La antipolítica no es entusiasmo por el de afuera: es despecho con el de adentro. El inciso que abre el especial.
La desafección con los partidos es global y simultánea. El outsider es su consecuencia, no su causa.
No es el reclamo del de afuera contra los partidos. Es la confesión del de adentro: el país no es apolítico, es sobrepolítico.
La antipolítica sana en la dosis justa y envenena en la equivocada. Distinguir una de otra es, para Venezuela, una cuestión de supervivencia.