarifas. Si no puedes, compra ya y no te desgastes revisando precios; en esta etapa, las bajadas significativas son improbables.

Cómo era la ruta antes del apagón

Pie de foto: La misma ruta, operada de manera radicalmente distinta: 32 años de presencia dominante versus un reinicio limitado.

Antes del cese de operaciones, Miami–Caracas era una de las rutas más transitadas del portafolio latinoamericano de American Airlines. En sus mejores momentos, la aerolínea operaba hasta cuatro vuelos diarios con Boeing 757 y 737, a los que sumaba frecuencias diarias Miami–Maracaibo. La oferta semanal superaba cómodamente los 5.000 asientos en cada sentido. Hoy, la operación arranca con un décimo de esa capacidad.

El mercado también era distinto. United volaba Houston–Caracas y Delta cubría Atlanta–Caracas, de modo que las tres grandes aerolíneas estadounidenses tenían presencia simultánea. La competencia mantenía las tarifas en un rango que oscilaba entre US$450 y US$700 por ida y vuelta en fechas normales, subiendo hasta US$900 o US$1.200 solo en temporada alta.

Había, eso sí, un lastre estructural. Caracas era uno de los principales puntos de salida de divisas del sistema CADIVI, y por años generó tensiones por deudas pendientes de las aerolíneas con el Estado venezolano. Según IATA, en 2015 las compañías aéreas tenían retenidos más de US$3.800 millones en bolívares que no podían repatriar. Esa crisis financiera, sumada a las sanciones de OFAC al sistema bancario venezolano y al colapso de la demanda local, fue erosionando la ruta durante años antes de la prohibición formal de 2019.

El avión importa: por qué un Embraer 175 cambia todo

Pie de foto: El Embraer 175 de Envoy Air, configurado con 12 asientos en Business y 64 en Main Cabin.

El Embraer 175 es un birreactor regional de fuselaje estrecho diseñado originalmente por la brasileña Embraer para rutas de alcance medio con menor densidad de pasajeros. Tiene un alcance de aproximadamente 3.700 kilómetros, suficiente para cubrir la distancia Miami–Caracas (2.170 km) con holgura operativa.

Su configuración es modesta: una fila corta de dos asientos a cada lado del pasillo en ambas cabinas, sin compartimentos superiores de gran capacidad. Esto tiene implicaciones prácticas para los pasajeros —menos espacio para equipaje de mano, tiempos de embarque más cortos, cabinas íntimas— pero el verdadero impacto es económico. Con solo 76 plazas por vuelo y una frecuencia diaria, la capacidad semanal de American en la ruta es de apenas 532 asientos por sentido. Poco más del 10 % de lo que la misma aerolínea ofrecía en su pico previo a 2019.

La elección del equipo tampoco es casual. Es una operación de bajo riesgo, inicial, donde la aerolínea prefiere un avión chico que pueda llenar cada día antes que arriesgarse con un 737 de 180 asientos que podría volar con butacas vacías. Si la demanda se sostiene, la próxima fase probablemente traerá o bien el upgrade a un equipo más grande, o bien una segunda frecuencia diaria.

¿Y las demás aerolíneas?

Pie de foto: El panorama actual: aerolíneas operando directo, las que conectan vía terceros países y las venezolanas que aspiran a volver a EEUU.

Delta y United: silencio, pero atentas

Ni Delta ni United han anunciado planes públicos de retorno, pero fuentes del sector indican que ambas evalúan solicitudes al DOT dependiendo del desempeño de American en los próximos meses. El cálculo es sencillo: si el vuelo diario de American se llena consistentemente, se justifica entrar; si no, no vale la pena el esfuerzo regulatorio. Los tiempos realistas, desde una solicitud formal hasta un primer vuelo, rondan los seis meses como mínimo.

Las venezolanas: el camino es largo

Del lado venezolano, la pregunta es más compleja. Aerolíneas como Aeropostal, Avior, Santa Bárbara y Laser llegaron a volar a Miami o Nueva York en distintas épocas, pero todas esas rutas desaparecieron entre 2016 y 2019 por una combinación de factores: la rebaja de Venezuela a Categoría 2 de la FAA en 2012, las deudas acumuladas, las sanciones de OFAC al sistema bancario y finalmente la ruptura diplomática.

Hoy, para que una aerolínea venezolana pueda volver a operar hacia Estados Unidos, deben alinearse al menos cuatro condiciones: que Venezuela recupere la Categoría 1 de la FAA —un proceso que en países como República Dominicana o Costa Rica tomó años—, que la aerolínea no esté en listas OFAC, que obtenga la certificación extranjera Part 129 de la FAA, y que se renegocie el acuerdo bilateral de servicios aéreos entre ambos países.

Las candidatas más probables son Laser, Avior y Estelar, todas privadas. Ninguna ha hecho un anuncio oficial, pero el gremio está, en palabras de directivos de la Asociación de Líneas Aéreas de Venezuela (ALAV), «atento» al movimiento. Plazos realistas, según fuentes del sector: entre 12 y 24 meses como mínimo.

Caso aparte es Conviasa, la aerolínea estatal. Sigue bajo sanciones de OFAC desde 2020 y enfrenta además el hecho de que varias de sus aeronaves son de origen iraní —ATR-72 y aviones de Mahan Air reetiquetados—, lo que añade capas de complicación regulatoria prácticamente insalvables en el corto plazo.

Lo que queda por seguir

La reapertura de Miami–Caracas es un símbolo mayor del deshielo bilateral, pero es apenas el primer eslabón de un proceso más amplio. Quedan abiertas varias preguntas cuya evolución vale la pena seguir en los próximos meses.

American tiene permiso también para Maracaibo, pero aún no ha publicado fecha. La llegada de Delta o United cambiaría el panorama de precios, pero todo dependerá del desempeño de American en estos primeros meses. El Departamento de Estado mantiene vigente su recomendación de no viajar a Venezuela, un mensaje contradictorio que afecta tanto al turismo como a los seguros de viaje. Y la recuperación de la Categoría 1 de la FAA para Venezuela —sin la cual no hay vuelos venezolanos a EEUU— sigue siendo una incógnita de fondo.

Por ahora, lo único seguro es esto: el 30 de abril de 2026, por primera vez en 2.547 días, un avión comercial despegará directo desde Caracas hacia Miami. Y el mercado, después de siete años de ausencia, está aprendiendo a leerse a sí mismo de nuevo.

Fuentes: Departamento de Transporte de EEUU, American Airlines, Asociación Venezolana de Agencias de Viajes y Turismo (AVAVIT), Asociación de Líneas Aéreas de Venezuela (ALAV), Infobae, Telemundo, Reuters, AeroRoutes, Aviacionline.

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Economía

Pongamos los impuestos sobre la mesa

Más de 164 millones de personas reportaron sus ingresos al gobierno federal esta semana. O no lo hicieron. En ambos casos, hay una conversación pendiente que casi nadie está teniendo.

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Pongamos los impuestos sobre la mesa

Más de 164 millones de personas reportaron sus ingresos al gobierno federal esta semana. O no lo hicieron. En ambos casos, hay una conversación pendiente que casi nadie está teniendo.

Las claves de esta historia
QuéCuatro claves sobre el sistema fiscal de EE.UU. en 2026: qué pasa si no declaraste, a dónde fue cada dólar, qué cambia con la One Big Beautiful Bill —incluyendo el impuesto del 1% a las remesas en efectivo— y por qué el reembolso nunca fue un regalo.
QuiénContribuyentes hispanos en EE.UU. con ITIN o SSN, quienes envían remesas y quienes reclaman el Crédito por Hijos o deducciones por horas extra.
CuándoTax Day 2026 cerró el 15 de abril. Esta nota se publica el 19 de abril — cuando la mayoría ya declaró pero muchos aún no saben qué significa lo que hicieron.
DóndeTodo EE.UU. El impuesto del 1% a remesas en efectivo afecta especialmente los corredores hacia México, Venezuela, Centroamérica y Colombia.
Por quéLa diferencia entre quien navega el sistema fiscal y quien es navegado por él no es de inteligencia. Es de información.

El miércoles pasado, a la medianoche, cerró el plazo para presentar la declaración de impuestos federales. Para millones de personas fue solo otro trámite anual. Para otros fue una fecha que llegó y pasó sin que pudieran hacer nada. Y para casi todos fue, como siempre, una experiencia que se repite cada año sin que nadie se detenga a explicar lo que realmente significa.

Hay cuatro cosas sobre el sistema fiscal de este país que la comunidad hispana necesita entender —y que casi nadie ha explicado con esta claridad.

Si no declaraste: lo que pasa exactamente ahora

Lo primero es lo más urgente, y también lo más mal entendido.

Si el 15 de abril pasó y no presentaste tu declaración, tu situación depende de una sola pregunta: ¿debes dinero al IRS, o el IRS te debe a ti?

Si el gobierno te debe un reembolso —es decir, si pagaste más de lo que debes a lo largo del año— no tienes ninguna penalidad por no declarar a tiempo. El IRS no te persigue por no reclamar tu propio dinero. Pero tienes tres años para hacerlo: para reclamar un reembolso del año fiscal 2025, debes presentar tu declaración antes del 15 de abril de 2029. Después de esa fecha, ese dinero queda en manos del gobierno para siempre.

Si en cambio debes dinero al IRS y no declaraste ni pediste extensión, la situación es más seria. La penalidad por no presentar es del 5% de los impuestos adeudados por cada mes o fracción de mes que la declaración llegue tarde, con un máximo del 25%. A eso se suma una penalidad separada por no pagar —del 0.5% mensual sobre el saldo adeudado— y los intereses, que corren diariamente sobre el total.

El error más costoso en esta situación es no hacer nada. El IRS consistentemente enfatiza que presentar aunque sea tarde —incluso si no puedes pagar en su totalidad— es mejor que no presentar, porque las penalidades por no presentar son más severas que las penalidades por no pagar.

Dicho de otra forma: presenta ya, paga lo que puedas, y negocia el resto. El IRS tiene planes de pago. Lo que no tiene es paciencia infinita con quien ignora el proceso.

Una nota importante: si no pediste la extensión a tiempo, ese tren ya salió. Pero hay algo que pocos saben: los contribuyentes pueden calificar para una primera exoneración si estuvieron al día los tres años anteriores. Vale preguntarle a un preparador de impuestos.

A dónde fue cada dólar que pagaste

El IRS esperaba recibir alrededor de 164 millones de declaraciones individuales para el año fiscal 2025. Eso representa la tributación más masiva y coordinada de la historia humana. Y sin embargo, la mayoría de las personas que participan en ese sistema no tienen la menor idea de qué hace el gobierno con lo que reciben.

La respuesta, en términos gruesos: aproximadamente el 23% va a la Seguridad Social, el 25% a Medicare y Medicaid, el 13% a defensa nacional, y el 8% al servicio de la deuda pública. El resto se distribuye entre educación, infraestructura, servicios sociales y una larga lista de programas federales.

Para un trabajador hispano con ingreso mediano de $45,000 anuales, eso se traduce en aproximadamente $6,000 al año en impuestos federales —algo más de $115 por semana. De esos, unos $1,400 van a defensa. Unos $1,380 a Seguridad Social. Unos $1,500 a salud pública. Y el resto se distribuye en servicios que, paradójicamente, incluyen muchos de los que la propia comunidad hispana usa: escuelas públicas, carreteras, programas de alimentación escolar.

Esta no es una defensa del sistema. Es un mapa. Y tener el mapa cambia la conversación.

La BBB y lo que cambió para los hispanos en este ciclo

Este año fiscal tiene una particularidad que lo hace diferente a todos los anteriores: la temporada de declaraciones de 2026 es la primera en reflejar los nuevos cambios tributarios de la One Big Beautiful Bill Act, incluyendo deducciones por propinas, horas extra, intereses en préstamos de autos, y una deducción especial para adultos mayores.

Eso suena bien. Y para algunos contribuyentes lo es. Pero la misma ley contiene cambios que golpean directamente a la comunidad hispana, y que casi nadie ha explicado con esta claridad.

El impuesto a las remesas. A partir del 1 de enero de 2026, un impuesto del 1% se aplica a las transferencias de dinero enviadas desde Estados Unidos al exterior cuando el remitente paga con efectivo, giro postal, cheque de caja, u otro instrumento físico similar. La intención declarada era gravar a los inmigrantes indocumentados. La realidad legal es diferente: el impuesto aplica por igual a todos los contribuyentes individuales, sin excepción para ciudadanos o residentes estadounidenses. Si envías dinero a tu familia en Venezuela, México, Colombia o El Salvador con efectivo o giro postal, estás pagando ese 1% adicional desde enero. La clave está en el método de envío: las transferencias con tarjeta de débito, tarjeta de crédito, o transferencia ACH bancaria están exentas.

El Crédito Tributario por Hijos y el ITIN. La elegibilidad ahora requiere que solo uno de los padres tenga número de Seguro Social —no ambos, como exigía la ley anterior. Sin embargo, los hijos deben tener un número de Seguro Social válido; los ITIN ya no son aceptados. Esto beneficia a algunas familias de estatus mixto, pero excluye a otras que antes podían reclamar el crédito.

No tax on tips: la letra pequeña. Según reportes recientes, 22 millones de contribuyentes están reclamando la deducción por horas extra —más de los 14 a 17 millones que los analistas estimaban como elegibles. El IRS advierte que hay preparadores deshonestos que están inflando estas deducciones. Si alguien te prometió que podías deducir propinas o horas extra sin verificar si realmente calificas, vale revisarlo antes de que llegue una carta del IRS.

El reembolso que nunca fue un regalo

El reembolso promedio en la temporada de 2026 subió 10.6% respecto al año anterior, llegando a $3,676.

Cuando esa cifra aparece en la cuenta bancaria, la mayoría de las personas la celebra. Es comprensible. Pero hay algo que casi nadie dice: ese dinero siempre fue tuyo.

El reembolso no es un regalo del gobierno. Es la devolución de un préstamo que tú le hiciste al IRS durante todo el año, sin cobrarle intereses. Cada quincena, tu empleador le mandó dinero al gobierno en tu nombre —más del que necesitabas pagar— y ahora el gobierno te lo devuelve. Sin intereses. Sin reconocimiento. Con la narrativa de que te está «dando» algo.

Un trabajador que recibe $3,676 de reembolso estuvo prestándole $306 mensuales al IRS durante 12 meses. Si ese dinero hubiera estado en su cuenta, habría tenido liquidez para emergencias, para pagar deudas, para lo que necesitara.

La solución no es complicada: ajustar las retenciones en el formulario W-4 con tu empleador para que el IRS retenga solo lo necesario. El resultado es un reembolso más pequeño en abril —y más dinero disponible cada quincena durante el año. Para muchas familias hispanas que viven al límite del presupuesto, esa diferencia no es trivial.

El IRS fracturado: riesgo real para tu reembolso

Entre el inicio de la temporada de declaraciones de 2025 y junio, la fuerza laboral del IRS se redujo de aproximadamente 102,000 empleados a menos de 76,000 —una caída del 26%. Ese proceso continuó en 2026.

Para la mayoría de los contribuyentes que declararon correctamente y de forma electrónica, el proceso debería seguir siendo relativamente ágil. Pero si tu reembolso se retrasa, si recibes una carta del IRS, o si tu declaración fue suspendida para revisión adicional, el tiempo de respuesta de la agencia podría ser significativamente más largo que en años anteriores.

El consejo práctico: documenta todo, responde cualquier correspondencia del IRS a tiempo, y no esperes que el proceso se resuelva solo.

El sistema tributario de este país no fue diseñado para ser fácil de entender. Fue diseñado para funcionar —y lo hace, con todas sus imperfecciones— cuando las personas conocen sus reglas. La diferencia entre quien navega ese sistema y quien es navegado por él no es de inteligencia. Es de información.

Incisos · 19 de abril de 2026

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